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¿Cómo afecta a la Argentina la disputa por los recursos energéticos?

El alza del petróleo por la guerra, el ajuste local, el nuevo imperialismo y el peligro de que Vaya Muerta quede blindada por decisiones del gobierno.

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En primer lugar, hay que ser claro en algo: la guerra no beneficia a (casi) nadie.  Que una bomba genere una matanza en una escuela iraní, no beneficia al país, como tampoco lo hace una lluvia de misiles sobre Tel Aviv.  Más allá de las especulaciones, lo que beneficia a un país es el trabajo, el comercio y el desarrollo. Esta guerra por recursos energéticos además de producir muerte, destrucción e inestabilidad en la economía mundial por el alza inflacionaria, va a dejar secuelas medioambientales inconmensurables.  

El intercambio de ataques a refinerías y buques petroleros, a instalaciones energéticas y atómicas, promete también ingentes ganancias a los capitales invertidos en yacimientos esparcidos en territorios alejados del conflicto. Rusia ya sacó ventaja al saltar las sanciones impuestas desde el inicio de la invasión a Ucrania.  Estados Unidos saca ventaja de sus reservas y la intervención en Venezuela.  China gana mercados para el yuan.  Como siempre, la geopolítica viene ligada a intereses económicos.  ¿Cómo afecta a la Argentina teniendo en cuenta que con los yacimientos de Vaca Muerta estamos en condiciones de exportar hidrocarburos?

El geógrafo inglés, David Harvey, acuñó el concepto de ‘acumulación por desposesión’, para referirse a la estrategia de los grandes capitales que buscan reproducir ganancias extraordinarias apoderándose de zonas donde puedan invertir los excedentes de capital que no encuentran tasas de rentabilidad alta en los países centrales. El concepto busca marcar la diferencia entre la reproducción del capital clásico en los procesos de producción de bienes y servicios, donde la competencia y la tecnología pone límites a la rentabilidad, y las nuevas áreas incorporadas a la explotación donde pueden producirse ganancias extraordinarias.

En un artículo de la Revista Conflicto Social, del Instituto Gino Germani, el Prof. Juan Pedro Frère Affani explica que, para Harvey, esto representa un nuevo imperialismo que se “expande, a través de la acción estatal, el dominio político mundial burgués y saquea en su beneficio los recursos y la fuerza de trabajo de regiones periféricas”. Esto a su vez,  provoca una aceleración de la competencia internacional por los mercados, a medida que surgen nuevos centros dinámicos de acumulación en esos espacios periféricos donde desembarcó el capital buscando una solución a la sobreacumulación. 

En nuestro país, las especulaciones más fuertes sobre la guerra en Oriente Próximo se centran en el impacto del aumento de los precios del petróleo, que se sostiene a más de 100 dólares por barril. A los altos precios internacionales se suma el cierre de rutas de suministro como el Estrecho de Ormuz, que genera la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento por parte de los países desarrollados.  De sostenerse esta coyuntura, se espera un aumento en la rentabilidad y la inversión en la producción de shale oil (petróleo no convencional) en Argentina, impulsando la exportación.

Sin embargo, existe la amenaza que el aumento del precio de los combustibles y la inflación mundial refuercen los aumentos de precios en nuestro país, en un contexto de salarios estancados, endeudamiento familiar, aumento de la morosidad y desindustrialización que no dan más márgenes para ajustes recesivos. Que las ganancias extraordinarias que puedan generar los yacimientos de Vaca Muerta sirvan para amortiguar los efectos de la crisis internacional a la población argentina, o que sean un botín circunscripto a unos pocos sectores privados trasnacionales, es una decisión política del gobierno. La sentencia quedó firmada a partir de la instauración del RIGI, que ofrece garantías extremas a los inversores y elimina cualquier tipo de herramienta de intervención estatal.

Sobre el tema, Frère Affani nos comenta que “el RIGI viene a plantear una serie de amplias facilidades para la instalación de diversos proyectos extractivos, mostrando el rol del Estado en facilitar el despojo y la apropiación y mercantilización de bienes comunes naturales para asegurar la acumulación de capital.  Esto en el contexto de una disputa mundial imperialista por el acceso a recursos fundamentales (mineros y energéticos, sobre todo) frente a crisis cada vez más graves”. 

En síntesis, Milei nos mete en una guerra lejana, ajena y donde incluso las mezquinas especulaciones económicas sólo benefician a unos pocos capitales transnacionales.

 

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