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Conflicto en Atucha: “Los trabajadores somos una protección contra los accidentes nucleares”
Mariano Saleh fue apartado de Atucha II, donde trabajaba hace 14 años como técnico de laboratorio. A través de las redes sociales, cuestiona el desmantelamiento del sector nuclear y los intentos de privatización de Nucleoeléctrica Argentina. En diálogo con 4Palabras advirtió sobre el abandono de proyectos de reactores desarrollados en el país, sostuvo que en Lima se vive una “tensa calma” y consideró que es un riesgo tener “trabajadores precarizados y con miedo”.
- junio 20, 2026
- Lectura: 5 minutos
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Mariano Saleh fue apartado de su labor en Atucha II como técnico de laboratorio químico por denunciar en las redes sociales el plan de desmantelamiento y privatización de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) y los demás organismos vinculados a la energía nuclear nacional. En diálogo con 4Palabras, advierte que el plan del Gobierno implica abandonar desarrollos avanzados como los reactores CAREM 25 y RA-10, y señala que existen riesgos en precarizar a los trabajadores porque son “la primera barrera para poder proteger la seguridad nuclear”.
La situación de Saleh es compleja: con 14 años de antigüedad en el predio nuclear de Lima, hasta el año pasado era delegado gremial por Luz y Fuerza Paraná (de la CGT), sindicato del que fue expulsado junto a otros representantes y al que acusa ser “parte de la patronal”. En tanto, hoy se encuentra inhabilitado de poder ir a su lugar de trabajo por una cautelar judicial, mientras buscan desvincularlo totalmente de la empresa. “Me hicieron un sumario por mis opiniones en X y, con eso, piden mi exoneración que es como un despido, pero más grave porque no podría trabajar más en el Estado”, cuenta.
A través de las centrales Atucha I y Atucha II (ubicadas en Lima, provincia de Buenos Aires) y Embalse (en Calamuchita, Córdoba), NA-SA produce energía que cubre más del 7% de la demanda total del país. El capital de esta empresa está repartido entre el Ministerio de Economía de la Nación, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y Energía Argentina S.A. (ENARSA), y actualmente el Gobierno busca avanzar con la venta de acciones a actores privados, mientras paraliza el desarrollo de proyectos.
La discusión sobre la privatización y el desmantelamiento está enmarcada además en el escándalo de supuestos sobreprecios y usos indebidos de fondos que a principio de año desencadenó en la renuncia de Demian Reidel a la conducción de NA-SA, quien fue reemplazado por Juan Martín Campos. Saleh sostiene que en el predio de Lima hay una “tensa calma”.
Mucho más que una privatización
El conflicto en el sector nuclear argentino excede las intenciones de privatización de NA-SA. “Quieren privatizar la Nucleoelétrica porque genera mucho dinero, pero el plan también implica paralizar proyectos propios como el reactor modular CAREM 25 y el RA-10”, explica Saleh.
El CAREM 25 se ideó a principios de los ochenta y, con marchas y contramarchas de distintos gobiernos, fue avanzando a lo largo de los años. Es un proyecto que cuenta con “toneladas de planos, procedimientos y pruebas”. Se trata de un reactor nuclear de tipo modular, lo que implica que podría construirse en fábricas y trasladarse. Está pensado para abastecer de electricidad a ciudades aisladas, pero también contempla el uso en sistemas de calefacción. Asimismo, por supuesto, podría darle grandes ganancias al Estado en caso de finalizarse.
“La idea era hacer ese prototipo de 25 megas para comprobar primero si funcionaba. Después, estaba proyectado escalar a una versión comercial de 120 megas. Cuando vos vendés un reactor te garantizás además la venta de combustible (porque los combustibles son especiales para cada rector) y el mantenimiento. En Atucha, por ejemplo, siguen viniendo alemanes (quienes diseñaron las plantas) a arreglar las bombas. Es un negocio por sesenta o setenta años”, explica Saleh.
Algo similar pasa con el RA-10, un reactor atómico construido en el Centro Atómico Ezeiza (CAE) y orientado a producir radioisótopos. Los radioisótopos son fundamentales en algunas ramas de la medicina. Por ejemplo, sirven para realizar diagnósticos por imagen y tratar cánceres malignos.
El RA-10 generaría radioisótopos para ser exportados en la región y el mundo y además produciría silicio dopado, un elemento fundamental en la industria electrónica actual. “El RA10 estaba muy cerca de terminarse. Lo desarrolló Argentina y no hay ninguno otro igual en el mundo. El tema con este reactor es que necesitás lo que se llama un laboratorio caliente al lado. Esa obra la paralizaron y dijeron que iban a buscar financiamiento. Si vos decís que la va a construir alguien es para darle a ese alguien el negocio”, asegura Saleh.
Otro activo vinculado a la industria nuclear Argentina es la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en la localidad de Arroyito (Neuquén) que se encuentra hace más de ocho años sin producir. En 2025, la CNEA y la empresa canadiense Candu Energy, junto a otros actores, firmaron un Memorando de Entendimiento.
Mariano Saleh:“Por el diseño del reactor, probablemente no va a pasar un accidente nuclear como el de Chernóbil, pero sí puede pasar que un trabajador se irradie. Además, tenemos otros riesgos. Hace cuatro años un compañero quedó electrocutado con 6 mil voltios”.
El acuerdo establece el suministro de agua pesada (que se usa como refrigerante en el sector nuclear) desde Argentina a Canadá y también la posible transferencia de tecnología hacia el país norteamericano.
“Los canadienses están enloquecidos con esta planta. Ellos quieren hacer cinco o seis rectores de última generación en todo el mundo y necesitarían muchísima agua pesada. Vinieron y dijeron: ‘te compro toda la producción, te doy plata para reactivarla y además queremos copiarla’. Esa planta está paralizada por una decisión geopolítica: el Gobierno es afín a Estados Unidos y Estados Unidos quiere boicotear a Canadá”, sostiene Saleh.
Los peligros del desmantelamiento nuclear
Otro punto crítico a la hora de hablar del desmantelamiento nuclear y de la situación de Atucha es la seguridad. “Por el diseño del reactor, probablemente no va a pasar un accidente nuclear como el de Chernóbil, pero sí puede pasar que un trabajador se irradie. Además, tenemos otros riesgos. Hace cuatro años un compañero quedó electrocutado con 6 mil voltios”, explica.
El trabajador apartado advierte además que la persecución que está sufriendo él es un ejemplo de cómo no debe manejarse una planta de este tipo. “Es peligroso que vos no puedas levantar la voz ni decir nada. En la industria nuclear te enseñan todo lo contrario. Si a vos te mandan a sacar una muestra del reactor tenés que seguir ciertos pasos personales: frenar, pensar, criticar y recién ahí accionar la tarea”, explica.
En este sentido, Saleh sostiene que “la precarización y el miedo de los trabajadores es un riesgo” para el manejo de las plantas. Y agrega sobre el rol fundamental de los operarios: “Los trabajadores también somos una barrera de protección contra los accidentes nucleares”.
4Palabras
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