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Ropa en fardo importada: de la industria nacional a la Argentina de segunda mano 

El fenómeno de los fardos importados que jaquea a la industria nacional. Con la producción local en mínimos históricos y más de 28.000 empleos perdidos, la llegada masiva de ropa usada de descarte no solo revela la caída del poder adquisitivo, sino que amenaza con convertir al país en el próximo basural textil de la región.

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Una peluquera comenta que está vendiendo en un grupo de WhatsApp ropa usada que importa en fardos. En Tik Tok un chico habla frente a cámara recorriendo un galpón lleno de bolsas con prendas y dice que “un fardo serio” debe estar “bien prensado” con cintas de plástico. Alguien cercano muestra que compró a precios módicos un short deportivo y una campera que parece ser de una empresa estatal de Estados Unidos o algo así. Las escenas cotidianas aparecen como un síntoma de época, como pistas que dan cuenta de otras cosas que pasan: la falta de poder adquisitivo para adquirir vestimenta, la apertura indiscriminada de importaciones y la crisis que afronta la producción textil nacional.  

“El sector textil ya hace dos años que está en contracción. La producción está en caída. En enero se llegó al punto más bajo de uso de capacidad instalada, con excepción de un mes de la pandemia, con un 23%. El principal problema es que no se vende. Los datos hasta noviembre del año pasado, señalan que cerraron más de 500 pymes y se perdieron unos 19.000 puestos de trabajo”, le cuenta a 4Palabras la economista y directora ejecutiva de la Fundación Pro Tejer, Priscila Makari.

Pro Tejer es una organización sin fines de lucro que apunta a potenciar la cadena de valor agro-industrial textil y de confecciones del país. A fines del año pasado, la fundación presentó un informe sobre el vertiginoso incremento de la importación de ropa usada que hubo entre 2024 y 2025, advirtiendo sobre los riesgos ambientales (más allá del impacto a la industria local) que esto conlleva.

El temor del basural del desierto

En el Google Maps hay un lugar que está marcado como “Montaña de Ropa”. Ese sitio queda en las afueras de la comuna chilena de Alto Hospicio, en el desierto de Atacama. Con la aplicación en modo “satélite”, puede verse un gran basural de telas, como una mancha en medio de las dunas de color marrón claro.

Se estima que cada año se importan a esa zona de Chile en contenedores unas 59.000 toneladas de ropa usada provenientes de Estados Unidos y Europa. Allí, quienes las comercializan suelen hacer tres selecciones, desechando las prendas en peor estado. Según distintos informes periodísticos, esas toneladas de prendas están arrumbadas en el desierto.

En Argentina, la importación de la ropa usada estuvo prohibida por decretos impulsados en 2010 y 2017. Sin embargo, tras el fin de las restricciones en 2022 y el ascenso al gobierno de Javier Milei, tuvieron un incremento exponencial en los últimos dos años. En su informe de diciembre pasado, la fundación Pro Tejer señala que el cambio de tendencia se inició en 2024 y que la “expansión definitiva” fue en 2025 cuando las importaciones de ropa usada ascendieron a 4.628.008 kilos (frente a 24.216 del año anterior).

Los fardos de ropa usada se venden en internet por peso o cantidad de prendas. En general, vienen divididos en clasificaciones (medida, estilo o marca) y por nivel de conservación (de primera o de segunda). En Tik Tok, donde abundan los emprendimientos del estilo, hay lotes deportivos, de adultos o “Nike”, entre otras categorías, y el kilogramo de ropa se puede conseguir a 20 mil pesos. Las prendas de estos lotes suelen ser revendidas en ferias o puestos callejeros.

La importación de esas prendas usadas está relacionada al modelo de producción de ropa de bajo costo fast fashion que se da en países desarrollados. Makari explica que, en esos lugares, “la gente las usa dos o tres veces y las descarta” y que los desechos textiles pasan a representar un problema ambiental. Entonces, la solución termina siendo la exportación. “Uno de los países que recibe estos desechos es Chile y ahora está ingresando también a la Argentina. Más del 80% viene por la aduana Jujuy, proveniente de Chile mismo”, señala la referente de Pro Tejer.

“Esta ropa supone un pasivo ambiental porque va a ir a la basura en muy poco tiempo (dada su baja calidad) y en general está hecha de materiales sintéticos que contaminan mucho el suelo, el agua, la tierra y el aire. Además, es un riesgo para la salud humana, porque suelen estar teñidas con químicos que no sabemos si son tóxicos o no”, explica Makari.

“Nosotros entendemos que esta ropa supone un pasivo ambiental porque va a ir a la basura en muy poco tiempo (dada su baja calidad) y en general está hecha de materiales sintéticos que contaminan mucho el suelo, el agua, la tierra y el aire. Además, es un riesgo para la salud humana, porque suelen estar teñidas con químicos que no sabemos si son tóxicos o no”, explica Makari. Y agrega: “Si nosotros sostenemos como país el permiso de ingreso de ropa usada, en algunos años seguramente vamos a ver un fenómeno como el de Atacama”.

La producción textil requiere de ingenieros, diseñadores y operarios, pero también de materia prima y máquinas que funcionen bien. Makari advierte que Argentina integra una lista corta de países que cumple con toda la cadena de valor del rubro. “Tiene mucha historia, mucho arraigo territorial y mucha gente alrededor trabajando. Es un sector que genera 540 mil puestos de trabajo en casi todas las provincias”, explica.

La referente de Pro Tejer también señala que el rubro cuenta actualmente con tecnología de última generación en los eslabones de hilo, tela y tintorería, y con “buenos profesionales que son requeridos en el mundo”. La mayor parte de lo que se produce en Argentina tiene como destino el mercado local, pero las exportaciones podrían incrementarse con “un modelo estable y condiciones que incentiven el agregado valor”.

Tenemos todo: fibras naturales de primera calidad (algodón, camélidos, lana), tenemos diseñadores e ingenieros de primer nivel y hoy las fábricas tienen la última tecnología del mercado. Con las condiciones adecuadas, podríamos exportar muchísimo más”.

El panorama real actual para el sector es otro. Está marcado por el cierre de pymes, pérdidas de puestos de trabajo y retracción en el uso de sus máquinas. Las principales causas de esta situación son el achicamiento del mercado por la caída del consumo y un gran crecimiento de la importación tras la baja de aranceles (pasaron del 35% al 20%) decretada el año pasado por el Gobierno. “Hoy es 70% importado y 30% nacional. Encima es en un mercado mucho más chico porque no hay consumo”, explica Makari.

Un informe que elaboró Federico Cerutti, de Page Manager, señala que en 2025 se importaron 391.676 toneladas de productos del rubro textil, lo que representa un aumento del 71% en cantidades y del 52% en valores con respecto al periodo anterior. A las importaciones tradicionales y la de ropa usada, se suman aquellas compras internacionales que se dan por plataformas como Temu y Shein. “El crecimiento es muy grande de plataformas y no tienen ningún control”, aseguran desde Pro Tejer.

En este marco, la Cámara Argentina Industrial de la Indumentaria, con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, sostuvo en un documento presentado el pasado marzo que entre 2024 y 2025 cerraron sus persianas 303 empresas de confección de ropa y 1.644 comercios de venta de prendas. Ese informe habla de “28.924 puestos de trabajo registrados destruidos” en la cadena textil, de indumentaria y afines. 

Makari recuerda otras contracciones que tuvo el sector en los noventa y durante la gestión de Mauricio Macri. Entonces, explica que los costos de la situación van más allá de lo coyuntural, ya que las máquinas que no se usan empiezan a estropearse y los despidos generan fuga de saberes. “Se va perdiendo conocimiento y capital que después es muy difícil recomponer. Lleva muchos años reconstruir lo que se destruye en uno”, se lamenta. 

 

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