Argentina / 3 febrero 2026

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El campo incorpora nuevas tecnologías y nuevos oficios

La vanguardia tecnológica redefine el horizonte agropecuario. Los drones se instalaron como protagonistas en la cotidianidad de las tareas cotidianas. Esto provocó la aparición de un nuevo operario en el campo: el piloto de drones.

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Los avances no solo se ven en las maquinarias tradicionales, como tractores y cosechadoras, sino que se suman otros implementos como los drones agropecuarios. “Se trata de una tecnología que apareció hace algunos años, llegó para quedarse, y hoy ya está casi implementada en todo el campo”, explica el ingeniero agrónomo Catriel Lázzaro, asesor de productores y docente de la Licenciatura en Administración Rural de la UTN Chacabuco. “El dron tiene varias utilidades, en agricultura, que es el fuerte de nuestra zona, se desarrolló mucho para hacer aplicaciones y para registrar imágenes aéreas”, detalla Lázzaro.

En cuanto a las ventajas respecto de los aviones o de las pulverizadoras terrestres, el ingeniero indica que se puede utilizar lugares donde el avión no puede acceder, ya sea por que el tamaño del lote es muy chico, o porque está muy rodeado de montes; y con respecto a los aplicadores terrestres la ventaja está en que el dron no pisa el cultivo. La pisada tiene un costo: en una soja que está cerrada, con un porte de un metro cincuenta, un terrestre pisa entre el 1,5% y el 1,8%. Y si bien la aplicación con drones es más costosa, la pérdida por la pisada es mayor. Otra ventaja más a favor del dron -según Lázzaro- es que puede hacer aplicaciones selectivas, es decir, actúa solamente donde está el problema. A su vez, ese mapeo para hacer aplicaciones puntuales lo generó otro dron tomando imágenes previas. Y por último, con un dron se puede trabajar igual en lugares donde, por exceso de lluvias, no se puede operar con aviones ni con pulverizadoras”.  “Todo eso redunda en un ahorro importante de insumos y combustible”, asegura.

 

La importancia de las imágenes

 

Darío Remussini, fotógrafo profesional, comenzó a trabajar en el Grupo Don Mario (GDM) después de la pandemia, a partir de que la empresa necesitara contratar a alguien que supiera de fotografía para volar un dron. GDM es una de las mayores empresas de biotecnología del mundo. Oriunda de la ciudad de Chacabuco, en 1982, y con base territorial allí, hoy es líder absoluto en genética para soja en América del Sur. Se estima que un cuarto de la producción global de la oleaginosa utiliza variedades con genética GDM. En esta compañía la investigación es la actividad más importante y aquí es donde encaja el dron fotógrafo. “Empecé volando un dron multiespectral, con una cámara de seis lentes, que toma fotos en RGB, que es el color como lo vemos en cualquier fotografía, y también hace imágenes en sistema NIR, por infrarrojo: según la cantidad de agua que tenga la planta, refleja más, o menos, el color rojo”, explica Remussini. Asimismo, dice que también las imágenes se utilizan para determinar el período de madurez de la planta de soja. “La información que aporta el dron se cruza con el conteo manual que se hace en el lote”, expresa, y agrega: “también trabajé en GDM en lo que se llama predicción de rendimiento en planta. Las fotos, que se van tomando periódicamente desde que se siembra el lote, se descargan en la nube y eso después tiene un proceso en una plataforma digital que permite determinar cuántos kilos por hectárea va a rendir la soja”.



Los drones aportan también su funcionalidad en la actividad ganadera. Se pueden utilizar para la siembra de pasturas en lugares de acceso dificultoso para la maquinaria tradicional, como son los humedales, las laderas pedregosas o campos bajos encharcados. Asimismo, permiten sembrar pasturas mientras los cultivos de grano grueso, como la soja o el maíz, aún no se han cosechado, adelantando el proceso.

En ganadería

Los drones aportan también su funcionalidad en la actividad ganadera. Se pueden utilizar para la siembra de pasturas en lugares de acceso dificultoso para la maquinaria tradicional, como son los humedales, las laderas pedregosas o campos bajos encharcados. Asimismo, permiten sembrar pasturas mientras los cultivos de grano grueso, como la soja o el maíz, aún no se han cosechado, adelantando el proceso.

Recientemente, se avanzó en el desarrollo de drones para poder contar y pesar animales en el campo utilizando la captura de imágenes y el procesamiento de datos. Esta tecnología reemplaza al conteo y pesaje tradicionales, acelerando los tiempos de trabajo, reduciendo costos y beneficiando al ganado que no debe soportar el estrés del traslado o la pérdida de kilos por el tiempo de ayuno mientras se lo manipula.

Otra solución que aportan los drones es la detección de animales que se encuentran en lugares de acceso limitado para los trabajadores, como son los montes o regiones montañosas.

 

Un oficio nuevo

“Este trabajo en GDM me llevó a hacer el curso de piloto de dron; lo hice en Tigre, en un lugar que está avalado por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), porque en sí volar un dron requiere casi de la misma preparación que se necesita para volar una aeronave chica; hay que tener las mismas precauciones cuando se vuela”, comenta Remussini. 

El fotógrafo se refiere a Drones Vip, un Centro de Instrucción Aeronáutica Civil de Vehículos Aéreos No Tripulados. Su CEO, Martín Rubén Martin, citado por www.expoagro.com.ar, afirma: “Es un nuevo oficio con una importante salida laboral. Durante el curso se explica la complejidad que tiene la operatividad de este tipo de tecnología y los diferentes planes de negocios”. El curso dura 3 meses, con 80 horas cátedras teóricas asincrónicas que se realizan desde la plataforma virtual, y clases sincrónicas por zoom. Además, en una semana intensiva se hacen las prácticas presenciales con 20 horas de vuelo, utilizando distintos tipos de drones. Martín destaca que por la escuela ya “pasaron más de 55 mil alumnos que se capacitaron no solo en agro sino también en vigilancia, construcción y audiovisual”. Al terminar el curso, el alumno debe rendir un examen fiscalizado por un inspector de la ANAC que habilita y certifica finalmente para operar todo tipo de aeronaves no tripuladas.

Martín asegura que un piloto de dron profesional, sin ser propietario del equipo, puede obtener ingresos de entre un millón y medio de pesos y cinco millones de pesos mensuales.

 

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