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Se viene el 39° Encuentro Plurinacional: feminismos y organización ante un escenario de retrocesos

Nora Llaver es docente, educadora popular y referente feminista y de derechos humanos de Mendoza. Aquí analiza los desafíos del movimiento de mujeres y disidencias ante el próximo encuentro en Córdoba y advierte sobre el impacto del desfinanciamiento de las políticas públicas.

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La imagen muestra a un grupo de mujeres sonriendo juntas en un espacio interior, sentadas y de pie, con ropa casual.

El próximo Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias tendrá lugar en Córdoba durante el fin de semana del 10, 11 y 12 de octubre. Será la edición número 39 de un espacio que, desde su primer encuentro en 1986, se consolidó como un ámbito de debate, intercambio y organización para mujeres y diversidades de todo el país.

Las discusiones estarán atravesadas por un escenario político y social marcado por la pérdida o el debilitamiento de políticas públicas, las dificultades económicas y distintas formas de violencia que afectan especialmente a mujeres, infancias y sectores vulnerables. En ese contexto, Nora Llaver, doctora en Ciencias de la Educación, docente de la Universidad Nacional de Cuyo, educadora popular y referente del movimiento feminista mendocino, plantea la necesidad de recuperar la organización colectiva.

“Este año yo supongo que va a venir súper recargado porque tenemos muchas y causas que atraviesan nuestras vidas para juntarnos, discutir, conversar, organizarnos y seguir adelante, sobre todo ante la embestida fascista de este gobierno”, sostiene Llaver. Para la educadora, el encuentro no constituye solamente una instancia de reunión, sino la continuidad de una experiencia política construida durante casi cuatro décadas: “Hace 39 años que las mujeres venimos haciendo una experiencia de intercambio, de crecimiento, de consolidación de nuestras políticas feministas”.

La elección de Córdoba como sede se inscribe en una historia de encuentros que fueron modificando sus formas de organización y ampliando las demandas del movimiento. Llaver considera que esta nueva convocatoria llega en un momento que requiere reconstruir una agenda común y profundizar los debates. “Este va a ser un encuentro muy potente, tenemos que volver a reconstruir y marcar lo que llamamos nosotras la agenda feminista en el sentido más profundo y más ancho del término porque nos incluye a todas y a todes”, afirma, y ubica como antecedente significativo el encuentro realizado en La Plata en 2019.

Desde su perspectiva, esa agenda debe abarcar problemáticas que van desde las violencias de género hasta las condiciones materiales de vida. Al referirse a los femicidios, menciona los casos de Agustina, en Córdoba, y Florencia Romano, en Mendoza, para señalar la persistencia de una violencia que tiene su expresión más extrema en los asesinatos por razones de género. Pero su análisis también amplía la mirada hacia otras dimensiones: “Entonces, digo, desde esto hasta la necesidad de conseguir de una vez por todas la soberanía alimentaria que tenemos derecho en un país tan rico para otros”. La idea de Llaver es que las demandas feministas no pueden pensarse de manera aislada, sino vinculadas con el acceso a los alimentos, el cuidado, la infancia y las condiciones de vida de las familias.

“Este va a ser un encuentro muy potente, tenemos que volver a reconstruir y marcar lo que llamamos nosotras la agenda feminista en el sentido más profundo y más ancho del término porque nos incluye a todas y a todes”, afirma Nora Llaver.

Para Llaver, uno de los principales ejes de preocupación es el desfinanciamiento de políticas públicas que durante años fueron resultado de luchas sociales y feministas. Los efectos de esas decisiones trascienden las instituciones y se trasladan directamente a la vida cotidiana. “Con políticas de crueldad infinita, pero que además vienen a arrebatarnos conquistas que hemos tenido siempre luchando y primero en la calle”, sostiene. Como ejemplo, recuerda políticas destinadas a prevenir embarazos no deseados en adolescentes y afirma que permitieron reducirlos significativamente antes de ser desarticuladas.

También pone el foco en las consecuencias que esta situación tiene sobre la salud mental y las tareas de cuidado. “No tenemos financiamiento de ninguna de estas políticas públicas, lo que ha llevado a situaciones alarmantes en el plano de la salud mental de nuestra población en general, particularmente, como vimos señaladas, de las mujeres que están a cargo de triples tareas”, explica. Su planteo vincula así las dificultades económicas y el deterioro de los servicios públicos con una distribución desigual de las responsabilidades de cuidado, que continúa recayendo principalmente sobre las mujeres.

Frente a ese escenario, Llaver reivindica los encuentros como espacios capaces de producir transformaciones personales y colectivas. “Para seguir generando la posibilidad de una vida digna para nosotras, para nuestras hijas, para nuestras nietas, nietos, para nuestras comunidades”, señala. En su relato, la posibilidad de que mujeres de distintos barrios puedan tomar la palabra adquiere un valor central: participar de un encuentro puede modificar la manera de comprender la propia realidad y generar nuevas formas de organización.

La trayectoria de Llaver en los espacios comunitarios se remonta a los años posteriores a su exilio político durante la última dictadura. Al regresar a Mendoza, comenzó a participar de experiencias educativas y territoriales que buscaban construir respuestas desde los propios barrios. Recuerda particularmente su trabajo en la Municipalidad de Godoy Cruz entre 1987 y 1988, cuando impulsó junto a otras compañeras espacios educativos que luego se convertirían en servicios educativos de origen social.

“Yo ya militaba en barrios, trabajaba con compañeras, casi siempre mujeres”, recuerda. En esa experiencia, destaca el papel que históricamente tuvieron las mujeres en el sostenimiento de las comunidades: “Siempre hemos sostenido todo, desde las ollas hasta hoy los merenderos o lo que existe en los barrios. El tejido comunitario lo hemos sostenido sobre todo las mujeres”. Su recorrido por esos territorios también la vinculó con la Fundación Coloba y con las comunidades de Godoy Cruz, donde encontró, según relata, espacios de construcción colectiva y vínculos que permanecieron a lo largo del tiempo.

La experiencia territorial aparece así como un hilo conductor de toda su trayectoria: desde los primeros trabajos de alfabetización y educación popular hasta su participación actual en Ni Una Menos Mendoza, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y los espacios de memoria.

 

Podés escuchar la entrevista completa aquí.

 

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