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Club de Mujeres Artistas: un mapa que desafía el canon patriarcal

Milagros Pochat presenta un libro que entrelaza la obra visual y la escritura de 28 creadoras del siglo XX. Frente a la exclusión histórica, reconstruye biografías y rescata testimonios de figuras centrales del arte contemporáneo. Una apuesta por la política de lo común que transforma la omisión en una red de resistencia y retroalimentación creativa.

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Imagen ilustrativa de Milagros Pochat

El libro Club de mujeres artistas, editado por Futurock, se despliega como un mapa afectivo que conecta a 28 creadoras del siglo XX. En esta obra, las fronteras entre la imagen y la palabra se mueven en un territorio anfibio y permiten que voces de distintas décadas y territorios se potencien unas a otras. 

Artista visual y gestora cultural, Milagros Pochat traslada al papel la experiencia de un espacio que creó hace unos años bajo el nombre, precisamente, de “Club de mujeres artistas”. Allí se reunían una vez por mes a conversar sobre mujeres que habían explorado la escritura. En cada encuentro presentaba dos artistas que iba descubriendo o leyendo, y de esa forma, se armó una red que fue creciendo hasta convertirse en un archivo extenso que finalmente se reunió en este libro.

Licenciada en Ciencias de la Educación, explica que la selección fue “afectiva y caprichosa”, centrada en artistas plásticas que exploraron la escritura y que se volvieron referentes de su propio trabajo y búsquedas. Como pintora que también escribe, le interesa indagar en el puente entre ambos lenguajes, sus límites y cómo logran “retroalimentarse y enriquecerse mutuamente”. 

El resultado es un libro bellísimo y de una edición muy cuidada, donde las reflexiones filosóficas, las sensibilidades y lo biográfico se entrelazan con los retratos y reversiones de obras que realiza Pochat de cada una de las artistas seleccionadas.

 

¿Cuál fue el desafío más grande al reconstruir historias de mujeres que, en muchos casos, fueron omitidas por la historiografía oficial del arte?

Justamente esa omisión genera complejidades en muchos sentidos, desde la falta de sistematización en su archivo (tanto escrito como visual), como por ejemplo que muchas de ellas no han sido traducidas. Por eso, como cuento en el libro, en muchos casos llegué a ellas por casualidad y fue un trabajo de mucho tiempo y curiosidad reunirlas, conocer proyectos editoriales que las publicaban, hasta incluso pedirle a personas cercanas que las tradujeran para poder presentarlas en el libro. La exclusión de mujeres en el arte fue una operación sistemática que afecta en distintas escalas y este proyecto busca exponer al menos algunas de esas cuestiones y desafíos que aún están vigentes.

Incluso mencionás que figuras que hoy son iconos globales, como Frida Kahlo, pasaron décadas fuera del canon oficial. ¿Qué descubriste sobre los mecanismos de poder que permitieron que nombres tan potentes fueran ignorados o menospreciados durante tanto tiempo?

El caso de Frida es muy particular porque es un ícono popular tanto en México como en el mundo, pero el sistema patriarcal ha designado la idea de “grandeza”, “genio” o “maestro” a los varones, por lo que incluso artistas tan populares quedan excluidas de esas categorías ya que también son patriarcales las representaciones sobre lo “femenino”. Por ende no es una cuestión meramente de invisibilización sino de cuestionamiento sobre cómo son vistas estas mujeres. Muchas de las que menciono en el libro son conocidas mundialmente pero me interesa plantear de qué forma lo son, por eso se abren muchas otras preguntas que atraviesan todo el proyecto, y que claro… no pertenecen únicamente al campo del arte.

¿Cuánto de los obstáculos que señalás en el libro persisten hoy en las instituciones artísticas contemporáneas?

La mayoría siguen vigentes aunque se haya avanzado en materia de derechos. El problema de la igualdad sigue abierto en todas las escalas institucionales y de la sociedad en general, sobre todo en estos tiempos. Por eso es importante persistir en esa lucha, no solo en la inclusión sino también en mejorar las condiciones laborales ya que en el campo del arte se reproducen muchas violencias que como mujeres atravesamos. Es fundamental pensar en el arte no como un territorio aislado sino en relación a todas las esferas de la vida social y a nuestros roles como mujeres tanto públicos como privados. 

“Lo nombro “club”, para recuperar la idea de comunidad, de lazos, de que el arte es un espacio de construcción colectiva. Más allá de cada historia y cada artista en particular, hay una idea de reunión, de red, de ronda. Ese, tal vez, sea el sentido de este libro y de todo mi trabajo”, dice Milagros Pochat.

Citás la frase de Anne Truit, “la intemperie quiere decir: soy artista”. Incluso una exposición tuya llevó el título “La intemperie es una soledad. El amor es un adentro” en base a un poema de Susana Villalba. ¿Qué representa para vos esa noción de la “intemperie”?

Como mujeres, esa idea de intemperie la podemos pensar en muchos sentidos, tanto desde lo personal como lo colectivo. Esa falta de lugar propio, de búsqueda constante, de soledades. Anne Truitt también dice: “No tengo ningún hogar más que yo misma”. Quizá este proyecto sea ese hogar donde hacer que todas formemos parte, me gusta pensarlo así.

¿Cuáles fueron los desafíos más grandes a la hora de reversionar obras de las artistas reseñadas?

Llegar al corazón de su obra, captar su trabajo desde una mirada propia. Fue un desafío pero también una gran emoción pintarlas.

El título de club sugiere la idea de comunidad. De hecho, hablás de una «política de lo común». ¿Por qué te interesa recuperar o, mejor, proponer ese concepto en este presente atravesado por guerras y discursos de exclusión?

Ese es el propósito central de este proyecto: por eso lo nombro “club”, para recuperar la idea de comunidad, de lazos, de que el arte es un espacio de construcción colectiva. Más allá de cada historia y cada artista en particular, hay una idea de reunión, de red, de ronda. Ese, tal vez, sea el sentido de este libro y de todo mi trabajo.

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