Argentina / 13 marzo 2026

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Menú de tres pasos: locales con valores gustosos

San Telmo y el Centro porteño esconden mesas con identidad. Grapín, Ifigenia y Pride son locales que apuestan por la inclusión, la calidez barrial y una gastronomía con memoria. Platos contundentes y espacios seguros para disfrutar de una experiencia con valor real.

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Imagen ilustrativa de tres bares

Grapín (Bolívar 938, San Telmo. Martes-sábado cena, domingo almuerzo): Buena comida, buenos vinos, buena onda.

Tiene una fachada discreta. Al entrar, el visitante se queda impactado. Sin importar si es de Buenos Aires, otra provincia o incluso de otro país; la reacción invariable es: ¡Wow!

Ese es un logro de Lenny Lennon, el dueño, que trabajó por más de dos años en la restauración. “Siendo tan importante para nosotros el barrio y su gente, ya el hecho de recuperar el inmueble que es histórico, de ponerlo en valor, de invertir para que siga estando acá, aunque no sea Grapín, para mí es súper importante La idea es un lugar donde los vecinos puedan ir a disfrutar. Cuando tengan ganas de celebrar, que piensen en Grapín primero”.

El edificio es una casa y está la intención de que se siga sintiendo como tal. La identidad de Grapín está íntimamente relacionada con ella. Allí se presta mucha atención a los detalles, se trató de respetar la esencia del lugar, con algunas renovaciones. Es un deleite para los ojos la armoniosa mezcla de lo antiguo y lo moderno, con elegancia y sutiles referencias al vino, sin perder la calidez. 

“Un restaurante donde los clientes y los empleados se sientan cómodos, y que haya buena relación entre ellos”, dice Lenny.

Entre los valores de Grapín está ser un lugar seguro, inclusivo y accesible. Personas en sillas de ruedas gozan de plena circulación y las mascotas son bienvenidas al agradable patio, donde las mesas ladean un árbol y una enredadera autóctona. El restaurante también apunta a la accesibilidad económica en lo posible. Y, por el vínculo con el barrio, los vecinos cuentan con un descuento especial del 10%.

La carta es de pastas de autor. Con la chef Veronica Gorgal nada es básico. La lasagna a la chapa y el paté de hongos son dos hits. Se acompaña todo con pancito de campo crocante y caliente, recién horneado.

Mis favoritos son el tataki de hongos y los fagiolini con manteca de limón. La creme brulee con frutos rojos es vegana (con leche de coco) y libre de gluten. 

Imagen ilustrativa de Grapin Resto de San Telmo

Ifigenia Café Literario (Calle Bolívar 1049, San Telmo. Abierto todos los días)

A contramano de la gastronomía tradicional, que está todo el tiempo sirviendo al otro, en Ifigenia se espera que la atención sea un ida y vuelta. El corto “gracias” que ofrece el visitante es clave. Al igual que el disfrute del personal por el placer del cliente.

Isabela Nouel llegó a Buenos Aires para quedarse en 2016. Tenía de una mano a su hijo, y de la otra, una maleta con 80 libros. La ciudad la enamoró de inmediato con su arquitectura, diversidad de pensamientos, deliciosas carnes y vinos… Pero esa venezolana de 29 años vió algo más. Vió lo que faltaba.

Pasta frola, amor a primera reversión. Isa rinde tributo a la Buenos Aires tradicional y a su pastelería exigiendo calidad. Quiere que lo que se sirva en su café haga recordar otra época, en que la comida se hacía con las manos. Y va más allá. Reversiona la sagrada pasta frola. Si todavía no has probado la pasta frola de mango de Ifigenia, apurate, uno nunca sabe si habrá un mañana.

Sus valores. La estética: poder volver a rodearse de objetos, vajillas, mesas, sillas y libros que estén bien hechos y hechos para durar. Establecer una conexión, al sentarse y tocar, con algo del trabajo humano.

Lo femenino: un lugar donde haya ternura y cuidado. Que la mayoría del equipo sean mujeres y que entre ellas se acompañen. Que vengan otras mujeres a compartir música, literatura y poesía. Y que haya más referentes femeninas en la biblioteca y en la gastronomía.

La abundancia: “Abundancia es tener para compartir”, aclara. En Ifigenia los rellenos son contundentes, hay abundancia de sabor, diversidad y más de mil libros (que no son para aparentar). Que abunde el cariño y la conexión en el equipo, que además puede comer de lo que hay en el mostrador sin restricciones y con consciencia.

Isa está segura de que las migraciones son algo que nos potencia como seres humanos. Al migrar, trajo consigo su ‘maleta sensorial’ y la usa para enriquecer la vida de los clientes.

El café es de especialidad y el menú es de estación, variado, sabroso y tan latino como un show de Bad Bunny.

Mis favoritos fueron: la arepa rosé, el sándwich de hongos asados, la aguapanela y la pastafrola de mango.

Imagen ilustrativa de Ifigenia Café Literario

Pride Café (Av. de Mayo 714. Abierto todos los días) Orgullo LGBT+

“Un día había una chica sentada sola. El pelo le cubría la cara, tenía la espalda encorvada, los hombros caídos. Siguió ahí un largo rato. No parecía estar esperando a nadie pero tampoco se iba. Yo apenas me acerqué con un mapita y se lo ofrecí, comentandole de los lugares seguros para la comunidad LGBT+. Después de eso ella siguió en el café. Pero ya era otra. Se cogió el pelo de la cara, enderezó la columna y abrió el pecho”.

Hace más de dos décadas Rolo Azpeitia y Alexandre Follmann abrieron el café. Su gran innovación era nada más ni nada menos que: el horario de atención. Se preguntaban ¿por qué limitarnos a la nocturnidad? Había bares y lugares para ir a bailar. Pero, nada diurno. Fue el primer café de día con las banderas exhibidas en la calle.

“En el comienzo fue un poco difícil, porque la gente no lo aceptaba tan fácilmente. Hubo uno que otro insulto. Pero nuestro objetivo era integrarnos a la sociedad, dejar de ser marginales. Entonces lo hicimos con paredes blancas, piso blanco, ventanales. Y fuimos conviviendo con todo el barrio, como debe ser”.

Se integraron. Y el hecho de ser de la comunidad dejó de ser un tema. En 2010 salió la ley de matrimonio igualitario y todo se consolidó todavía más. Rolo considera que hubo una evolución social, cultural y de la comunidad. “Ahora estamos ubicados en Av. de Mayo y a la gente no le llama tanto la atención que haya un café del orgullo”.

Tu lugar seguro. “Donde comer rico sin importar tu nacionalidad, raza, partido político, pensamiento ni siquiera orientación sexual. Este es el concepto del bar. Que te sientas aceptado, respetado y tratado igual que los demás”, cuenta Luiggi Valiente, el tercer socio.

Sus valores: Respetar la individualidad, celebrar la libertad y ser un espacio de amor y contención donde uno pueda llegar y bajar del estrés en que vivimos. En esta línea el café cuenta con un grupo de tejedores y clases de tango queer.

La carta es diversa y enfocada en lo cotidiano. Hay opciones veganas y para celíacos (inclusive postres). La hamburguesa casera y la torta Pride (con los colores de la bandera de la comunidad) son dos clásicos. El brownie con efecto volcán tiene fama internacional!

Mis favoritos fueron: los licuados frescos de tres ingredientes y el alfajor (¡te lo sirven tibio y cremoso)! 

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