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Energía como botín: la primera guerra por el suministro mundial
South Pars es el segmento iraní del yacimiento de gas natural más grande del mundo. La nación persa lo comparte con Catar, al otro lado del golfo Pérsico. Esta semana fue bombardeado por Israel, mientras que Teherán respondió atacando la ciudad industrial de Ras Laffan, uno de los complejos gasíferos más importantes de Catar. Se desató una nueva crisis energética que seguramente será de larga duración. Este conflicto podría convertirse en la primera guerra global de la historia cuyo eje es la energía.
- marzo 21, 2026
- Lectura: 6 minutos
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- marzo 21, 2026
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Ron Bousso es un periodista especializado en cuestiones relacionadas con la energía. Escribe para la agencia de noticias Reuters artículos sobre la industria global del petróleo y el gas, las estrategias corporativas de las grandes petroleras y la transición energética. Recientemente advirtió que el conflicto desatado por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente -que impacta directamente en el suministro de petróleo y gas- hará que el regreso a la normalidad en los mercados no llegue pronto, incluso si se reanuda por completo el tránsito por el estrecho de Ormuz. Esto desmiente al propio Donald Trump y al presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, quienes por estos días aseguraron que el aumento del petróleo y del gas, como consecuencia de la guerra contra Irán, es un fenómeno aislado y pasajero.
Como Bousso recuerda, cada día que el Estrecho de Ormuz permanece cerrado, aumenta la brecha de suministro a la que se enfrentan las refinerías. Según el especialista, esto supone un grave problema especialmente en Asia, región que depende de Oriente Medio para hacerse del 60% de las importaciones de crudo. Asimismo, conseguir suministros alternativos y oportunos se está volviendo difícil.
Por otro lado, el complejo industrial de Ras Laffan -la mayor instalación de exportación de gas natural licuado (GNL) del mundo- ubicada en Catar, y que fuera bombardeada por Irán durante la noche del miércoles 18, sufrió graves daños que seguramente van a retrasar la capacidad del país árabe para llevar suministros al mercado, incluso después de que termine -no sabemos cuándo- el actual conflicto armado.
A raíz de este descalabro, varios gobiernos árabes expresaron su indignación por el ataque israelí contra South Pars y mostraron su frustración ante la incapacidad de Donald Trump para evitarlo, según fuentes citadas por The Wall Street Journal.
Las monarquías petroleras, que hasta ahora vivían muy tranquilas, consideran que acciones como la ofensiva de Tel Aviv, respondida rápidamente por misiles iraníes contra la planta de gas de Ras Laffan en Catar, más un bombardeo sobre Riad, la capital de Arabia Saudita, cuyos restos cayeron cerca de una refinería, no hacen más que fogonear ataques bajo la consigna “ojo por ojo” contra instalaciones de petróleo y gas en toda la región. En este sentido, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán advirtió que refinerías, plantas petroquímicas y campos de gas en Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar son ahora «objetivos directos y legítimos«, mientras los operadores de esas instalaciones han iniciado evacuaciones preventivas en varios establecimientos, dejando las plantas fuera de servicio.
La Unión Europea, que en los últimos años reconfirguró su matriz de suministros energéticos buscando más gas natural licuado (GNL) quedó sumamente vulnerable a cualquier acontecimiento que se produzca en Catar. Los ataques a sus instalaciones y las paradas operativas han hecho que los futuros europeos de este combustible sufrieran subidas bruscas, debido al temor de faltantes prolongados y a la competencia con Asia por cada cargamento que se encuentre disponible. Así, los futuros de GNL en Europa ya subieron el jueves 19 hasta un 35% tras las noticias del ataque contra Ras Laffan.
Esta situación tiene un agravante técnico por la naturaleza del GNL, pues aunque haya gas en otras partes, no siempre existe capacidad inmediata de licuefacción, transporte y regasificación para sustituir los volúmenes cataríes a corto plazo. Los posibles suministros sustitutos son más teóricos que reales.
Todo este panorama nos pone en la perspectiva de una guerra distinta de las anteriores. Parece que este es el primer conflicto de la historia en que la energía es el verdadero botín de guerra. El analista político israelita Amit Segal asegura: «Esta no es una guerra por territorios, sino por la capacidad de Occidente, y especialmente del Lejano Oriente, para continuar funcionando». Y añade: «El repunte en los gráficos del mercado de materias primas se traduce rápidamente en drama en las estaciones de servicio de los Estados Unidos y Europa. Quienes pensaban que el GNL actuaría como freno para evitar la escalada económica han descubierto lo contrario: el gas no está moderando los precios, se está convirtiendo en combustible que intensifica la presión internacional».
Segal también advierte sobre otras fricciones que asoman en el horizonte: Taiwán, Japón y Corea del Sur están presionando sobre Washington por las consecuencias de la aventura bélica iniciada por Trump y Netanyahu. «Estas tres potencias tecnológicas han dejado claro a los estadounidenses que si el mercado energético no se estabiliza, la industria mundial de semiconductores sufrirá un duro golpe. Cuando los chips se ven afectados, todo se ve afectado, desde el teléfono inteligente en su bolsillo, hasta los sistemas de armas más avanzados», recalca el especialista.
Estamos frente a una situación que se ha desmadrado. Estados Unidos e Israel han prendido fuego una región clave para el funcionamiento de todo el planeta. Los pronósticos de que esto sería “un trámite” se han diluido y, por el contrario, esta guerra será larga y aún luego de que termine, sus consecuencias seguirán impactando en la economía global. Un desastre que no tiene el más mínimo justificativo desde el plano racional. Claro que en el universo delirante del presidente estadounidense y su principal aliado en Medio Oriente, “Bibi” Netanyahu, esto es totalmente normal, pues están dispuestos a destruir todo lo que sea necesario para seguir existiendo.
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