Argentina / 2 abril 2026

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Pascua: el hecho político de celebrar cuando todo parece perdido

En la Argentina de abril de 2026, la Semana Santa y el Pésaj no son simples celebraciones religiosas; son un catalizador de nuestras tensiones sociales. Tras un bienio de reconfiguración económica donde la pobreza y la informalidad aumentaron, la esperanza deja de ser un ejercicio espiritual para transformarse en una urgencia civil. Según estadísticas recientes, gran parte de la sociedad debió recortar gastos básicos, mientras el consumo de carne vacuna cayó a mínimos históricos. En este escenario, lo celebrativo se vuelve un acto de resistencia.

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Imagen ilustrativa de manos unidas de distintas personas
Pésaj: El «Séder» de la libertad colectiva

El Pésaj conmemora el paso de la servidumbre a la libertad del pueblo de Israel en Egipto. No es un evento estático: se vive en el Séder, la cena ritual donde se relata la Hagadá (la historia de la liberación) para que las nuevas generaciones no olviden. Como señala la tradición, este «salto» (Pasaj) hacia la libertad fue un acto masivo. Dios no liberó a un individuo, sino a un pueblo.

Esta «salvación colectiva» choca contra el individualismo feroz de un modelo que hoy se desentiende de la vida digna, evidenciado en la represión a jubilados y los recortes a personas con discapacidad. El pan de la aflicción (Matzá), que se consume porque no hubo tiempo para que la masa leudara en la huida, simboliza hoy la urgencia de quienes no pueden esperar más. Frente a la cultura del descarte, el Pésaj es un llamado a construir espacios de resistencia común.

Pascua de Resurrección: Justicia frente al poder

Para los cristianos, la Pascua es justicia divina frente a la arbitrariedad del poder. Se recuerda el juicio injusto y el asesinato de Jesús por el Imperio Romano, pero sobre todo la respuesta de Dios en su resurrección. En Argentina, este 2026 coincide con los 50 años del golpe de Estado de 1976, la dictadura más cruel que dio origen a un genocidio orquestado por poderosos que hoy, travistiendo la justicia, intentan volver.

Hacer memoria no es evitar un «Alzheimer social», sino mirar de frente los crímenes que disolvieron los cimientos de la patria. El pecado mortal de hoy resuena en un modelo de «motosierra» que ajusta sobre jubilados, quienes destinan gran parte de su ingreso a medicamentos, reprime en las plazas y persigue a minorías. La resurrección de Jesús es la fuerza para denunciar que la crueldad no tiene la última palabra; nuestra esperanza está en esa resurrección de los pueblos.

El teólogo Jon Sobrino acuñó el término «honrados con lo real». La realidad hoy es dramática: un modelo de ganancia excesiva para pocos que genera un «genocidio ecológico» y una justicia de «doble vara» que blinda funcionarios mientras estigmatiza la protesta. Asistimos a una persecución judicial escandalosa contra la principal referente de la oposición, condenada mediáticamente antes del fallo y a su vez, condenada por el primer mandatario en cadena nacional sin haber empezado el juicio. Mientras tanto, se niegan recursos básicos de salud en prisión a dirigentes como Julio De Vido, al tiempo que el silencio rodea causas como el «Adorni-gate», $Libra o Andis. El insulto y la discriminación provienen de una clase política cuyo rol era cuidarnos, pero que hoy solo se cuida a sí misma.

DEl pecado mortal de hoy resuena en un modelo de «motosierra» que ajusta sobre jubilados, quienes destinan gran parte de su ingreso a medicamentos, reprime en las plazas y persigue a minorías. La resurrección de Jesús es la fuerza para denunciar que la crueldad no tiene la última palabra; nuestra esperanza está en esa resurrección de los pueblos.

El pecado mortal de hoy resuena en un modelo de "motosierra" que ajusta sobre jubilados, quienes destinan gran parte de su ingreso a medicamentos, reprime en las plazas y persigue a minorías. La resurrección de Jesús es la fuerza para denunciar que la crueldad no tiene la última palabra; nuestra esperanza está en esa resurrección de los pueblos.

Ser honrados con lo real implica encarnarse en la realidad, aunque sea dolorosa, porque solo allí se encuentra el camino a la liberación. Es necesario salir de un sendero de muerte que propone reformas laborales esclavizantes y la baja de la edad de punibilidad. Reivindicar la justicia social es el único valor capaz de levantar a los crucificados de nuestra patria.

Cuando decimos ¡Nunca más!, no cerramos una etapa, la comenzamos. Nunca más a modelos que excluyan a los débiles; nunca más a la violencia contra el que piensa distinto. La sangre derramada en nuestro suelo debe ser siembra de una patria creciente en justicia. Porque, aunque el presente sea doloroso, la lealtad al pueblo de los pobres es el único rumbo hacia la verdadera resurrección.

Lautaro Belloni es sacerdote católico e integra el Grupo de Curas en la Opción por las y los Pobres. Docente de Filosofía y materias técnicas. Estudiante de Periodismo y Gestión de Contenidos en ETER.

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