El lado B de Vaca Muerta
Mientras celebran récords históricos de producción, en el corazón de la Cuenca Neuquina avanza un proceso de extracción que deja impactos ambientales y sanitarios que casi no aparecen en la agenda pública. Vaca Muerta —la formación geológica que posicionó a la Argentina entre los grandes jugadores del petróleo no convencional— es también el escenario de una conflictividad social y ecológica que crece en silencio.
- diciembre 1, 2025
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- diciembre 1, 2025
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El pueblo Mapuche viene advirtiendo desde hace años que el avance del fracking está afectando el aire, el agua y el suelo. Según Jorge Nawel, autoridad de la Confederación Mapuche, “el impacto en las personas y en los animales está demostrado permanentemente en las denuncias que nosotros hemos hecho a la justicia penal, con numerosos peritajes donde mostramos la manera en que los animales van muriendo. Porque es imposible armonizar la economía ganadera de las comunidades con la economía de la industria petrolera. Son dos cuestiones totalmente incompatibles y a raíz de toda la contaminación del agua, del suelo, de las hierbas que eran alimentos para los animales, se va generando un impacto muy fuerte en la economía de las comunidades. Se van empobreciendo sistemáticamente”.
Según Nawel, hay un blindaje del poder político y judicial a las petroleras. Las causas y las denuncias se archivan. Hay un poder judicial sumiso al poder político y al poder empresarial. Sumado a un blindaje mediático de los medios regionales que ocultan todas las consecuencias que denuncian. Solo se hace propaganda y se habla de las “bondades” del fracking.
Gases y salud: el otro lado del fracking
La extracción no convencional libera grandes cantidades de gases, entre ellos dióxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles y, especialmente, metano: un gas de efecto invernadero 86 veces más potente que el CO₂ en un horizonte de 20 años.
El informe “Sistema energético. Metano y salud” publicado por la Asociación Argentina de Abogados y Abogadas Ambientalistas sostiene: “Los estudios epidemiológicos en Estados Unidos y Canadá han evidenciado un aumento del riesgo de un tipo de leucemia en comunidades ubicadas en cercanía de pozos de fracking, así como posibles incrementos en linfomas y otros cánceres hematológicos. También se han descrito alteraciones endócrinas, disrupciones reproductivas, entre otras”.
En dicho informe se señala que la plataforma en las provincias de Río Negro y Neuquén, al menos 3017 pozos de fracking se ubican a menos de 1 km de ríos, escuelas, canales de riego agrícola y áreas pobladas, mientras que 2430 pozos adicionales se localizan en un radio de 1 a 2 km.
En ese sentido, Lefxaru Nawel, werken de la Confederación Mapuche de Neuquén denunció que “en las zonas donde hay contaminación petrolera cerca, la población está más afectada en su salud. Casi todas las infancias actualmente tienen broncoespasmo, inclusive en mi comunidad. Por darte un ejemplo, en la meseta de Añelo, zona petrolera, la salita que atiende a las comunidades y a la población local está rebalsada en la época del invierno con gente que presenta problemas respiratorios”.
El agua: el recurso que no vuelve
En contexto de emergencia hídrica declarada en las cuencas de los ríos Limay, Neuquén y Colorado por la Provincia del Neuquén, el uso del agua dulce con fines extractivistas y su contaminación se expande.
Según el Atlas ambiental de Vaca muerta, desde el año 2012, la extracción de hidrocarburos de Vaca Muerta crece año a año y para ello las empresas toman agua de los ríos y acuíferos con una voracidad cada vez mayor. El consumo de agua se multiplicó porque es utilizada para perforar los pozos, pero fundamentalmente para fracturar las formaciones. En los procesos de fractura se inyectan millones de litros de agua dulce, el bien común más preciado y necesario para la vida.
El promedio de consumo de agua de los pozos horizontales de Vaca Muerta ronda los 60 millones de litros. Los pozos de mayor longitud superan los 140 millones de litros.
Consultamos a Fernando Cabrera, investigador del Observatorio Petróleo Sur, sobre las preocupaciones en torno al impacto fracking en Vaca Muerta: “la cuenca del río Neuquén, Limay y Negro es la cuenca hídrica no limítrofe más caudalosa que tiene Argentina. Estamos hablando de los mayores ríos que tiene el país. Un porcentaje importante de esa agua se está usando para ser contaminada y abandonada. No es que se usa igual que la puede usar un vecino o la fruticultura tras lo que vuelve al ciclo hidrológico, sino que el fracking la usa, contamina y abandona”.
En el territorio conviven distintas culturas, pueblos y cosmovisiones. Las lógicas extractivistas chocan con esas diversidades y con el entorno. La falta de regulación y control por parte del Estado profundiza el conflicto y deja a las comunidades expuestas a sus consecuencias. Cuando los titulares de récords dejen de ser noticia, quedarán los pasivos: los pozos abandonados, las napas contaminadas, los sismos y el agua que ya no vuelve.
Sismos: la calma que se quebró
La expansión del fracking coincide con un aumento sostenido de la sismicidad en la región. El Observatorio de Sismicidad Inducida registró 592 sismos asociados al fracking en Neuquén.
Según Javier Grosso Heredia, Profesor e investigador de la Universidad Nacional del Comahue e integrante del Observatorio: Sauzal bonito es la localidad que más ha sufrido estos movimientos. Las viviendas del pueblo sufrieron daños estructurales y se vio afectada la salud de las personas que ahí habitan.
Para Grosso, los riesgos potenciales es que estos movimientos aumenten en magnitud y puedan afectar a la estructura de represas del Complejo Hidroeléctrico Cerros Colorados y los viejos pozos petroleros que retienen agua contaminada.
En ese sentido, desde el Observatorio de Sismicidad Inducida se promueve que el Estado establezca un Protocolo de semáforo sísmico que indique la magnitud y que eventualmente regule la hidrofractura.
En este territorio conviven distintas culturas, pueblos y cosmovisiones, pero las lógicas extractivistas chocan frontalmente con esas diversidades y con el entorno. La falta de regulación y control por parte del Estado no solo profundiza el conflicto, sino que deja a las comunidades expuestas a sus consecuencias.
Cuando los titulares de récords dejen de ser noticia, quedarán los pasivos: los pozos abandonados, las napas contaminadas, los sismos y el agua que ya no vuelve. Ese es el verdadero costo del boom de Vaca Muerta que no ocupa los titulares.
*Licenciado en Comunicación Social UNLZ. Profesor de la UNRN. Especialista en Comunicación y Culturas UNCOma.
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- #extractivismo#neuquen#petroleo#pueblos originarios
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