Chile vota: el choque de dos mundos en las urnas trasandinas
Jeannette Jara (centroizquierda) y José Antonio Kast (ultraderecha) se enfrentan en un balotaje obligatorio que definirá el rumbo ideológico de la nación. Kast se perfila como favorito en los sondeos. Jara busca proyectarse como una gestora eficaz. El voto de los indecisos y del electorado de Franco Parisi (PDG) será crucial. La contienda desnuda la profunda fragmentación de Chile.
- diciembre 14, 2025
- Lectura: 3 minutos
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Hoy se llevará adelante la elección que desnuda el alma fragmentada de Chile. Casi 16 millones de personas están convocadas a un ejercicio democrático de carácter obligatorio para elegir a su nuevo presidente, decidiendo entre dos figuras que representan polos irreconciliables: Jeannette Jara, la candidata de centroizquierda, y José Antonio Kast, el líder de ultraderecha.
Los sondeos dibujan un panorama sombrío para el oficialismo: el opositor Kast, fundador del Partido Republicano e hijo de un reputado exmilitante nazi alemán, se perfila como el favorito para ocupar el máximo sillón del Ejecutivo. Postulándose por tercera vez, el ultraderechista consolidó su posición tras superar en la primera vuelta a su rival. Jara, militante del Partido Comunista y exministra de Trabajo de Gabriel Boric, que había logrado un 26,8% de los sufragios, y Kast, con un 23,9%, avanzaron a esta instancia el pasado 16 de noviembre.
La semana de cierre de campaña fue el epílogo de una contienda marcada por los golpes bajos y las exposiciones ideológicas. El ultraderechista clausuró su periplo en la simbólica ciudad de Temuco, capital de La Araucanía y epicentro del enquistado conflicto mapuche. Desde allí, y a salvo de posibles contingencias tras un vidrio antibalas —una imagen que busca exponer los problemas de seguridad—, Kast reiteró su mensaje de orden y criticó al oficialismo: “Lo más increíble es que este Gobierno lo tuvo todo para hacer las cosas bien; no le faltó nada, no tuvo pandemia, no tuvo estallido, prometió solucionar todo”. Temuco es su bastión, un lugar donde su discurso de “mano dura” resuena con particular fuerza.
En contraparte, Jara puso punto final en Coquimbo, en el denominado Norte Chico. La candidata repasó sus credenciales como ministra —aumento del salario mínimo, reducción de la jornada laboral— y prometió una receta de “medidas concretas” para enfrentar la inseguridad y garantizar la tranquilidad económica para que las familias chilenas puedan “llegar a fin de mes”. Un acto que buscó proyectar la imagen de una gestora eficaz, capaz de ofrecer soluciones tangibles a las urgencias ciudadanas.
El último cara a cara, el debate televisivo de Anatel, fue visto por más de siete millones de personas. Jara buscó acorralar a Kast para que transparentara la letra chica de sus propuestas más radicales, como la expulsión masiva de 300.000 migrantes irregulares o un ajuste fiscal de 6.000 millones de dólares.
La semana de cierre de campaña fue el epílogo de una contienda marcada por los golpes bajos y las exposiciones ideológicas.
La incógnita Parisi: el voto indeciso y la caída de los favoritos
El camino a la segunda vuelta tuvo turbulencias por la irrupción de Franco Parisi y su Partido de la Gente (PDG). El tercer lugar de Parisi, con un sorpresivo 19,71% de los votos, lo elevó a árbitro de la contienda. El candidato, a diferencia del apoyo expedito que Kast recibió de Johannes Kaiser y la alicaída Evelyn Matthei, evitó la adhesión inmediata, acuñando la etiqueta de “ni facho ni comunacho”.
El PDG decidió someter el futuro de sus más de 2,5 millones de votantes a una consulta digital, un experimento inédito que se saldó con un resultado que no favorece a ninguno de los contendientes: un contundente 78% de los participantes se volcó hacia el voto blanco o nulo.
Más allá del favoritismo de Kast, la balanza sigue en manos de los indecisos, de aquellos que se abstuvieron en la primera vuelta y, por supuesto, del volátil electorado de Parisi.
Ninguno de los candidatos ha sorteado el camino a la segunda vuelta sin heridas internas. La primera semana para Jara fue particularmente dura, con cuestionamientos a su mano derecha, Darío Quiroga, por antiguas declaraciones despectivas hacia el PDG.
Kast, por su parte, debió enfrentar el cuestionamiento ético de su equipo. Jara no tardó en usar como munición los antecedentes del principal asesor económico del ultraderechista, Jorge Quiroz, quien arrastra un historial de escándalos que incluyen denuncias de corrupción, desfalcos y condenas por manejo en estado de ebriedad.
En el seno de la centroizquierda, el realismo se impone: se admite que es muy difícil que Jara logre revertir los pronósticos y alcance el triunfo. Sin embargo, la esperanza es recortar al máximo la distancia. Un esfuerzo que, si no logra la victoria, al menos sirva para condicionar desde el primer día un eventual Gobierno de Kast. La contienda de hoy definirá el pulso ideológico de Chile para los próximos años.
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