Un mundo distinto para la economía argentina
El debut de Kevin Warsh al frente de la Reserva Federal, el acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán en stand by y la baja del precio del petróleo tienen consecuencias directas sobre la economía argentina.
- junio 23, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal en mayo, designado por Donald Trump en reemplazo de Jerome Powell. El día miércoles presidió su primera reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, y el veredicto fue el que el mercado esperaba pero temía confirmar: tasas sin cambios, en el rango de 3,50%-3,75%, por quinta reunión consecutiva. La sorpresa no estuvo en el número, sino en el tono.
Warsh eliminó casi por completo el «forward guidance», esa práctica de los últimos años por la cual la Fed comunicaba sus próximos movimientos para reducir la incertidumbre de los mercados. Fue un gesto de ruptura: la Fed ya no les dirá a los inversores lo que va a hacer. Les pedirá que adivinen.
El mundo está priceando más inflación. Hay un corrimiento de todas las tasas hacia arriba en los países desarrollados, y eso se traslada a los emergentes.
Pero el elemento más revelador de la reunión fue el llamado «dot plot», el gráfico de proyecciones de los 19 miembros del FOMC. Nueve esperan al menos una suba de tasas en lo que resta de 2026; seis, al menos dos; y solo nueve apuestan por mantenimiento o recorte. El comité está partido en tres con una ligera mayoría que ve tasas más altas antes de fin de año.
Los mercados reaccionaron en consecuencia: bonos del Tesoro a la baja, dólar al alza, acciones en rojo. Al cierre, los futuros ya descontaban una suba de tasas para octubre.
Para la Argentina y su deuda, el impacto es directo. La tasa libre de riesgo de los bonos del Tesoro estadounidense es la base sobre la que se construye el costo de financiamiento de todos los países emergentes. Un Treasury más alto eleva esa base, y el spread que mide el riesgo país argentino se suma encima. La consecuencia: aunque el riesgo país local tocó esta semana su mínimo en ocho años, en torno a los 430 puntos básicos, el costo total de emitir deuda en los mercados internacionales no baja en la misma proporción, porque la tasa base sube. La ventana para volver al mercado voluntario de deuda a tasas competitivas, que lucía abierta hace apenas unas semanas, hoy se ve más estrecha.
Al mismo tiempo, hay otro impacto -no tan directo- que es el llamado fly to quality, donde el capital financiero, en momentos de incertidumbre prefiere salir de posiciones con mayor volatilidad como es el caso del mercado financiero Argentino y emergentes, y alocarse en lugares donde el análisis de riesgo/ beneficio los atrae, como bonos y acciones de países desarrollados. Esta salida de capital financiero puede generar una disminución de las valuaciones de los activos argentinos, que para el caso de la deuda argentina cotizada tiene impacto en el riesgo país. El Gobierno ya avisó que tiene fuentes alternativas para cubrir los vencimientos de julio 2026, enero y julio 2027.
El acuerdo con Irán: Trump negoció solo
Donald Trump anunció que el acuerdo con Irán «ya estaba cerrado», y se confirmó que el mismo se firmaría el viernes 19 de junio en Suiza, con Pakistán como mediador. El contenido firmado el lunes pasado es sustancialmente favorable a Irán: reapertura del estrecho de Ormuz, permiso para vender petróleo sin restricciones, compromisos de inversión de 300.000 millones de dólares de naciones árabes del Golfo, y el inicio de negociaciones para levantar sanciones. A cambio, Irán congela por 20 años su programa nuclear militar y garantiza la libre navegación marítima. El dato relevante es el alejamiento de Trump y Netanyahu, a quien no mantuvo al tanto de las negociaciones.
El primer ministro israelí, en este contexto enfrentaba una doble derrota, su némesis no solo conservaba el uranio enriquecido acumulado durante años, sino que llega fortalecida a las negociaciones futuras, habiendo demostrado que puede cerrar Ormuz y paralizar el comercio global de energía. Irán salía del conflicto con uranio intacto, sanciones que se levantarán, 300.000 millones en inversiones prometidas, y la capacidad de bloquear Ormuz como carta demostrada. Eso no es una derrota.
La firma prevista para el viernes quedó en el limbo, la delegación Iraní suspendió el viaje porque el Líbano siguió siendo blanco de ataques israelíes el jueves, pese al alto el fuego firmado con anterioridad y que el Líbano se encuentra incluido expresamente en el acuerdo. Dando incumplimiento al primer punto del memorando donde se declara el cese inmediato y permanente de las operaciones militares.
En este esquema, la diplomacia tampoco fue monopolio de las potencias occidentales tradicionales. Pakistán, Arabia Saudita, Turquía, Egipto, Qatar y Suiza como territorio neutral fueron quienes más esfuerzos diplomáticos realizaron para acercar posiciones. Los países que mantuvieron canales abiertos con múltiples bloques, sin alinearse incondicionalmente con ningún, son los que tienen un rol en la mesa. Los que eligieron un solo bando quedaron fuera de la negociación.
El gobierno de Javier Milei construyó durante los últimos dos años una política exterior de alineamiento total con Estados Unidos e Israel. Fue una elección deliberada, sostenida y crecientemente costosa. Milei realizó tres visitas oficiales a Israel durante su presidencia, firmó memorandos de entendimiento en defensa, inteligencia artificial y conectividad, declaró como organización terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní, medida que provocó la expulsión del encargado de negocios iraní de Buenos Aires, y llegó a afirmar que no descartaba enviar buques de guerra «en caso de que se necesite», declaración que su canciller Pablo Quirno amplió sin mayor mediación. Milei se autodefinió como «el presidente más sionista del mundo».
Este posicionamiento tenía, en la lectura de sus defensores, una lógica pragmática: alinearse con Washington para obtener capital político ante el FMI, el Banco Mundial y Wall Street, los organismos que realmente condicionan el acceso al financiamiento externo de Argentina. Ese cálculo no era absurdo. El apoyo de la administración Trump al programa de Milei fue real y contribuyó a descomprimir la crisis cambiaria ocasionada en las últimas elecciones.
El tablero cambió. Trump negoció con Irán. Y si el conflicto se resuelve volverá al escenario global como actor legítimo. Las sanciones se levantarán. El petróleo iraní volverá al mercado, las relaciones diplomáticas se normalizarán con buena parte del mundo, y habrá flujos de inversión y comercio que reconstruirán vínculos. Brasil, Chile, México y la mayor parte de América Latina mantuvieron canales abiertos con Teherán. Argentina los cerró. La pregunta no es ideológica: es estratégica. ¿Qué posición tiene hoy la Argentina para participar de la reinserción iraní en la economía global?
Pero el tablero cambió. Trump negoció con Irán. Y si el conflicto se resuelve volverá al escenario global como actor legítimo. Las sanciones se levantarán. El petróleo iraní volverá al mercado, las relaciones diplomáticas se normalizarán con buena parte del mundo, y habrá flujos de inversión y comercio que reconstruirán vínculos. Brasil, Chile, México y la mayor parte de América Latina mantuvieron canales abiertos con Teherán. Argentina los cerró. La pregunta no es ideológica: es estratégica. ¿Qué posición tiene hoy la Argentina para participar de la reinserción iraní en la economía global? Mientras el presidente estadounidense acordaba con Irán, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, recorría Israel. Argentina llegó tarde a una historia que parece tener un final cerca.
El tablero cambió. Trump negoció con Irán. Y si el conflicto se resuelve volverá al escenario global como actor legítimo. Las sanciones se levantarán. El petróleo iraní volverá al mercado, las relaciones diplomáticas se normalizarán con buena parte del mundo, y habrá flujos de inversión y comercio que reconstruirán vínculos. La pregunta no es ideológica: es estratégica. ¿Qué posición tiene hoy la Argentina para participar de la reinserción iraní en la economía global?
La reapertura del estrecho de Ormuz, por donde circulaba antes de la guerra cerca del 20% del petróleo y el gas natural licuado comercializado en el mundo, produjo una caída inmediata del crudo de cerca del 5%, volviendo al entorno de los 80 dólares por barril, lejos del pico de 110 que se alcanzó durante la escalada del conflicto. Para el consumidor argentino, esto tiene un efecto directo aunque diferido: los precios en el surtidor no bajarán de inmediato, porque YPF opera desde abril con un mecanismo de amortiguación de precios que absorbe la volatilidad internacional con un rezago de aproximadamente dos meses.
Para Vaca Muerta, el análisis es más matizado. El breakeven promedio de la formación neuquina se ubica entre 40 y 45 dólares por barril, con lo cual 80 dólares sigue siendo un precio perfectamente viable para mantener la actividad. Pero hay dos umbrales que los especialistas marcan con preocupación. A 65 dólares, varios proyectos marginales empiezan a perder rentabilidad. Y si el crudo sigue cayendo hacia niveles previos al conflicto, cercanos a los 60 dólares, algunos desarrollos deberán revisarse.
El escenario más complejo es el del gas natural licuado: si la reapertura de Ormuz y el regreso del GNL iraní al mercado empujan los precios internacionales del gas por debajo de los 10 dólares por millón de BTU, grandes proyectos de exportación argentinos enfrentarían una presión adicional sobre su viabilidad. Son proyectos diseñados para un mundo con energía cara.
La economía argentina viene navegando con viento a favor en varios frentes simultáneos: riesgo país en mínimos de ocho años, inflación en descenso, actividad creciendo al 5,5% interanual, acuerdo con el FMI funcionando. Ninguno de esos logros es menor, y sería un error no reconocerlos.
Pero esta semana el viento exterior empieza a cambiar de dirección. La Fed de Warsh va a ser más restrictiva, menos predecible y más costosa para los emergentes. El memorando firmado el lunes entre Estados Unidos e Irán, reconfigura el mercado energético global en un sentido desfavorable para quienes apostaron a que la energía seguiría cara. Y la reinserción de Irán en la economía global encuentra a Argentina sin canales diplomáticos para participar de ese proceso.
Los tres eventos convergen en un mismo punto: Argentina vuelve a depender de variables que no controla, justo en el momento en que necesitaba mostrar que había construido cierta autonomía. La estabilización nominal fue un logro real. La política exterior, en cambio, fue una apuesta que esta semana empezó a cobrar sus costos.
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