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La memoria convoca por la dignidad
La génesis de la convocatoria por la memoria, los derechos humanos y en defensa de la democracia. Un anclaje ético por encima de la impotencia y la confusión. Una fecha que corre el margen, lo amplía porque tiene carga simbólica y de identidad civilizatoria.
- marzo 18, 2026
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Dicen que habrá amnistía a los genocidas, que sacarán la secretaría de Derechos Humanos de la ex ESMA y que la disputa entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel se convertirá en un campeonato contra los juicios de lesa humanidad. Es el contexto de la marcha del 24 de marzo de este año.
Es difícil que haya amnistía o indulto porque la Constitución y los tratados internacionales son muy explícitos al advertir que los crímenes de lesa humanidad no se pueden amnistiar ni indultar. Pero aunque sólo se trate de versiones, el sólo hecho de que vuelva a hablarse de temas horrorosos resulta una amenaza.
Durante los primeros años de la democracia, la fecha de reivindicacvión de los derechos humanos fue en la Marcha de la Resistencia, en diciembre. La primera vez que se convocó en forma masiva para el 24 de marzo, fue en 1996. El menemismo había amnistiado a los comandantes presos y los juicios por la represión en Argentina habían comenzado en España. En Buenos Aires estaban de visita los fiscales españoles y había que respaldar masivamente los juicios que comenzaban en España.
La convocatoria excedió las expectativas. Habían surgido comisiones de derechos humanos en los barrios, en las escuelas y las facultades, en los gremios. La fecha tenía una carga simbólica que duplicaba su fuerza, porque unía la reivindicación de los derechos humanos al repudio a la dictadura y la defensa de la democracia. Democracia y derechos humanos como elementos fundidos en una sola convocatoria. Ese maridaje se constituyó en la característica fundamental del proceso democrático que se había abierto a fines de 1983. Más democracia, más derechos. Menos derechos, menos democracia.
La carga didáctica del 24 de marzo como fecha convocante es tan fuerte que ha funcionado como ordenador. Funcionó por encima de la impotencia y de la confusión, lo que facilitó un hito de amarre para construir a partir de ese anclaje ético.
A partir de aquella primera convocatoria masiva, comenzó un proceso de acumulación que formó un sedimento cultural para una mayoría. Progre y no progre. Popular y más allá también. La dictadura no, el horror de la tortura no, los secuestros y la apropiación de niños no, democracia sí, derechos sí.
Hay muchos “no” y muchos sí acumulados en esa fecha, año tras año. Siempre será más que cada fuerza, partido o movimiento individual que participe. Es una fecha que corre el margen, lo amplía. Tiene carga simbólica y de identidad civilizatoria.
La marcha del 24 de marzo es una convocatoria amplia, no partidista, pueden participar de todas l as ideologías y partidos políticos. Pero esta vez será una marcha opositora porque defender derechos y reivindicar la memoria va en el sentido opuesto al de este gobierno que concibe a los derechos como restrictivos porque, efectivamente, restringen privilegios.
En un contexto de confusión, esas definiciones son luz, abren una ventana, aunque sea mínima. Y sobrellevan la impotencia del que “aunque vaya, no cambio nada”, porque además es muy fuerte el significado identitario: “aunque no cambie nada, yo pienso esto y estoy con los que piensan así”.
El desconocimiento a los derechos humanos, como sucede en el gobierno de Milei, forma parte de una constelación de otras negaciones. Si se desconocen los derechos humanos, se desconocen también los derechos de los trabajadores, de la infancia, de los enfermos y discapacitados, los derechos de género y de los ancianos, los derechos a la salud, a la educación, son todos derechos que expresan la aspiración a una vida digna como un derecho humano.
La marcha del 24 de marzo es una convocatoria amplia, no partidista, pueden participar de todas las ideologías y partidos políticos. Pero esta vez será una marcha opositora porque defender derechos y reivindicar la memoria va en el sentido opuesto al de este gobierno que concibe a los derechos como restrictivos porque, efectivamente, restringen privilegios.
Muchos argentinos mantienen expectativas en las falsas promesas del gobierno que los ha convencido que deben sufrir más si quieren mejorar. Y cada día están peor, aferrados a esa falsa expectativa. Para que reaccionen, primero deberán romper esa ilusión que los lleva a la destrucción. Pero nadie quiere perder una ilusión porque es doloroso corroborar que se apostó mucho a una mentira.
Córdoba se ha convertido en el corazón reaccionario que respalda a Milei. Es la provincia donde tiene más alta imagen positiva. Allí acaban de identificar restos humanos en las fosas comunes donde fueron enterradas las miles de víctimas que pasaron por el campo clandestino de concentración de La Perla durante la dictadura.
Es la fuerza poderosa de la memoria que aparece donde más se la necesita. En el corazón de un gobierno negacionista y pro dictadura, y en los días previos a la gran convocatoria surgieron doce nombres para devolver la identidad a doce desaparecidos. Es una convocatoria a marchar el 24 de marzo. Doce nombres que dicen: no nos olviden. La memoria rescata a los pueblos que la preservan.
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