Argentina / 1 marzo 2026

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De la gambeta «salvaje» a la conciencia colectiva: el fenómeno Mané

De brillar como un 10 atrevido a ser el motor de su pueblo. Sadio Mané no solo conquista copas: construye hospitales, escuelas y dignidad en Senegal. Entre el éxito europeo y el compromiso social, la historia de un futbolista que usa su fortuna para que nadie más tenga que jugar descalzo.

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El senegalés Sadio Mané de chico era de esos 10 con los que uno se ilusiona. Que generan lío, adrenalina, pasión, que te dibujan una sonrisa y te llenan el tanque de combustible futbolístico de alegría. Por momentos hacía acordar al nigeriano Jay Jay Ococha. Pero con el tiempo y el transcurrir de su carrera lo fueron acomodando en los clubes europeos.

Empezó a tocar más la pelota, a correr más, a quitar, a hacer jugar a los demás. Compartió equipos con figuras con las que se tuvo que complementar a pesar de las diferencias de estilo y los enormes egos. Unos dirán que creció como futbolista profesional; otros que fue perdiendo la magia y el “juego salvaje” del que habla Pablo Aimar. 

De esta forma, condujo al seleccionado de Senegal hasta la conquista de la Copa Africana de Naciones bajo una enorme presión. “Antes de ganar la Copa, nunca dormía más de cinco horas. En Senegal, la selección es todo, la gente deja de comer o de conducir cuando jugamos”, confesó. Siempre mantuvo la cabeza de un conductor. De alguien que a dos mil pulsaciones por minutos tiene la capacidad de pensar, calcular y planificar. De conservar la inteligencia emocional. 

Sobre el final de la final del torneo de Marruecos que se jugó este año, al árbitro inventó un penal para el local. Indignados, los senegaleses se fueron del campo de juego por orden de su técnico Pape Thiaw, pero Mané no. Durante 20 minutos se bancó los empujones de sus compañeros.  Se plantó solo en el medio de la cancha bajo la lluvia. Negoció con dirigentes en la platea. Fue al vestuario corriendo e hizo que sus compañeros volvieran al césped. Los marroquíes patearon el penal, lo atajó el arquero. En tiempo suplementario, los senegaleses convirtieron y salieron campeones. 

A veces la legitimidad de origen da ciertas cualidades e incorpora saberes, sufrimientos y sacrificios. Vio morir a su padre a los siete años por falta de atención médica en su pueblo de Bambali, en la República de Senegal.

Después tuvo una carrera extraordinaria. Comenzó en la academia de fútbol «Génération Foot» en Dakar. Se destacó en el Metz de Francia; el Red Bull Salzburgo; el Southampton y el Liverpool de Inglaterra; y en el Bayern Múnich alemán. Pero el Liverpool marcó un punto de inflexión. “Es mi corazón, es un club especial”, reconoció Sadio, quien compuso una delantera enorme con Mohamed Salah y Roberto Firmino. “Éramos muy diferentes en personalidad y carácter, pero esa mezcla nos hizo exitosos”, señaló. Allí ganaron la Champions League y la Supercopa UEFA.

Actualmente, con 33 años, juega en el Al-Nassr FC de la Liga Profesional Saudí, pero nunca se olvidó de sus raíces humildes y su pueblo natal. “Resistí el hambre, trabajé en los campos, sobreviví a las guerras, jugué al fútbol descalzo, no tuve educación y muchas cosas más, pero hoy con lo que gano del fútbol puedo ayudar a mi gente”, contó alguna vez.

No sabemos si es “progre” o peronista, tampoco si opta por la economía solidaria o la agricultura familiar. Pero se le da por la donación. Cuestión que siempre hacer crujir un poco las tripas desde el punto de vista ideológico-político, ¿no? Más cuando son tipos que ganan millones de millones.

El senegalés prefiere ayudar a su gente antes que ostentar coches o casas. “¿Por qué querría tener diez Ferraris, 20 relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué van a hacer esos objetos por mí y por el mundo? Pasé hambre y tuve que trabajar en el campo, sobreviví a tiempos difíciles y jugué al fútbol descalzo, no tuve educación y me faltaron muchas cosas, pero hoy, con lo que gano jugando al fútbol, puedo ayudar a mi gente”, explicó.

En su Bambali natal, Mané financió la construcción de un hospital en 2019, que brinda atención médica esencial a los residentes y representa un hito en la atención de la salud pública de la región. Aportó casi 700 mil dólares para lo que es el primer hospital de la zona, que ahora brinda servicios de maternidad, odontología y consultas generales a más de 34 aldeas vecinas. También colaboró para la creación de una escuela pública, mediante el aporte de 250 mil euros. El establecimiento cuenta con salas de informática, laptops, equipos tecnológicos y estableció una conexión a Internet con tecnología 4G.

No se detuvo ahí: construyó una estación de servicio para el expendio de combustible en la ciudad, una oficina de correos para mejorar la correspondencia y la comunicación y aportó también para la instalación de antenas de internet 4G con el objetivo de modernizar el pueblo y promover el desarrollo económico de la comunidad.

El compromiso de Mané va un toque más allá. Actualmente, proporciona una colaboración mensual de 70 euros a cada familia de su barrio natal, brindando apoyo financiero crucial a quienes más lo necesitan. Además, apoya con becas de 400 dólares a los mejores estudiantes de la escuela secundaria local.

 “Mi sueño era ser futbolista, pero mi familia odiaba el fútbol”, confesó Mané en una charla con el exfutbolista Rio Ferdinand. A los 16 años, escapó de su casa rumbo a Dakar, la capital del país, impulsado por su determinación y con dinero prestado. “Fue un gran riesgo, nunca había salido de mi aldea, pero mucha gente me ayudó”, recordó.

El senegalés prefiere ayudar a su gente antes que ostentar coches o casas. “¿Por qué querría tener diez Ferraris, 20 relojes de diamantes o dos aviones? ¿Qué van a hacer esos objetos por mí y por el mundo? Pasé hambre y tuve que trabajar en el campo, sobreviví a tiempos difíciles y jugué al fútbol descalzo, no tuve educación y me faltaron muchas cosas, pero hoy, con lo que gano jugando al fútbol, puedo ayudar a mi gente”, explicó. 

En materia de deportes, Sadio contribuyó con un nuevo estadio de fútbol que reemplaza el campo de juego de tierra donde jugaba de niño. Pero sabe que el aporte debe ser constante, por eso distribuye de manera regular ropa deportiva y alimentos. “Es con inmenso orgullo y un corazón lleno de alegría que estoy ante ustedes, en este campo de fútbol estándar de la FIFA que tiene mucho significado para mí. Esto no es sólo un regalo para mi amado pueblo, es sobre todo el símbolo de nuestra unidad, nuestra fuerza y nuestra pasión por el fútbol”, comentó.

En 2022, Mané recibió el primer Premio Sócrates durante la gala del Balón de Oro por su excepcional labor humanitaria. Un galardón creado específicamente para reconocer la acción social de los futbolistas. Para los que nacieron hace poco, Sócrates fue un médico y futbolista brasileño, que jugaba y pensaba como pocos players. Protagonizó la Democracia Corintiana durante la dictadura militar. Un esquema en el que participaban trabajadores, dirigentes, jugadores y simpatizantes de cada decisión que debía tomarse en el club. Así el Corinthians salió campeón dos veces consecutivas.

Otro día le entramos a Sócrates. Volviendo a Mané y, para terminar, en la ceremonia de entrega de los premios, dijo: “A veces me da un poco de vergüenza hablar de eso, pero estoy muy feliz de hacer lo que pueda por nuestra gente y, tal vez, mejorar las cosas”.

Luego de su victoria en la Copa Africana de Naciones, se anunció el lanzamiento de una organización futbolística internacional con base en Bourges, Francia. Como accionista mayoritario en el club francés Bourges Foot 18, Mané comenzó un proyecto para crear un puente de formación para jóvenes talentos senegaleses, facilitando su llegada al fútbol profesional europeo con un enfoque de formación integral. Este instituto tiene como objetivo formar a jóvenes atletas no solo en el campo, sino también en diferentes oficios y capacidades sociolaborales. “No necesito presumir de coches lujosos, villas elegantes, viajes, y mucho menos aviones, prefiero que mi gente reciba un poco de lo que la vida me ha dado», resume el 10.

 

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