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¿Petrismo o antipetrismo? El país que se perfila tras las elecciones legislativas en Colombia

A pocos días de haberse realizado la elección a Congreso, el país se prepara para la primera vuelta presidencial que, hasta el momento, es la elección con el mayor número de candidaturas inscritas en su historia. Son catorce fórmulas de presidencia y vicepresidencia que definirán el rumbo electoral de los próximos cuatro años y las alianzas que se darán en los dos poderes más importantes de Colombia.

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Imagen ilustrativa de bandera de Colombia como urna de votación

Colombia acaba de vivir el pasado 8 de marzo la primera jornada de elecciones de 2026, que marcó el inicio de la temporada electoral en la que ya se decidió la integración del Congreso, dejando como gran resultado que ninguna fuerza política obtuvo la mayoría, aunque el partido Pacto Histórico, del actual gobierno, alcanzó la más alta votación. Con este panorama, que expresa una corriente de alta popularidad del gobierno,  se definirá próximamente la Presidencia, en comicios cuya primera vuelta tendrá lugar el 31 de mayo venidero. Desde 2025 la contienda presidencial ya empezaba a tomar forma a través de consultas interpartidistas, procesos de recolección de firmas para postularse y coaliciones entre distintos sectores políticos. Tres de esas consultas coincidieron precisamente con la jornada electoral de marzo, anticipando lo que será una campaña marcada menos por partidos individuales y más por bloques políticos en disputa, sean “Petristas” o “Antipetristas”. Es decir, con fuerzas políticas de izquierda, centro o derecha. 

Las elecciones legislativas definieron 108 curules en el Senado, elegidas a nivel nacional, y 188 en la Cámara de Representantes, distribuidas por circunscripciones regionales. En esta última además de elegir las curules indígenas y afrodescendientes, también se eligió el último periodo de las Curules Transitorias Especiales de Paz (CITREP), que otorgaron 16 escaños a territorios priorizados tras el Acuerdo de Paz de 2016. Todos estos detalles resultan decisivos frente a la agenda popular del gobierno actual que ha consolidado su enfoque popular y étnico. 

Lo anterior transcurrió en medio de debates que siguen marcando la agenda del país, como la implementación del acuerdo de paz, la posibilidad de nuevos procesos de negociación con actores armados, la disputa por derechos sociales (y étnicos) y el manejo de los conflictos armados internos que aún persisten. Pero en el fondo la discusión política vuelve siempre a la misma pregunta: saber si Colombia se inclinará hacia la continuidad del gobierno Petro, que se denomina de izquierda, o si volverá un gobierno tradicional “Anti-Petro» o en este caso “Anti-Cepeda” (su sucesor), que se enmarque en la derecha.  Por ahora, el resultado sigue abierto.

Durante las últimas dos décadas, la política colombiana ha girado alrededor de algunos temas que se repiten elección tras elección: la paz (o no paz), la seguridad y la salud. En los últimos años se sumaron discusiones sobre la distribución de tierras, la educación pública gratuita, la reparación a víctimas y las reformas estructurales en materia laboral, tributaria, agraria y de salud. La llegada en 2022 del primer gobierno progresista de Colombia intensificó estas discusiones, ya que desde este sector se impulsaron reformas enfocadas en poblaciones vulnerables y en una mayor intervención del Estado en lo social. Desde la oposición, en cambio, se defendieron agendas centradas en la seguridad, el fortalecimiento de la fuerza pública, beneficios tributarios al sector empresarial y principios conservadores como la defensa de la llamada “familia tradicional”. 

Sin embargo la discusión se ha dado entre el gobierno de Petro y el Congreso, ya que el Pacto Histórico –partido de Gobierno– no consiguió la bancada en las elecciones de 2018. De esta manera el actual gobierno vivió las dificultades de intentar gobernar sin mayorías estables en el Congreso, hehco que le generó bastantes obstáculos. Fue por este motivo que varias de sus reformas quedaron atrapadas en la negociación política o impedidas por la oposición legislativa. Lo que realmente está en juego en 2026 no es únicamente quién gane la Presidencia, sino qué alianzas permitirán gobernar desde el Congreso. La política colombiana vuelve así a uno de sus escenarios más conocidos: las coaliciones, los acuerdos y la construcción de mayorías. 

El nuevo Congreso colombiano

Ocho días después de la jornada electoral aún continúan los escrutinios oficiales, por lo que no existen cifras finales. Sin embargo el preconteo en las urnas ya permite identificar a los principales protagonistas. La disputa legislativa gira principalmente entre Pacto Histórico y Centro Democrático, los dos partidos que mayor representación obtuvieron en Senado y Cámara. Según el escrutinio primario, el Pacto Histórico pasó de 20 a 25 curules en el Senado y de 28 a 41 en la Cámara de Representantes. Por su parte, el Centro Democrático alcanzó 17 senadores y creció en la Cámara al pasar de 15 a 28 representantes. Sin embargo, ninguno logra la mayoría.

El resto del Senado quedó distribuido entre 13 liberales, 11 conservadores, 11 del Partido Verde (En Marcha y ASI), 9 del Partido de la U, 6 de Cambio Radical, 5 del Mira (Nuevo Liberalismo y Dignidad), 3 de Salvación Nacional y 2 indígenas. Esta elección anticipa un Congreso en el que los partidos tradicionales han perdido participación, como Cambio Radical, el Conservador y La U, pero siguen siendo relevantes como expresiones que se oponen al actual gobierno. 

Aunque varias candidaturas venían construyéndose desde 2025, solo el 13 de marzo se oficializaron las 14 fórmulas presidenciales que competirán en la primera vuelta. Entre ellas se destaca la candidatura de Iván Cepeda, elegido como candidato del Pacto Histórico el 26 de octubre de 2025 con 1.540.391 votos en una consulta atípica que se realizó fuera de temporada electoral. Ese resultado funcionó como una primera medición de fuerza para su sector y lo posicionó rápidamente en encuestas y en debates públicos, que lo posicionan hasta ahora, como el candidato más importante. 

Por otro lado se destaca la candidatura de Abelardo de la Espriella, del reciente movimiento (creado para su campaña) Salvación Nacional, que incursiona en la política como expresión de “extrema derecha”, tal como él mismo se autodenomina.

Primera vuelta, candidaturas y alianzas

Con este panorama, las fuerzas políticas se preparan para la primera vuelta presidencial del 31 de mayo. Iván Cepeda pretende lograr una victoria en primera vuelta, que en Colombia implica superar el 50 % de los votos válidos. Es una apuesta ambiciosa que, de no alcanzarse, pondrá en riesgo su candidatura en segunda vuelta, ya que se prevee que los demás sectores se unirán a quien resulte su oponente, sea quien sea. 

De hecho, algunos sectores ya han insinuado acuerdos parael caso de que la contienda avance hacia una segunda vuelta. Uno de los más visibles ha sido el acercamiento entre Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, quienes han planteado la posibilidad de respaldar al candidato que, entre ellos,  logre la mayor cantidad de votos. Más que una coincidencia ideológica, este tipo de movimientos revelan un plan “anti-continuidad de gobierno”. La disputa electoral de 2026 se definirá en favor de quien demuestre mayor capacidad de construir bloques políticos que le permitan alcanzar la victoria.

Entre las fórmulas vicepresidenciales más comentadas se encuentra la de Iván Cepeda con Aida Quilcué, lideresa indígena del Cauca, víctima del conflicto armado y la primera mujer en ocupar la circunscripción especial indígena en el Senado. Con esta decisión, el Pacto Histórico repite una apuesta similar a la de Francia Márquez junto a Petro en 2022.  Es decir una fórmula con representación étnica que el partido presenta como un gesto de reconocimiento y representación política hacia comunidades minoritarias e históricamente excluidas de los poderes políticos. 

En contraste la fórmula del Centro Democrático, encabezada por Paloma Valencia junto a Juan Daniel Oviedo (el segundo más votado de la consulta antipartidista de derecha), habilitó un debate distinto. Mientras Valencia se define como una mujer de derecha, que defiende posiciones conservadoras en torno a la “familia tradicional” y se opone a la adopción de niños por parejas del mismo sexo, Juan Daniel Ovidio, quien dice ser de centro, es un hombre que se considera abiertamente homosexual y opositor a aquellas ideas, lo que crea una gran contradicción política señalada por los distintos sectores en el debate público. Lo anterior ha generado disputas entre seguidores del Centro Democrático, que podrìa derivar en que votantes de la tendencia “Uribe” –hoy representados por Paloma Valencia– no se reconozcan en esta alianza y elijan votar por Abelardo de la Espriella. 

Todo este escenario se plantea en un contexto de creciente participación electoral. En las recientes elecciones legislativas se registraron 20,4 millones de votantes al Senado y 19,9 millones votaron también a la Cámara de Representantes, sobre un total de 41,5 millones habilitados, lo que representa la cifra más alta de participación en la historia reciente del país. La jornada también contó con la presencia de la Misión de Observación Electoral y de la Unión Europea y la participación de más de un millón de testigos electorales, sumando características de legitimidad a las jornadas, a pesar de lo cual continúan las disputas del escrutinio final en Bogotá, la capital del país, y en los 32 departamentos. 

Aunque Colombia sigue enfrentando altos niveles de abstención, maquinarias de corrupción y un contexto atravesado por el conflicto armado, los datos muestran que cada vez más ciudadanos reconocen el peso de las urnas en la definición del rumbo político del país. Así se perfila un país en el que la decisión final se enfoca entre dar continuidad a un gobierno que se ha reconocido como popular o regresar a las fuerzas tradicionales hoy en la oposición.

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