La organización comunitaria resiste los incendios en Chubut
Una de las regiones más hermosas y visitadas de la Patagonia, El Hoyo y Epuyén, está en llamas. Desde la ignición inicial, el fuego se expandió hacia todas las direcciones. Cuadrillas de vecinas y vecinos autoconvocados salen a suplementar el trabajo de las brigadas oficiales, desbordadas y desfinanciadas por el Estado nacional. La Comarca Andina resiste una "catástrofe anunciada".
- enero 9, 2026
- Lectura: 3 minutos
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“Crónica de una catástrofe anunciada” es la frase que elige Hernán Ñanco, brigadista del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), para describir el incendio que se desató en El Hoyo, Chubut. El fuego empezó el lunes 5 de enero a media tarde cerca del camino que va desde el centro de la localidad hacia Puerto Patriada, un lugar recreativo a orillas del Lago Epuyén.
La zona ya se había quemado dos veces en los últimos 15 años, en 2012 y 2015, y el área quemada fue rápidamente colonizada por especies exóticas e invasivas de pino que fueron introducidas para las plantaciones madereras. Son muchísimo más inflamables que el bosque nativo y crecieron descontroladamente con una densidad extrema. Por eso Ñanco describe el lugar como “una bomba de tiempo… Con sequía, altas temperaturas y viento, el fuego es incontenible.”
Desde la ignición inicial, esa bomba tardó poco en explotar. En pocas horas se expandió hacia todos lados. Hacia el norte se metió en una zona de chacras conocida como Rincón de Lobos. Hacia el sur, arrasó con la infraestructura turística lacustre. Hacia el oeste, trepó el Cordón Derrumbe aniquilando bosque nativo. Y hacia el este fue rodeando el Cerro Pirque en llamas.
Rápidamente se activaron todos los servicios de combate contra incendios oficiales y no oficiales, desde el SNMF hasta la brigada forestal provincial con sede en el paraje vecino Las Golondrinas. En primera instancia, enfocaron sus esfuerzos en la zona de Rincón de Lobos, lugar poblado que corrió el mayor riesgo al principio. Además, como la chispa fue sobre el único camino de acceso, los aproximadamente 3000 turistas y lugareños que disfrutaban una tarde de verano en el lago quedaron atrapados en el momento inicial, y hubo que montar un operativo de evacuación importante. En horas de la noche, vecinos cruzaban desde el otro extremo del Lago Epuyén en lanchas para evacuar gente mientras el fuego bajaba hacia las playas, y finalmente se logró evacuar a mucha gente por tierra también.
Vienen trabajando un helicóptero y cinco aviones hidrantes pequeños de los que se suelen usar en la región, pero el jueves se sumó un avión hidrante 737 con una capacidad mucho mayor. Sin embargo, aunque puede realizar descargas más grandes, por su tamaño es mucho menos maniobrable, lo cual limita notablemente su capacidad de accionar en zona de montaña. Y como explica Ñanco, “nuestros servicios están escasamente dimensionados para la magnitud del territorio y el riesgo… todos se vuelven insuficientes”.
En los últimos años, en la Comarca Andina, a medida que los incendios se vuelven cada vez más frecuentes y más severos, fueron surgiendo cuadrillas de vecinas y vecinos autoconvocados que salen a suplementar el trabajo de las brigadas oficiales. La Brigada Patagónica, por ejemplo, es un conjunto de varias cuadrillas que se juntaron para organizar la respuesta ciudadana a los incendios. Más de mil vecinos vienen trabajando, organizándose, saliendo a ayudar con lo que haga falta: desde preparar viandas hasta combatir directo contra el fuego. “Hay cuadrillas muy bien equipadas, se hacen muy buenos laburos, gente que está también muy entrenada y que pone mucha energía y capacidad de acción, junto con también las instituciones más oficiales. Nunca alcanza porque la potencia de estos eventos es mucho mayor”, aseguran sus integrantes.
“Fue fuertísimo, era voraz. Se tragaba todo, se tragaba la vida, la historia, recuerdos, memorias. Y algo muy bello que siento que está pasando allí son las redes de apoyo, donde se ve la fuerza de los que sí están para cuidar, para defender, para sembrar”, dice Kamila Walker, vecina de El Bolsón.
Entre la población se activaron redes de personas que no solo combaten el fuego sino que atienden todas las otras facetas de un desastre. Grupos de veterinarios/as están atendiendo a animales heridos y ubicando chacras que puedan recibir ganado evacuado. Psicólogos/as brindan atención de salud mental para damnificados. Y en varios lugares se cocina para alimentar a quienes están frente a las llamas. Desde el Centro Cultural Eduardo Galeano, en El Bolsón, Mercedes Casal cuenta que empezaron a solicitar insumos y apenas abrieron la cocina “se llenó de gente”. Hace tres días que cocinan desde las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche para proveer a todos los que están apagando los incendios, casi 400 viandas por día. Están muy organizados después de la experiencia del último año. El Centro Integrador Comunitario (CIC) de El Bolsón se enfocó en la distribución de ropa, borceguies, insumos de farmacia. “Como en toda organización comunitaria, lo que está pasando es una magia infernal en la cual todo se va organizando, lo que necesitamos llega. Todo está fluyendo”, dice Casal. Ornela Tarantino, referente del CIC, suma un dato no menor: a los brigadistas oficiales “no les dan ni una botellita de agua”. “Son cientos de personas dándolo todo y no les están abasteciendo”, agrega.
Desde el primer momento las brigadas oficiales y las vecinales trabajan a cuatro manos frente a una catástrofe que se sigue ampliando por dos frentes: en Epuyén y en El Hoyo. Para la noche del 6, el fuego ya había dado la vuelta del Cerro Pirque por el sur y amenazaba a pobladores que viven entre la montaña y el Lago Epuyén, en chacras a las que solo se accede en lancha. Brigadas voluntarias trabajaron toda la noche para salvar las casas. Kamila Walker, vecina de El Bolsón que viene acompañando en los incendios desde 2021, asegura que “nunca había visto ese nivel de fuego”. “Fue fuertísimo, era voraz. Se tragaba todo, se tragaba la vida, la historia, recuerdos, memorias. Y algo muy bello que siento que está pasando allí son las redes de apoyo, donde se ve la fuerza de los que sí están para cuidar, para defender, para sembrar”, dice. Replegaron a las 5 de la madrugada; las casas quedaron en pie pero el bosque fue aniquilado casi por completo.
Hasta el momento es difícil contabilizar las casas quemadas. Si bien todavía son menos que en los incendios del 2021 y el 2025, en muchos casos se logra salvar apenas la estructura, pero queda en medio de un lugar completamente destrozado, sea un bosque o una unidad agrícola.
La magnitud del fuego es enorme y avanza sin tregua. En El Hoyo, el fuego sigue azotando la zona de chacras, entró ya en el paraje El Pedregoso, del otro lado del Cerro Pirque, y no está muy lejos de la escuela primaria 81. En la tarde del día 8 alcanzó la ruta 40 en Epuyén, cortando así la única arteria de transporte entre Epuyén y El Hoyo, y empezó a avanzar hacia el Cerro El Coihue sobre el camino a El Maitén. El pronóstico no muestra señales de posibles precipitaciones.
Fotos: Gentileza Brigada Patagónica.
Denali Degraf es escritor, fotógrafo, artesano. Vive en los Andes Patagónicos desde el 2003.
https://www.denalidegraf.com/es/
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