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¿Subjetividades tomadas? y el último pogo ricotero

De “Casa tomada” de Julio Cortázar al “Mono” Gatica: la muerte del Indio Solari y el reencuentro de los “otros rotos” como acto de resistencia colectiva e identidad recuperada.

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Imagen ilustrativa de músico argentino Carlos "el Indio" Solari

Los acontecimientos recientemente sucedidos –la muerte del Indio Solari y el afloramiento de esa necesidad colectiva de encontrarse y encontrarnos con los «otros rotos» para recordarlo– merecen ser contados.

Recordarlo a él, a su banda y a nuestras hazañas por escucharlo y vivir los “asuntos más grandes del mundo” que nos tocaran en suerte: aquellos pogos apoteósicos, los campamentos multitudinarios, las comilonas mancomunadas de supuestos “perros”, “ponis” y otras criaturas de cuatro patas que andaban por ahí, según lo versionado por los malos relatores de los medios masivos, distorsionadores adrede de aquella realidad.

También es memorable la forma y la espesura que adquirió el pueblo ricotero y sus “Salieri” a la hora de acercarse al féretro para despedirse –y despedirnos– de aquel poeta que nos respetó hasta el final como los escuchas exquisitos de sus poesías. Y esa lluvia que insistía en mojarnos a todos por igual.

Es memorable la forma y la espesura que adquirió el pueblo ricotero y sus “Salieri” a la hora de acercarse al féretro para despedirse –y despedirnos– de aquel poeta que nos respetó hasta el final como los escuchas exquisitos de sus poesías.

También será recordado este fin de semana por el desprecio de un gobierno nacional que no se distrajo ni un momento de su fin saqueador para acompañar a una parte del pueblo tomado por el dolor de la pérdida.

Hoy vale la pena rescatar el aire fresco que trajeron estas tristes circunstancias. Porque cuando la niebla se va despejando, es como si saliéramos del cuento «Casa tomada» de Julio Cortázar: aquella casa invadida en forma gradual e inevitable por fuerzas maliciosas, desconocidas y misteriosas, que nos fue haciendo resignar espacios vitales y, con ellos, la identidad y las ganas de vivir estos tiempos.

Es como si nos corriéramos de las vías de la resignación –de la aceptación pasiva y la sumisión– y nos reinventáramos habitantes legítimos que no quieren abandonar la casa ni su pasado, y quedarse desamparados en la calle de los sin historia.

Hoy, un poco más relajados, aliviados y descansados, tenemos la sensación de que nos paramos. Y como lo grafica otra versión poética de nuestra historia fílmica, decimos: ¿Subjetividad tomada? ¡Las pelotas, señor Gatica, gorilón! (como en la película del memorable Leonardo Favio).

 

*Eduardo Urueña es psicólogo.

 

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