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Christian Dürr: “El gobierno busca devolverle ‘legitimidad’ a la dictadura y, de este modo, legitimar la política represiva en el presente”
Christian Dürr, filósofo e historiador austríaco, habla desde su experiencia como curador del Memorial de Mauthausen (Austria) campo de concentración nazi y a partir de su vasto conocimiento de sitios y espacios de memoria donde las sociedades fueron atravesadas por crímenes de lesa humanidad. Es autor del libro Memorias incómodas. El dispositivo de la desaparición y el testimonio de las sobrevivientes de los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Extermino.
- marzo 20, 2026
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A 50 años del golpe que implantó el terrorismo de Estado y consumó un genocidio en Argentina, ¿cuál es tu opinión respecto a las actuales políticas de Estado que se están implementando o cuáles son las herencias y continuidades que se pueden vislumbrar?
La política de Estado del actual gobierno argentino se puede analizar en distintos niveles. En términos de política global presenciamos un total sometimiento a un bloque de poder dominado por Estados Unidos. En términos de política económica vemos una desindustrialización que va acompañada por el abandono de la educación pública y la ciencia con el fin de fortalecer los sectores de materias primas y de finanzas. O sea, se busca “la plata rápida”. En términos de política de seguridad vemos represión y en términos de política de memoria su desmantelamiento.
Lo que me parece grave es cómo este gobierno, desde sus primeros momentos, intentó criminalizar y deslegitimar no solo a sus oponentes políticos sino a lo político como tal. Quieren despolitizar a la sociedad para darle rienda suelta a lo que ellos denominan el “libre mercado”. Quieren manejar el país como si fuera una empresa, mientras que reprimen– en las redes y en las calles– violentamente a los que persiguen otra visión de lo político. La visión de este gobierno es la de una sociedad donde rija la ley del (económicamente) más fuerte, “libre” de cualquier responsabilidad social.
Un camino parecido ya lo había tomado la última dictadura cívico-militar, entonces con medidas todavía mucho más drásticas. La dictadura, a través del terror y la “reorganización” violenta de la sociedad, convirtió lo político en un territorio de vida o muerte. A través del negacionismo y la distorsión de la historia, el actual gobierno busca devolverle “legitimidad” a la dictadura y, de este modo, legitimar la política represiva en el presente.
El 24 de marzo de 2024, por primera vez desde el retorno a la democracia, el gobierno nacional le da a la consigna “memoria completa” el estatus de memoria oficial. ¿Cuál es tu parecer sobre esta construcción argumental que intenta contraponerse a la histórica “memoria, verdad, justicia”?
Dicho de forma muy general, la idea y el concepto de una “historia completa” me parecen razonables y necesarios si sirven para que la historia, con toda su complejidad, se entienda mejor. Un ejemplo: la historia de Europa no se puede pensar sin su contracara, la colonización de otros continentes por los países europeos. Articular ambas perspectivas hace más completa la historia que narramos.
Dicho esto, lo que hay que constatar con respecto al concepto de la “memoria completa” como lo va promoviendo la derecha argentina es que es un término engañoso. No se propone evaluar la historia argentina de los ´70 y sus relaciones de fuerza socio-políticas en su totalidad. Lo que hace, más bien, es equiparar lo no equiparable. Trata de minimizar u opacar una parte de esta historia – los crímenes de Estado cometidos por los militares y sus colaboradores – mientras que corre el énfasis en y agranda otra – la lucha armada de los grupos políticos contra el Estado opresivo.
De este modo, la derecha busca invertir la comprensión de la relación causa–consecuencia, vigente desde el fin de la dictadura. Va incluso más allá de la antigua “teoría de los dos demonios”, porque trata de instalar la idea de que la dictadura y sus crímenes fueron la consecuencia necesaria e inevitable de la lucha armada de los grupos políticos. A través de esta distorsión de la historia busca exculpar a los militares y sus secuaces de sus crímenes.
Quiero aclarar mi postura con un ejemplo del contexto austríaco. ¿Estoy a favor de que se investiguen los crímenes cometidos por las fuerzas ocupadoras, particularmente las soviéticas, después del fin de la Segunda Guerra Mundial en territorio austríaco? Por supuesto que sí, siempre y cuando esto no se utilice para minimizar los crímenes nazis ni para relativizar la responsabilidad fundamental alemana-austríaca en la Segunda Guerra Mundial.
“Quieren despolitizar a la sociedad para darle rienda suelta a lo que ellos denominan el “libre mercado”. Quieren manejar el país como si fuera una empresa, mientras que reprimen –en las redes y en las calles– violentamente a los que persiguen otra visión de lo político”. Christian Dürr
En el contexto geopolítico actual, no sólo en Argentina, se está dando un progresivo autoritarismo, negacionismo, reactualización del enemigo interno y naturalización de la violencia contra las democracias. ¿Cómo imaginás el devenir futuro, o cuáles serían desde tu perspectiva las fortalezas y debilidades de este presente, ante la incompatibilidad de estos escenarios y la convivencia democrática y de los derechos humanos?
Figuras como Trump, Milei, o los líderes de la extrema derecha en Europa son la expresión de la duradera crisis mundial del capitalismo. Esta se manifiesta, por un lado, en las múltiples crisis económicas que vivimos en los últimos veinte años a nivel global; por otro, en una profunda crisis social, en la alienación de los individuos dentro de este sistema, que cada vez menos tiene la capacidad de promover una supervivencia digna, y mucho menos una buena vida, para todos y todas.
Este capitalismo en crisis, profundizado en décadas de neoliberalismo, ya no lleva ninguna promesa para la gente. Frente a esta situación crece la derecha disruptiva y autoritaria. Unos, como Milei, optan paradójicamente por la radicalización del capitalismo: la mercantilización total y forzada de la comunidad y una visión de una sociedad “meritocrática”, elitista y autoritaria, que promete la posibilidad de ascenso social para todos, sabiendo que solo unos pocos podrán alcanzarlo. Otros, como la extrema derecha europea, se niegan a un debate serio sobre los orígenes de la crisis del capitalismo, mientras que buscan la salida a través de una regresiva política identitaria cultural, marcando a “los inmigrantes” como la causa de todos los problemas del “occidente”. Ambas políticas prometen soluciones simples. Y en la medida que marcan a un enemigo político absoluto –“la casta”, “los extranjeros”– ambas llevan al autoritarismo.
Frente a esto, la izquierda, el progresismo mundial hace mucho que no tiene respuestas. Le faltan ofertas políticas para la gente que va votando cada vez más a la derecha, y le falta una visión de la sociedad más allá del sistema capitalista. Para ser sincero, no veo ninguna salida rápida de esta situación. Hay que mantener la esperanza de que de los escombros de la antigua izquierda, del antiguo progresismo, un día nazca algo nuevo. Mientras tanto hay que seguir buscando salidas y articular fuerzas.
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