Argentina / 27 marzo 2026

temperature icon 24°C
Edit Template
  • Sociedad
  • /
  • Disminución de la natalidad en Argentina

Disminución de la natalidad en Argentina: ¿venganza de una historia plagada de machismo y/o estado ausente?

Las tasas de natalidad y fecundidad descienden en forma muy importante así como aumenta la expectativa de vivir algunos años más. Si esto se mantiene, tendremos en pocos años una población envejecida y escasos aportes para jubilaciones y para las obras sociales, prepagos y sistema público, de lxs trabajadorxs, los cual haría tambalear la seguridad social y por supuesto todo el sistema de Salud Pública.

Compartir:

Compartir:

Imagen ilustrativa de bebé recién nacido

Los hechos muestran que, en Argentina, desde hace más de cien años la tasa de natalidad viene cayendo, sin embargo, en los últimos diez años la pendiente se hizo más pronunciada bajando desde los 17,9 nacimientos vivos por cada mil habitantes en el 2015 hasta los 10,7 de 2022. Esto implica una caída del 40% en dicha tasa en tan solo 7 años (Batista, 2025).

 

Hay algunos términos que conviene conocer para interpretar mejor la información que se puede leer en este artículo o en cualquier otro.

 

Cuando se plantea la tasa de natalidad se dice cuantxs nacidxs vivxs hay cada 1000 habitantes, en un territorio determinado y en el lapso de un año. Mientras que la tasa de fecundidad informa el promedio de hijos cada 1000 personas con capacidad de gestar (15 a 49 años) en un territorio determinado y en un año. Por último hay que tener en cuenta el nivel de reemplazo que es el número necesario de hijxs por personas con capacidad de gestar para que una generación reemplace a la otra, sin el componente migratorio. Ese número crítico es de 2,1 hijxs por persona con capacidad de gestar. Si ese número crece, la población aumenta pero si es menor, la población comienza a decrecer. Las modificaciones en la natalidad y la mortalidad originan los cambios demográficos o sea la posibilidad de crecimiento, estancamiento o decrecimiento de la población.

 

Entre 1930 y 1960 en América Latina y el Caribe ocurre el primer cambio o transición demográfica pasando de una alta natalidad y mortalidad a una disminución de la mortalidad generando un crecimiento poblacional ya que la tasa de natalidad continuaba en los niveles que estaba. Esta transición continuó modificándose debido a distintas variables y pasó a disminuir no solo la mortalidad sino la natalidad y la fecundidad.  

 

La caída de la fecundidad en la región es un fenómeno sin precedentes: la tasa global de fecundidad cayó a la mitad entre 1950 y 1995, pasando de 5,8 a 2,9 hijos por mujer. Esta tasa alcanzó el nivel de reemplazo (2,1 hijos por mujer) en 2014 y llegó a 1,8 hijos por mujer en 2024.

La caída obedeció a múltiples factores como la urbanización masiva, la industrialización, el aumento de posibilidad de educación, el desarrollo económico, el mejoramiento de las condiciones sanitarias a través de la revalorización de la Salud Pública o, como se denomina también en Latinoamérica, la Medicina Social/Salud Colectiva. Esta concepción de salud tuvo acciones macro como mejoramiento de cobertura de agua potable, cloacas, vacunación, etc. y micro como la aparición de los anticonceptivos orales en 1960.

La autorrealización personal, proyectos de vida, mayor equidad entre mujeres y hombres en los distintos trabajos aportaron más a la baja de fecundidad. Existe, además, lo que se denomina “penalización de la maternidad” donde las mujeres no tienen las mismas posibilidades de trabajo que los hombres y lo que la CEPAL ha denominado la “crisis de los cuidados” ya que las mujeres continúan haciendo cargo del “triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados”.

Algunos autores señalan que los cambios culturales, el individualismo, la “desacralización, la secularización, la racionalización y la igualación de derechos, incluidas las mujeres”  (CEPAL, 2025) también modificaron la natalidad y la fecundidad. En Argentina, en este último periodo del gobierno de Milei la angustia colectiva, el endeudamiento familiar a extremos de no retorno, los discursos de ultraderecha exaltando hasta el éxtasis el individualismo y la fragmentación social y comunitaria han contribuido aún más a la disminución de la natalidad y fecundidad (Dueñas, 2026).

Fue en el siglo XX  cuando se  alcanzó el estado de verdadera revolución con la lucha de las mujeres por la decisión de adueñarse de sus cuerpos y decidir qué hacer con ellos y eso aportó a una toma de poder  que contribuyó a decidir, por fuera de los mandatos parentales, sociales y culturales, si iban a tener hijos y cuantos. 

La autorrealización personal, proyectos de vida, mayor equidad entre mujeres y hombres en los distintos trabajos aportaron más a la baja de fecundidad. Existe, además, lo que se denomina “penalización de la maternidad” donde las mujeres no tienen las mismas posibilidades de trabajo que los hombres y lo que la CEPAL ha denominado la “crisis de los cuidados” ya que las mujeres continúan haciendo cargo del “triple de tiempo  que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados”.

Otras de las causas fundamentales de la disminución de la natalidad y fecundidad en Latinoamérica y especialmente en nuestro país son la inseguridad económica, la creciente tasa de desempleo, la precarización laboral, la disminución, la incertidumbre económica, la pérdida de los derechos laborales en trabajadorxs precarizados, la drástica disminución del estado Nacional en la Salud Pública.  Estas condiciones son parte del retraso en la edad de gestar lo cual, luego, se comporta como una barrera biológica para tener hijxs. En Argentina la edad promedio de personas gestantes para tener su primer hijxs se ha corrido a los 26-27 años. 

El  retraso de la maternidad o la decisión de no tener hijxs o tener uno tiene también orígenes positivos como el respeto a la decisión de las personas con capacidad de gestar de embarazarse o de abortar un embarazo. Esto se relaciona directamente con la implementación de políticas públicas como la IVE-ILE (2021) que no solo disminuyeron la cantidad de embarazos no deseados sino la morbimortalidad materna por abortos realizados sin el sostén del sistema de salud.

Sin embargo estos niveles de disminución de fecundidad son menores en las poblaciones con ingresos más bajos y más vulneradas ya que tienen mayores barreras al acceso a la educación, trabajo remunerado y sistema de salud y por lo tanto a lograr, a través de distintos métodos, la posibilidad de decidir cuando embarazarse.  La población urbana tiene menores tasas de fecundidad que la rural. 

Existe en el mandato familiar-social la reproducción de la vida como ideal de la familia, lxs hijxs como corolario del deseo de felicidad, por supuesto a cargo de la mujer. Por otro lado, el discurso ultraderechista propone individualismo, emprendedurismo, ausencia de soporte (derecho) laboral, salvarse solx, disfrute de lo material, desaparición de las redes comunitarias por la exacerbación de las redes virtuales.

Ninguna de las políticas públicas por si sola mejora la situación del descenso de la natalidad y fecundidad. No todas las políticas tienen que ver con el apoyo financiero, económico o material. Algunas muy importantes se relacionan con cambios culturales que implican directamente la no discriminación por sexo, la igualdad laboral y en los hogares, la existencia de instituciones de cuidados de niñas y niños.

Esta contradicción no anula el mandato; por el contrario, lo intensifica al convertirlo en una fuente de conflicto psíquico, donde la decisión de no tener hijos puede vivirse no como una elección libre, sino como un fracaso personal frente a expectativas internalizadas (Dueñas, 2026).

La disminución de la natalidad y fecundidad implican necesariamente una población cada vez más envejecida, con disminución de trabajadorxs y lo cual repercute en los sistemas de seguridad social (jubilaciones, por ejemplo), sistema de salud pública, caída del consumo, achicamiento de economías, etc. 

 

Políticas públicas destinadas a facilitar la decisión de maternar

Ninguna de las políticas públicas por si sola mejora la situación del descenso de la natalidad y fecundidad. No todas las políticas tienen que ver con el apoyo financiero, económico o material. Algunas muy importantes se relacionan con cambios culturales que implican directamente la no discriminación por sexo, la igualdad laboral y en los hogares, la existencia de instituciones de cuidados de niñas y niños.

 

El apoyo financiero tiene más efectividad en población que desea maternar y paternar con menores recursos. En Argentina existe la  Asignación por Embarazo para Protección Social (ANSES) (2011), la Asignación Familiar por Prenatal (ANSES), (1996), el Complemento Leche del Plan 1000 días (2021),  que garantiza la provisión de leche y otros alimentos a embarazadas, la Asignación por Nacimiento y Adopción en Argentina (1996). 

 

Los cuidados de niñxs para permitir que las /os madres y padres trabajen son esenciales a la hora de evaluar la posibilidad de tener hijxs. “No obstante, Gauthier y Gietel-Basten (2024) advierten que para que estos efectos sean sostenibles, se requiere no solo ampliar la cobertura, sino también asegurar la calidad, la continuidad y la profesionalización del cuidado infantil” (CEPAL 2025).  Queda muy manifiesto la inequidad existente en las tareas de cuidado de los hijxs en Argentina lo cual interfiere directamente en la vida laboral de las personas gestantes.

 

La adaptación de los tiempos de trabajo, para mayor permanencia de madre o padre en los hogares a través del trabajo a distancia, reducción de horarios o adaptación de los mismos también contribuirían a aumentar la fecundidad.

 

En Argentina existen otras políticas públicas, que si bien son focalizadas hacia las poblaciones de menos recursos colaboran  con la decisión de tener hijxs y poder sostenerlos (plan Qunitas, 2015; Asignación por Embarazo para la Protección Social y AUH, 2009).  Si se pone la mirada en los años que se promulgaron estas políticas fueron en períodos de gobiernos progresistas que en mayor o menor medida propiciaban la presencia del estado como condición necesaria para la equidad y la igualdad del pueblo.

 

La disminución de la natalidad y fecundidad tiene, como se planteó, varias causas. Algunas originadas en el posibilidad concreta de las personas con capacidad de gestar sobre sus cuerpos aun en contra de los mandatos sociales y culturales. Otras originadas en la falta de soporte económico, laboral, de cuidados, inequidades.  La realidad es que todas estas cuestiones no deberían ser abordadas desde la individualidad sino que deberían ser producto de reflexiones y decisiones comunitarias ya que, como se esbozó en otro artículo, nacer, desarrollarse, vivir y morir son fenómenos comunitarios.

Marcos Jaureguizar es médico generalista.  MP: 81158

4Palabras

 

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: