Domingo Mercante: a 50 años de la muerte del primer gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires
Mientras el discurso libertario pregona el fin del Estado, la historia de Mercante recuerda que la política es, ante todo, capacidad de realización. Un perfil sobre el hombre que fue clave en el primer peronismo y sembró de obras el territorio bonaerense.
- febrero 21, 2026
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Hay hombres que parecen destinados a ser el motor silencioso de las grandes transformaciones, la pieza que ajusta el engranaje para que la historia, finalmente, arranque. En la iconografía clásica del peronismo, Juan Domingo y Eva Perón suelen ocupar todo el plano. Debajo de esa superficie de liderazgos carismáticos, existió una estructura de gestión que le dio cuerpo a la doctrina. Si Perón fue la conducción y Evita el fuego, Domingo Alfredo Mercante fue un brazo ejecutor y un articulador. El hombre de la “fiebre del hacer”. Hoy se cumplen 50 años de su muerte.
Cuando desde los balcones de la Casa Rosada se pregona la demolición del Estado y se abandona la obra pública, la figura de Mercante emerge no sólo como un recuerdo histórico, sino como un contraejemplo urgente. Su gestión en la provincia de Buenos Aires (1946-1952) transformó el barro en asfalto, el analfabetismo en guardapolvos blancos y el desierto sanitario en una red de 20.000 camas hospitalarias.
La historia de Mercante es la de un hijo del esfuerzo ferroviario. Nieto de agricultores italianos e hijo de un maquinista del Ferrocarril Oeste, creció respirando el ritmo de las vías. Aunque su destino parecía estar en el aula o en los talleres, se preparó para ingresar en el Colegio Militar y una beca le permitió egresar con el título de subteniente. Forjó un carácter que combinaba la disciplina con una sensibilidad social infrecuente para la época.
En 1924, un curso de armamento lo cruzó con un joven Juan Domingo Perón. Fue el inicio de una sociedad política que cambió el país. Pero antes, Mercante tuvo que conocer el rigor del sistema que luego ayudaría a derribar: tras denunciar sobreprecios en el Arsenal de Guerra —donde descubrió que se pagaba el triple por cada pieza de granada—, fue castigado con el destierro en Neuquén. Allí conoció a Edelmiro J. Farrell, quien años más tarde lo traería de regreso a Buenos Aires para fundar, junto a Perón, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos). Mercante fue el afiliado número 1; Perón, con la astucia del que conduce desde atrás, eligió el 19.
Esa sociedad fue la que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión empezó a redactar el nuevo contrato social argentino: el Estatuto del Peón, el aguinaldo, las jubilaciones. Mercante era el articulador, el que hablaba con socialistas, anarquistas y sindicalistas. Era el hombre que, en los días frenéticos de octubre de 1945, recorría barriadas mientras Perón estaba detenido en Martín García. El 17 de octubre, las multitudes gritaban: “Con Perón y Mercante la Argentina va adelante”. Mercante no pudo estar en el balcón para escuchar su nombre; el agotamiento lo había hecho desmayar poco antes.
Mercante era el articulador, el que hablaba con socialistas, anarquistas y sindicalistas. Era el hombre que, en los días frenéticos de octubre de 1945, recorría barriadas mientras Perón estaba detenido en Martín García. El 17 de octubre, las multitudes gritaban: “Con Perón y Mercante la Argentina va adelante”.
La refundación de la provincia
Al asumir la gobernación en mayo de 1946, Mercante se encontró con una Legislatura adversa y una provincia con deudas sociales centenarias. No se detuvo en la queja. Rodeado de cuadros técnicos brillantes —como Arturo Jauretche en el Banco Provincia o Arturo Sampay en la arquitectura legal—, puso en marcha el Plan Trienal.
La estadística de su gestión muestra su contundencia:
Educación: 1.609 escuelas construidas (un promedio de 268 por año). Creó el primer Estatuto del Magisterio y fundó lo que hoy es la Universidad Nacional del Sur.
Vivienda: 146 barrios obreros. Los famosos “chalets Mercante” de tejas rojas y paredes blancas que aún hoy definen la estética de tantas localidades bonaerenses.
Salud: El presupuesto sanitario aumentó un 700%. Pasó de 5.000 a 20.000 camas.
Conectividad y transporte: Se reactivaron 13 ramales ferroviarios, destacando el trayecto Olavarría-Loma Negra para el transporte masivo de cemento hacia el Gran Buenos Aires. También se construyeron 59 aeródromos y se pavimentaron rutas clave (ej. La Plata, Tandil, Pilar, entre otras). Se destacó la creación del Viaducto Sarandí y el primer Camino Isleño.
Servicios Básicos y Energía: se construyó la planta de tratamiento de agua para La Plata, Berisso y Ensenada, junto con obras de cloacas y el Canal de Riego Unificador en General Villarino. Se crearon sistemas interconectados en el centro de la provincia, la usina de Bahía Blanca y el fortalecimiento de las cooperativas eléctricas.
Turismo Social: expropió tierras para el Parque Pereyra Iraola y construyó el Complejo Turístico de Chapadmalal bajo el lema: “Usted paga el pasaje, la Provincia el hospedaje”.
Su obra cumbre de simbolismo fue la República de los Niños. No era un parque de diversiones; era una “polis” a escala donde los hijos de los trabajadores aprendían a ejercer la democracia. Mercante creía que a la infancia no solo había que protegerla, sino escucharla.
La capacidad de gestión y la muñeca política llevaron a Mercante a ser designado presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1949. Junto a Sampay lideraron la reforma que incorporó derechos laborales y sociales, la igualdad jurídica del hombre y la mujer, derechos de la niñez y las personas mayores, la autonomía universitaria, entre otros avances. El gobernador se negó a habilitar su reelección, pero sí se postuló en 1950 a prorrogar su mandato por dos años para emparejar el periodo presidencial con el provincial. Logró la victoria con más del 57% y extendió su mandato hasta 1952.
Por esos años comenzó cierto distanciamiento con Perón. No fue el único: Jauretche, Carrillo y Scalabrini Ortiz también se fueron alejando. Sufrió la persecución de su sucesor, Carlos Aloé. Pero siempre se mantuvo leal. Con el golpe de Estado de 1955 y el arribo de la Revolución Libertadora, debió exiliarse en Montevideo. Allí recibió un nuevo encargo de Perón: avanzar en un acuerdo con Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio de cara a las presidenciales de 1958. Una de las últimas apariciones públicas de Mercante fue en julio de 1974 para asistir al funeral de Perón en el Congreso de la Nación. Poco tiempo más tarde, el 21 de febrero de 1976, murió a los 77 años.
Hoy el ajuste de la era Milei pone en riesgo las mismas estructuras que Mercante cimentó. El cierre o desfinanciamiento de complejos como Chapadmalal no es solo una medida fiscal; es un ataque a la memoria del derecho al goce. Estudiar a Mercante no es un ejercicio de nostalgia. Es entender que el Estado no es una abstracción “criminal”, sino la herramienta para construir 1600 escuelas, hospitales, rutas. En tiempos de demolición, recordar su “fiebre del hacer” es la posibilidad de pensar un futuro de reinvención de lo público.
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