Argentina / 21 marzo 2026

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Axel Kicillof cruzó la General Paz y ensayó su desembarco en la Ciudad de Buenos Aires

Con un acto sobrio en el Teatro Picadero, el Movimiento Derecho al Futuro se presentó en territorio porteño y dejó circular una consigna que empieza a tomar forma: “Axel Presidente 2027”. Más que lanzamiento, fue un primer movimiento en un distrito adverso.

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Con un acto sobrio en el Teatro Picadero, el Movimiento Derecho al Futuro se presentó en territorio porteño y dejó circular una consigna que empieza a tomar forma: “Axel Presidente 2027”. Más que lanzamiento, fue un primer movimiento en un distrito adverso.

El murmullo empezó antes de que alguien lo dijera en voz alta. En el Teatro Picadero, una sala colmada, pero sin desborde, la militancia se acomodaba mientras en el escenario todavía no pasaba demasiado. No hubo épica escenográfica: apenas un fondo neutro, luces sobrias y conversaciones cruzadas que anticipaban algo todavía sin forma.

El acto funcionó como presentación del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en la Ciudad de Buenos Aires, pero lo que estaba en juego excedía el debut formal. En un distrito gobernado hace casi dos décadas por el macrismo y en un contexto nacional marcado por el rumbo de Javier Milei, el desembarco buscó algo más: empezar a disputar sentido político en un territorio históricamente esquivo.

En la escena, el ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, abrió con una intervención breve. Habló de una Ciudad que, según planteó, se fue alejando de un horizonte federal en estos años. No buscó levantar a la sala sino ordenar el encuadre. Berenice Yañez, la única legisladora del espacio en la Ciudad de Buenos Aires, asentía desde la otra punta del escenario. 

Mientras tanto, en las butacas, la consigna empezaba a circular. Primero en voz baja. Después repetida. Hasta que alguien la cantó y se expandió: “Axel Presidente 2027”. Cuando Kicillof apareció, ese murmullo ya estaba instalado. 

El MDF -que articula espacios como La Patria es el Otro, Kilómetro 0, Patria y Futuro, Militancia Popular, Somos Barrios de Pie y la 20 de Noviembre- mostró así su primera escena en territorio porteño. Más que una estructura consolidada, lo que apareció fue un armado en proceso, que busca volumen político en un contexto de retroceso estatal y fragmentación social.

Durante su intervención, Kicillof puso en palabras ese clima: “Nuestro desafío es luchar contra el desinterés, el desánimo y la resignación que buscan instalar en nuestro pueblo”. Planteó que en la Ciudad “hay que discutir una estructura productiva y social distinta”, en contraste con el modelo vigente.

El acto no dejó anuncios rimbombantes ni buscó instalar agenda en los grandes medios. Tampoco se presentó como una fuerza ya consolidada. Más bien lo contrario: fue un primer movimiento, una señal hacia adentro y hacia adelante.

Entre el público se mezclaban trayectorias y generaciones. Estaban el ex ministro de Trabajo de Néstor y Cristina Kirchner, Carlos Tomada; la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Ana Arias; y el actor Gustavo Garzón, entre otros. No era sólo una foto de dirigentes, sino una escena donde convivían política, academia y cultura sin necesidad de sobreactuación.

El acto no dejó anuncios rimbombantes ni buscó instalar agenda en los grandes medios. Tampoco se presentó como una fuerza ya consolidada. Más bien lo contrario: fue un primer movimiento, una señal hacia adentro y hacia adelante.

Después, en los pasillos, la lectura se repetía: era la primera vez que el espacio cruzaba la General Paz. Y eso no era sólo un dato geográfico. Implicaba empezar a disputar en la Ciudad, donde el macrismo mantiene su hegemonía y donde el desafío es construir una alternativa capaz de interpelar más allá de los núcleos propios.

Es un año de construcción. Un tiempo para reunir, ordenar y ver si lo que hoy aparece disperso puede transformarse en algo más consistente”, sintetizó el ex legislador porteño Juan Pablo O ’Dezaille.

En ese marco, la consigna “Axel Presidente 2027” funciona menos como un destino ya escrito que como una herramienta. Una forma de darle dirección a un espacio que todavía se está constituyendo. Hay actos que buscan mostrar fuerza. Otros, cerrar etapas. Este no fue ninguno de esos. Se pareció más a un ensayo en un escenario donde el oficialismo nacional avanza con políticas de ajuste y donde buena parte de la sociedad parece correrse de la política antes que acercarse. Ahí aparece el problema de fondo: no sólo si el MDF puede consolidarse, sino si logra volver a conectar con una sociedad atravesada por el desencanto.

 

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