Argentina / 25 agosto 2026

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Milei empieza a quebrar su aura 

Como en el boulevard de los sueños rotos el gobierno de Milei se desgasta en la medida que la situación económica empeora para la mayoría de la sociedad. Incluso para una parte de su electorado que ya no ve con los mismos ojos sus histriónicas apariciones.

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El fin de una pareja es más doloroso cuanto más amor hubo, porque eso llevó a los enamorados a poner mucho de sí para que funcione.  Pasa algo interesante con el desamor: invierte el sentido que se volcaba en el otro: lo que era irresistible se convierte en trivial o, aún más, en desagradable; lo gracioso ya no causa; cae el velo que lo mostraba especial y aparece de repente caricaturizado al extremo, con todas las imperfecciones que no veíamos, o volviéndose ridícula la otrora virtud.  ¿Cómo verán hoy a Milei sus votantes que padecen no solo sus políticas económicas, sino su desprecio?

Las encuestas de imagen o aceptación de la gestión vienen bajando aceleradamente. Según la encuestadora y la pregunta específica que se haga, el rechazo aparece en la franja de 55-65%, y la aceptación se estanca por debajo del 35%.  Es cierto que no es el primer gobierno que defrauda a gran parte de la sociedad, pero la bronca es más grande cuanto más ilusionó la propuesta.

La hiperinflación alfonsinista dolió en el bolsillo, pero también mermó la confianza en que se coma, se cure y se eduque con la democracia. La crisis del 2001 terminó en el ‘qué se vayan todos’, con la convertibilidad hecha añicos. Dudo que Alberto Fernández fuera el fruto entusiasta de la mayoría de sus votantes. En 2003, del entonces ignoto Néstor Kirchner tampoco se esperaba gran cosa, pero supo apropiarse de reivindicaciones largamente acuñadas en la sociedad y representar todo un ideal político. Veinte años más tarde, Javier Milei encarnó una nueva ilusión que iba en sentido contrario. La rebeldía se volvió de derecha, se dijo. El electorado que lo acompaña vio en su estilo algo novedoso e irruptivo; en su verborragia economicista, la garantía del saber; en sus ataques a los opositores, la venganza de una ciudadanía ofendida; en sus acusaciones de corrupción, la promesa de justicia: los ciudadanos de bien, contra la casta.

Las encuestas de imagen o aceptación de la gestión vienen bajando aceleradamente. Según la encuestadora y la pregunta específica que se haga, el rechazo aparece en la franja de 55-65%, y la aceptación se estanca por debajo del 35%. Es cierto que no es el primer gobierno que defrauda a gran parte de la sociedad, pero la bronca es más grande cuanto más ilusionó la propuesta.

No fue lo duro del ajuste, ni la represión a los jubilados, o la alineación incondicional con Estados Unidos lo que generó distanciamiento. Inflación baja y dólar barato pueden hacer mirar a muchos para otro lado.  Pero comenzaron a juntarse las causas de corrupción, el caso $Libra con la cripto estafa y las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, mientras se recortaban sus programas de atención. Un golpe más certero fue tener que desplazar a su vocero y Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, porque no pudo presentar una justificación coherente del aumento de su patrimonio. La precarización del empleo, la caída del trabajo registrado y el cierre de empresas empezó a achicar las posibilidades de inserción, sobre todo a los jóvenes, mucho de los cuales se habían entusiasmado con la aparición libertaria. Una parte de la sociedad empezó a sentirse estafada.

El caso del propagandista, ligado a La Derecha Diario, Fernando Cerimedo, arrestado en Bolivia por mandar a matar  a su pareja a través de sicarios, es curioso, porque no afecta a su electorado por tratarse de un intento de femicidio, sino porque pone en evidencia cómo manipulaba la opinión pública a través de las redes sociales: fake news, granja de bots, trolls, influencers diseñados con Inteligencia Artificial.  Lo importante, primero, era destruir cualquier centro legitimado como fuente confiable de información: las Ciencias Sociales, la educación pública, el periodismo crítico.  Luego, si ya no hay fuentes legitimadas de información, si ya no hay quien pueda sostener a través de la investigación una verdad objetiva, todo es opinión, y cualquier opinión da igual. Y en ese caos la verdad la tiene quien puede gritar más fuerte.  Y el que grita más fuerte es quien maneja los algoritmos. Si los Aparatos Ideológicos del Estado (Althusser) vuelven en contra, entonces, mejor destruirlos.

Sin embargo, el tema más acuciante es la economía. El aumento del endeudamiento de las familias comienza a quebrar el aura de Milei, quien aparece como responsable de la precarización de las condiciones de vida y de crear las condiciones para que bancos, billeteras virtuales y, finalmente, prestamistas de barrio estafen con enormes intereses a los que cayeron en el círculo de endeudamiento. El presidente no sólo niega el problema, se burla de él.  Y como en el desamor, esa fantochada ya no genera gracia; menos identificación, más bien indigna como cruel y ridículo. 

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