Argentina / 3 febrero 2026

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El cannabis cambió la vida de su hijo y hoy ocupa un cargo clave para impulsar su uso médico

Claudia Pérez es mamá de un joven que sufrió una lesión cerebral. Después de probar con medicación tradicional, el aceite de cannabis transformó la vida del chico y la de toda su familia. Ella se volvió una referente en la temática y hoy ocupa un cargo municipal inédito.

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La primera vez que Claudia Pérez vio a su hijo Darian dormir de corrido fue gracias al aceite de cannabis, cuando él tenía 23 años. Esa noche, se acostó a su lado y no pegó un ojo; se quedó en estado de alerta. Días antes, junto a su esposo habían probado el aceite en cuerpo propio sin sentir nada malo, pero todavía tenían desconfianza, miedos y prejuicios. Temían que algo pasara. Por eso, Claudia permaneció en vigilancia, escuchando cada sonido de la noche. Pero nada pasó. O, mejor dicho, pasó que no pasó nada: Darian durmió relajado, con una respiración profunda, como nunca en su vida lo había hecho

“En general, antes de dormirse, él estaba un par de horas a los gritos pelados. Se dormía alterado y, en sus movimientos, siempre se estaba destapando. Dormía dos horas y se despertaba. Por ahí, volvía a dormir dos horas más o capaz ya se quedaba despierto toda la noche”, cuenta hoy Claudia sobre cómo era la rutina nocturna de Darian antes del cannabis.

El cannabis no sólo fue clave para cambiar la vida de Darian, sino la de toda su familia. Además, Claudia se volvió experta en el cultivo de marihuana y ese camino que inició por su hijo se volvió pronto una militancia que la llevó a comandar la Dirección de Asuntos Cannábicos de la Municipalidad de La Plata, la primera de su tipo en todo el país.

 

Detrás de la zanahoria 

Darian nació el 18 de abril de 1993 en el hospital Gutiérrez de La Plata. Hijo de Claudia y de Daniel Devitta, su llegada al mundo se describe con dos palabras que parecen contrarias, aunque (como pasa en este caso) pueden no serlo: nació muerto. “Fue una asfixia. Cuando lo sacan de mi cuerpo, estaba fallecido y lo tuvieron que revivir. Por la falta de oxígeno en su cerebro, muchas neuronas murieron”, cuenta Claudia.

La lesión cerebral al nacer generó, entre otras cosas, que Darian tuviera inconvenientes en la motricidad fina. Con el correr de los años y distintas consultas médicas, descubrieron que además sufría de convulsiones cuando estaba durmiendo y fue diagnosticado con Asperger, un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por dificultades en la interacción social.

Del inicio de la vida de Darian, Claudia tiene presente varias cosas: algunas internaciones durante el primer año por problemas de deglución, la incertidumbre sobre qué iba a poder hacer su hijo y qué no, y la angustia y preocupación que tenía al ver como el chico se alejaba de los hitos de desarrollo plasmados en una libreta. A la distancia, se cuestiona algo de esto: “Uno va ahí como corriendo detrás de la zanahoria. Por ejemplo, la primera vez que caminó, en vez de disfrutar algo que no sabía siquiera si iba a poder, me quedé mirando que estaba en puntas de pie”.

Las convulsiones se las detectaron entre los seis y siete años. Decidieron medicarlo. Claudia recuerda ese momento con angustia. “Nunca estuve muy de acuerdo con medicar. Para mí fue muy difícil. Obviamente una entiende que hay un síntoma y hay que regularlo, pero me parecía muy chiquito. Me quedó muy marcada esa primera vez, ¿viste cuando sentís como que estás traicionando?”, resume su pesar. 

 

Un chaleco químico

Darian fue estimulado desde muy pequeño en su casa y en una institución. Más allá de las dificultades que le generó la lesión cerebral, empezó a leer a los tres años y a los seis aprendió inglés mirando videos en VHS. Terminó la escuela primaria como escolta y la secundaria la hizo en el Plan Fines. “Él es una persona que piensa mucho. Quizás no para y eso le juega en contra”.

El antipsicótico, en algún punto, terminó siendo otro problema: mantuvo a Darian “más estable”, pero ocasionó que estuviera desconectado de su entorno. “Era un chaleco químico prácticamente. No le servía”, explica Claudia.

Después de la infancia, Claudia cuenta que Darian fue presentado un “desorden conductual” por el que realizaron otra consulta médica y le empezaron a proveer un antipsicótico. “Cuando tenía 18 años tuvimos que hacer una interconsulta con un psiquiatra. Saqué el turno un día que se pasó toda la mañana gritando. Se había desregulado mucho conductualmente. Estaba alterado, gritaba, dormía poco. No tenía control de sí mismo. Me ha pasado de estar esperando el micro en la calle y que saliera corriendo, que vos no sabés si lo va a chocar un auto o qué”.

El antipsicótico, en algún punto, terminó siendo otro problema: mantuvo a Darian “más estable”, pero ocasionó que estuviera desconectado de su entorno. “Era un chaleco químico prácticamente. No le servía. La idea era que estuviera tranquilo, que pudiera descansar y conectar socialmente. Con la medicación, no tenías a un pibe que fuera a salir corriendo disparado, pero tenías un pibe que no estaba”, explica Claudia.

El consumo del antipsicótico junto al anticonvulsivo generó que Darian sufriera además distintas reacciones como suba de peso, ansiedad, granitos de pus, aftas y caída del pelo; a lo que se sumaba como conflicto la dependencia a los químicos y el incremento constante de las dosis. 

Un secreto revelador  

En 2015, Claudia fue con Darian a una actividad al Teatro Argentino de La Plata y a la salida del evento se cruzó con una conocida, madre de una chica que tenía síndrome de West. Este síndrome es una alteración cerebral grave que produce espasmos epilépticos y retrasos en el desarrollo psicomotor. En aquel encuentro, la otra mujer se acercó a Claudia y le dijo al pasar y susurrando que habían entrado en un programa de uso de cannabis para tratar a su hija. La manera de hablar en secreto correspondía a los tabúes que en ese momento regían (y hoy, quizás en menor medida, también) sobre la marihuana. 

Aunque en un principio no se le ocurrió que a Darian lo podían tratar con cannabis, la idea le quedó a Claudia rondando en la cabeza. Ya en su casa, le comentó a su pareja; y luego, se puso a buscar información en internet. Hasta ese momento, sabía poco y nada del tema. Por eso, se sorprendió al ver los distintos beneficios que se le atribuían a la planta. Tiempo después, un conocido de la familia les acercó un frasco con flores de marihuana y entonces hicieron el primer aceite, ese gracias al que Darian durmió su primera noche de corrido con una respiración profunda.

“De entrada lo que mejoró fue el ciclo del sueño, los niveles de ansiedad y las convulsiones, que no las tiene más. Hoy toma el anticonvulsivo en dosis mínimas. El desorden conductual fue la parte más difícil de ajustar. Tuvimos que ir probando diferentes tipos de cannabis, buscar artesanalmente las cepas”, cuenta Claudia.

Después de distintas pruebas, en siete meses y muy de a poco, Darian pudo dejar el antipsicótico. “Una de las características que tienen las personas con la condición de Darian es que las cuestiones imprevistas los desregulan. Antes, se cortaba la luz en casa y era como si hubiera explotado una bomba, empezaba a gritar. Ahora, no”, dice.

Otro ejemplo que menciona Claudia es el de poder estar en una situación cotidiana sin contratiempos. Desde hace un tiempo, existen momentos en que ella y Daniel están tomando mate en el patio y Darian comparte el rato con ellos o se queda tranquilo mirando televisión adentro. “Eso que para cualquiera es lo más normal, para nosotros es como el paraíso”.

Como referente, Claudia advierte sobre los retrocesos en el acceso al cannabis medicinal que se están dando con el gobierno de Javier Milei. “Hay alrededor de 800 mil usuarios (entre personas y ONGs) que están a la espera del alta o la renovación del REPROCANN (Registro del Programa de Cannabis)”, asegura.

La lucha colectiva

A la par del proceso con Darian, Claudia fue transitando una lucha colectiva por el acceso al cannabis para personas que lo necesitan por distintas patologías. Esa lucha se vio plasmada, por ejemplo, en la aprobación en 2017 de la ley de Cannabis Medicinal (Ley 27.350).

“La mayoría de las mamás nos constituimos dentro del paraguas de Mamá Cultiva y tuvimos que aprender a cultivar, a elaborar, a militar una ley, a constituir una ONG, a brindar información asesoría a la gente…”, enumera la formación maratónica que ella y otras como ella tuvieron.

Actualmente, preside ONG Madres Cultivadoras Argentinas y es la directora municipal Asuntos Cannábicos de La Plata, cargo que asumió a principio de año. Desde la administración local platense buscan acercarse a la comunidad usuaria, relevar organizaciones y formar en la temática.

Como referente, además, advierte sobre los retrocesos en el acceso al cannabis medicinal que se están dando con el gobierno de Javier Milei. “Hay alrededor de 800 mil usuarios (entre personas y ONGs) que están a la espera del alta o la renovación del REPROCANN (Registro del Programa de Cannabis)”, asegura.

Luego, volviendo a su hijo Darian, Claudia se refiere a la idea de trabajar en un proyecto de vida independiente para él. Ante la pregunta de si eso concretamente sería imposible, dice: “Imposible no. Esa palabra no estaría dentro de mi vocabulario». Habla de su lucha personal y de la colectiva. Está sentada detrás de su escritorio, en un edificio céntrico de La Plata. Lleva dos imágenes de hojas de marihuana: una en un arito y otra en un colgante. 

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