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“Juegue como usted sabe”: a 50 años del debut de Diego Maradona 

Antes de conquistar el planeta, Diego deslumbró con Los Cebollitas y un invicto récord de 136 partidos. Su salto a primera en Argentinos Juniors fue vertiginoso. La tarde de octubre en la que un adolescente con la camiseta número 16 deslumbró a siete mil espectadores.

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La imagen muestra a un joven Diego Armando Maradona vistiendo la clásica camiseta roja con la banda blanca diagonal de Argentinos Juniors, durante sus primeros años en el club de La Paternal.

Dentro de unos días se cumple un nuevo aniversario de un hecho histórico para el fútbol mundial: el bautismo del “Diez”, de Diego Armando Maradona. Por la octava fecha del Torneo Nacional, en la derrota de Argentinos Juniors por 1 a 0 a manos de Talleres de Córdoba, el técnico del “Bicho”, Juan Carlos Montes, hizo debutar en Primera División a Diego Armando Maradona.   

Tenía solo 15 años, 11 meses y 20 días, e ingresó al comienzo del segundo tiempo en reemplazo de Rubén Giacobetti. En la primera pelota que tocó, le tiró un caño a Juan Domingo Cabrera. El único gol del encuentro lo hizo el “Hacha” Ludueña.   

Maradona llegó a Argentinos Juniors en marzo de 1969, cuando tenía 8 años (estaba a punto de cumplir los 9), gracias a su compañero de potrero en Villa Fiorito, Gregorio “Goyo” Carrizo, quien ya jugaba en las divisiones infantiles de ese club, conocidas como “Los Cebollitas”, y le dijo a su técnico, Francis Cornejo, que tenía un amigo que jugaba mejor que él.

Fascinado por cómo jugaba Diego en el potrero Las Siete Canchitas de Fiorito, Goyo le insistió a su entrenador que tenía un amigo que era un fenómeno. Harto, Cornejo le dijo: “Traelo el próximo sábado a la prueba”. 

El día de la cita, Diego no tenía plata para el boleto de colectivo. Goyo y su papá, Benigno Carrizo, pasaron a buscarlo por la casa y le pagaron el pasaje en la línea 28 para cruzar desde el conurbano hacia la Capital Federal por la avenida General Paz.

La prueba estaba programada en el predio de Islas Malvinas, pero una tormenta torrencial inundó las canchas. Cornejo no quería perder el día de captación y subió a todos los chicos a una vieja camioneta Rastrojero para ir a buscar un pedazo de tierra seca. Terminaron en el Parque Saavedra, donde había espacio libre y el suelo había drenado mejor.

Cuando Diego tocó la pelota en el barro, la historia cambió para siempre. Empezó a gambetear a todos sus rivales con una facilidad asombrosa, haciendo caños, sombreros y pisando la pelota en velocidad.

Cornejo quedó en shock, pero en lugar de alegrarse, se asustó. Vio a un chico con un cuerpo muy menudo y bajo, pero con la técnica de un jugador consagrado. Pensó que Diego era en realidad un adulto con enanismo que intentaba hacerse pasar por un niño. Se le acercó y le dijo: “Pibe, decime la verdad, ¿vos de qué año sos?” Diego, asustado, le contestó que era clase 1960 (tenía 8 años). El DT no le creyó y le exigió ver el DNI en la siguiente práctica para verificar que no le estaban mintiendo.

Al confirmar la edad real de Diego mediante su documento, Cornejo supo que tenía en sus manos al mayor diamante en bruto del fútbol argentino. Como era tan chico, no podía ficharlo inmediatamente en la liga oficial de la AFA, así que anotó su nombre en un cuaderno personal con una cruz roja gigante. Ese grupo de chicos terminó formando “Los Cebollitas”, el equipo que maravilló al país ganando torneos infantiles.

El tiempo de Maradona en Argentinos fue una transición meteórica: pasó de ser un secreto a voces a convertirse en el mejor jugador del país antes de cumplir los 20 años.

La etapa en “Los Cebollitas” abarca de 1969 a 1974. Fue el equipo infantil más famoso de la historia del fútbol argentino, alcanzando un invicto legendario de 136 partidos consecutivos sin perder. Dicen que el apodo surgió porque todos eran chicos de corta edad y de físico pequeño. No faltaba talento, muchos de ellos llegaron a Primera: Chaile, Carrizo, Carabelli, Lucero, Delgado, Dalla Buona y Chamah.

Fiel a las costumbres de la época, Diego no se concentró con el equipo el día de su debut. Salió desde su casa en Villa Fiorito. Hizo el trayecto en colectivo con la línea 28 y luego la 44, acompañado por su padre, don Diego. Era un día fresco de primavera. Y fue vestido con su único pantalón “bueno”: uno de corderoy azul. Se moría de calor y de vergüenza, porque sentía que todos lo miraban por ir vestido así a jugar un partido de Primera División.

Maradona se empezó a hacer conocido entre los chicos y, sobre todo, entre los rivales. Ya se hablaba de que los Cebollitas, además de jugar bien, tenían a un pibe que era imparable y al que no había forma de sacarle la pelota.

Los Torneos Evita, en esa época, eran competencias de prestigio. Se medían pibes y pibas de todo el país en diferentes disciplinas; el fútbol, claro, era la más concurrida. En 1973, el equipo de Diego eliminó a River, entre otros grandes. En la fase final perdió por penales y no pudo pelear el título.

El desquite llegó un año después: con un Maradona imparable, los Cebollitas ganaron los Torneos Evita tras derrotar en la final por 7 a 2 a San Telmo, donde jugaba Marcelo Tinelli. Dicen que, con el fin de evitar que los adversarios armaran estrategias para marcar a Diego, los técnicos de Argentinos le cambiaban el nombre a la hora de entregar la planilla con la formación del equipo. Cuando veían al 10 en la cancha, ya era demasiado tarde.

Maradona estaba en la mira de los integrantes de la Primera División del Bicho. A los 14 años pudo ser fichado de forma reglamentaria en las divisiones inferiores. Saltó de categoría en categoría porque la Novena, Octava y Séptima división le quedaban chicas. Empezó a volverse famoso antes de jugar en Primera. En los entretiempos de los partidos del primer equipo, el pequeño “Pelusa” salía a la cancha a hacer jueguitos con la pelota. La dormía en el cuello, la llevaba de taco a taco, hacía lo que quería. 

José Pekerman, que por aquel entonces era jugador de Argentinos, cuenta que un primer tiempo había sido muy aburrido y había terminado 0 a 0. De repente, el estadio empezó a ovacionar y aplaudir. Los jugadores no entendían qué pasaba hasta que descubrieron que era Diego –por entonces un pibe de las inferiores– haciendo jueguitos y recorriendo el campo con la pelota. La gente gritaba pidiendo que pusieran al pibe.

El 20 de octubre de 1976, a diez días de cumplir los 16 años, el técnico Juan Carlos Montes lo mandó a la cancha contra Talleres de Córdoba en el entretiempo. La orden fue clara y mítica: “Vaya, Diego, juegue como usted sabe y, si puede, tire un caño”.

En la primera pelota que tocó, Diego le tiró ese caño memorable al defensor Juan Domingo Cabrera. Años más tarde, Cabrera recordó la jugada con humor, diciendo que cuando se dio vuelta, Diego ya estaba lejísimo y la tribuna se venía abajo.

La cancha de Argentinos ese día estaba lejos de estar llena; se calcula que había poco más de 7.000 espectadores. Con el paso de las décadas, la leyenda creció tanto que miles de hinchas aseguran con orgullo: “Yo estuve la tarde que debutó el Diego”. 

Diego no usó la histórica camiseta número 10 en su debut, sino la 16. En esa época, los números de los titulares iban del 1 al 11 y los suplentes usaban del 12 al 16. La remera le quedaba notablemente holgada; el utilero del club tuvo que ajustarle el pantalón para que no se le cayera durante el partido.

Fiel a las costumbres de la época, Diego no concentró con el equipo. Viajó el mismo día del partido desde su casa en Villa Fiorito. Hizo el trayecto en colectivo con la línea 28 y luego la 44, acompañado por su padre, don Diego. Era un día fresco de primavera. Y el Pelusa fue vestido con su único pantalón “bueno”: uno de corderoy azul. Se moría de calor y de vergüenza, porque sentía que todos lo miraban por ir vestido así a jugar un partido de Primera División.

Hoy en día, el debut de una superestrella de 15 años movería millones, pero en 1976 la realidad del fútbol argentino y de Argentinos Juniors era distinta. Tras el partido, a pesar de la derrota, la actuación de Diego dejó a todos maravillados. El “premio” que recibió al salir del vestuario por parte de los dirigentes fue un sándwich de milanesa y una gaseosa en el buffet de la institución, merienda que compartió con su papá antes de tomarse el colectivo de vuelta a Fiorito.

Al día siguiente del debut de Diego Maradona, el 21 de octubre de 1976, la prensa reflejó lo que había sido un partido chato y discreto, pero coincidió en rescatar el ingreso de ese chico de 15 años como lo mejor de la tarde. El diario Clarín destacó que el ingreso del chico Maradona, diecisiete días antes de cumplir los 16 años, “le dio mayor movilidad al ataque local, pero no fue la solución… porque Maradona –un gran habilidoso– no tuvo con quien tocar”.

El Gráfico, la revista deportiva más importante del continente, ya le venía prestando atención al fenómeno de Los Cebollitas. Sabiendo que Montes iba a llevar al chico al banco, enviaron al estadio de La Paternal a un equipo de seis personas, incluyendo al fotógrafo Humberto Speranza. Aunque la nota principal de la semana se la llevó Ricardo Bochini, inmortalizó en sus páginas interiores el debut y describió con fascinación la habilidad de Diego, logrando capturar fotos que pasaron a la eternidad, incluyendo el registro visual del famoso caño a Cabrera. Lo que vino después es historia conocida, al menos para quienes fuimos contemporáneos y pudimos ver a la maravilla futbolística más grande y nunca imaginada de nuestra época.

 

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