El Gobierno nacional entregó activos estratégicos sin tasación previa, repitiendo el esquema de los ’90. Se pidió una medida cautelar para suspender el proceso licitatorio. Se pierde un recurso estratégico: agua dulce y energía renovable. Intentos para reponer el debate sobre el destino de las represas del Comahue y el control de los bienes comunes.
- febrero 5, 2026
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El Gobierno concretó la privatización de las cuatro principales represas del Comahue (Alicurá, El Chocón-Arroyito, Piedra del Águila y Cerros Colorados) en Neuquén y Río Negro. Edison Inversiones S.A.U. , BML Inversora S.A.U., Central Puerto S.A. se adjudicaron los complejos, con nuevas concesiones a 30 años. Si leíste bien, 30 años.
Mientras los medios dominantes celebran una “licitación exitosa”, especialistas advierten que el proceso se realizó sin tasación previa del patrimonio público, una irregularidad grave que motivó denuncias judiciales.
El ingeniero Gabriel Zanellato, referente de la Fundación Soberanía, señala que “el proceso licitatorio tuvo dos omisiones: la falta de una tasación o evaluación técnica del patrimonio público involucrado, y la consecuente ausencia de un precio base como condición mínima para resguardar el interés estatal”. Estas irregularidades llevaron a que la fundación solicitará una medida cautelar para suspender el proceso licitatorio. La cual “curiosamente” avanza con dificultad.
En el mismo sentido, Rubén Gómez, Ingeniero Electricista, integrante del Foro en Defensa de nuestros ríos y represas, destaca que “las licitaciones se lanzaron sin una valuación oficial del Tribunal de Tasaciones, permitiendo que los propios oferentes establecieran el precio de los activos por 30 años y la entrega a un precio vil (precio muy bajo): según valores históricos comparados resultaría factible que el valor pagado en conjunto sea similar al primer año de facturación de las represas, por lo que las empresas que compraron las acciones de esos negocios en pocos años (5 o 6) hayan amortizado el 100% de la inversión. Un negocio más que redondo a costa del “Estado bobo libertario””.
Pérdida de un recurso estratégico: agua dulce y energía renovable
Desde la Fundación Soberanía entienden que la privatización implica perder el control de un recurso estratégico. Hoy, en plena transición energética hacia recursos renovables, las hidroeléctricas son un recurso totalmente estratégico, no solo por la energía que generan, con mínimo impacto en emisión de gases de efecto invernadero sino también por los inmensos volúmenes de agua dulce que albergan.
Se trata de la venta del 100% del paquete accionario de cuatro concesionarias hidroeléctricas del Complejo Comahue: Alicurá, El Chocón, Cerros Colorados y Piedra del Águila, activos estratégicos del patrimonio público que afectan tanto a la Nación como a las Provincias de Río Negro y Neuquén. Sin un precio base, estos activos pueden venderse a valores muy inferiores a su valor real, transfiriendo el control sobre infraestructura energética crítica a manos privadas sin garantías de haber obtenido un valor justo.
Para el ingeniero Gómez la privatización implica perder un manejo óptimo integrado de todo el conjunto de centrales, como las operaba la ex-Hidronor. Y por sobre todo quedarse con la renta de una inversión de todos los argentinos, con la cual seguir construyendo más y mejores represas, centrales eléctricas y canales de riego. Se pierde una fuente de ingresos genuinos para retomar la senda del desarrollo ya perdido con la primera privatización a manos del menemismo y varios funcionarios que se reciclaron en los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Asimismo, sostiene que “se volvió a perder también la oportunidad de recuperar una “tarifa Comahue”, que es una tarifa diferencial promocional para la radicación de industrias electro-intensivas en la región”.
La privatización de las represas del Comahue no solo reedita el modelo de los años noventa sino que lo profundiza: concesiones extendidas, activos estratégicos sin tasación y un Estado que resigna control y renta sobre recursos claves para el desarrollo. Sin debate público, en un contexto de crisis energética, climática y fiscal, la entrega de agua y energía a precio vil abre interrogantes que exceden el plano judicial y alcanzan el corazón del debate democrático: quién decide sobre los bienes comunes y en beneficio de quién se gobierna.
Quién dijo que todo está perdido
A pesar de la magnitud de las irregularidades y del avance del proceso privatizador, el escenario no está completamente cerrado. Distintos actores sociales, técnicos y políticos comenzaron a desplegar estrategias legales y acciones públicas para frenar o, al menos, cuestionar una entrega que consideran ilegítima. En ese marco, se abren caminos de disputa institucional y social que buscan reponer el debate sobre el destino de las represas del Comahue y el control de los bienes comunes.
La Fundación Soberanía le solicitó a la justicia que frene el proceso de licitación y no permita que se concrete la venta hasta que haya una sentencia definitiva. Si eso no sucede, desde la Fundación buscan que quede registrado que existe esta demanda, para que los oferentes no puedan decir después que no sabían. Lo buscan en definitiva es que se anule todo el proceso porque se hizo sin cumplir con la ley que exige una tasación previa, de la cual se desprende un precio base.
El Estado y el Ministerio de Economía deberán responder a la demanda y luego el juez dictará sentencia. Si el fallo es desfavorable, desde la Fundación soberanía sostienen que están “preparados para llegar hasta la Corte Suprema”.
El Foro en Defensa de nuestros ríos y represas impulsó diversas acciones de visibilización y presentó notas ante el Gobierno nacional y los gobiernos de Río Negro y Neuquén para expresar su preocupación por el proceso. Además, realizó pedidos de acceso a la información pública, que hasta el momento no obtuvieron respuestas satisfactorias.
Desde la banca del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, la diputada provincial Julieta Ocampo presentó un proyecto para que el control de las represas pase a manos de las provincias, con participación comunitaria en la definición de tarifas y costos, de modo que el recurso y sus ganancias permanezcan en la región. Además, llamó “a la movilización de los sectores populares y de los trabajadores para frenar esta entrega y este plan de ajuste de los gobiernos provinciales y de Milei, para que los recursos queden en manos de quienes los producen y no de multinacionales saqueadoras”.
En el Senado, Oscar Parrilli había presentado un proyecto de ley para que las concesiones hidroeléctricas “la administración, operación y explotación de cada uno de los aprovechamientos hidroeléctricos otorgados oportunamente en concesión será asumida por ENERGÍA ARGENTINA S.A. (ENARSA), sin perjuicio de las eventuales responsabilidades por las obligaciones asumidas por los actuales concesionarios”.
La privatización de las represas del Comahue no solo reedita el modelo de los años noventa sino que lo profundiza: concesiones extendidas, activos estratégicos sin tasación y un Estado que resigna control y renta sobre recursos claves para el desarrollo. Sin debate público, en un contexto de crisis energética, climática y fiscal, la entrega de agua y energía a precio vil abre interrogantes que exceden el plano judicial y alcanzan el corazón del debate democrático: quién decide sobre los bienes comunes y en beneficio de quién se gobierna.
Parafraseando a Atahualpa Yupanqui, las penas son de nosotros. Pero las represas también, aunque sectores del poder político y económico pretendan convencernos de lo contrario.
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