Hasta dibujada es alta: el INDEC de Caputo marcó una inflación de 2,9% en enero
El Índice de Precios al Consumidor se sigue acelerando y castiga con dureza a los sectores populares: los alimentos treparon un 4,7%. Entre la renuncia de Lavagna y el índice "cajoneado" por Caputo, la promesa de Milei de llegar a tasa cero en agosto asoma hoy como un espejismo.
- febrero 10, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Aún para los cada vez menos creíbles números del INDEC, la inflación no sólo no se detiene, sino que sigue acelerándose a un ritmo que debería encender alarmas en el gobierno nacional. En enero, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) trepó al 2,9%, la cifra más alta desde marzo del año pasado. Pero detrás del promedio general, se esconde una realidad mucho más cruda para los sectores populares.
Si el 2,9% general preocupa, el rubro de Alimentos y bebidas no alcohólicas es demoledor. Con un salto del 4,7%, este sector —el que más incidencia tiene en la canasta de quienes menos tienen— se convirtió en el principal motor de la suba.
La carne, las verduras y las legumbres lideraron un ranking que multiplica las privaciones. La geografía del aumento también marca desigualdades: en el Gran Buenos Aires, los alimentos subieron un 5,1%, por encima de la media nacional. El gran problema es que la Canasta Básica Alimentaria es el parámetro que marca la línea de indigencia en nuestro país. Además es un nuevo mes consecutivo de aceleración, un fenómeno que los especialistas ya observan como una tendencia consolidada desde el segundo semestre de 2025.
El dato de enero llega envuelto en una densa bruma política. El ministro de Economía, Luis Caputo, decidió cajonear el nuevo sistema de medición que debía debutar esta semana, prefiriendo seguir con la metodología de 2004. Esta decisión profundizó la crisis en el organismo técnico y derivó en la renuncia de Marco Lavagna. Además, posterga la modernización estadística hasta, posiblemente, el año 2030.
Resulta paradójico que, mientras el ministro Caputo generaba ruido mediático afirmando que no compraba ropa en el país porque los precios eran un “robo”, el rubro de Prendas de vestir y calzado fue de los pocos que mostró una caída (-0,5%). El “robo” que siente el bolsillo promedio no es por un traje nuevo, sino por el kilo de asado o la bolsa de papas.
Mientras el gobierno nacional discute la metodología, la realidad se impone: los precios estacionales volaron un 5,7% y la inflación interanual ya se ubica en el 32,4%, rompiendo la curva de desaceleración que el oficialismo supo mostrar como bandera meses atrás.
Resulta paradójico que, mientras el ministro Caputo generaba ruido mediático afirmando que no compraba ropa en el país porque los precios eran un “robo”, el rubro de Prendas de vestir y calzado fue de los pocos que mostró una caída (-0,5%). El problema, parece, no está en las vidrieras de los shoppings, sino en las heladeras. El “robo” que siente el bolsillo promedio no es por un traje nuevo, sino por el kilo de asado o la bolsa de papas.
El escenario de febrero y marzo no asoma más calmo. Con la inercia actual y los nuevos acuerdos comerciales que presionan el precio de la carne, la promesa reciente de Javier Milei empieza a chocar contra la pared de la realidad.
El Presidente aseguró que la inflación “convergerá a cero a mediados de año o agosto”. Sin embargo, con un IPC que se sigue acelerando mes tras mes y alimentos que viajan a casi el doble del índice general, ese horizonte de “inflación cero” parece menos un destino próximo y más un espejismo que se aleja a medida que la gente intenta caminar hacia él.
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