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Picada cultural: abrazar la cruz al amanecer
Las Pascuas, como rito de pasaje, invitan a reflexionar sobre el tránsito y la renovación. En esta entrega, exploramos el cine bajo el prisma del sacrificio y la redención: desde el realismo crudo del nuevo cine argentino con Pizza, birra, faso y Un oso rojo, pasando por el testamento de Clint Eastwood en Gran Torino, hasta la profundidad mística de Tarkovski. Historias donde el desprendimiento individual se vuelve el único camino para asegurar un futuro a los que vendrán.
- abril 5, 2026
- Lectura: 5 minutos
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Las Pascuas representan, en su esencia más profunda, un rito de pasaje. Sea desde la tradición judía que conmemora la liberación del pueblo hebreo de la opresión en Egipto, o desde la fe cristiana que celebra la resurrección de Jesús, el núcleo de la festividad es el mismo: el tránsito, la transformación, el paso de un estado a otro. Es bajo esta premisa de cambio y renovación que dedicamos esta nueva picada a explorar el cine a través del prisma del sacrificio y la redención, analizando obras donde el desprendimiento personal se convierte en la única vía posible para alcanzar una vida nueva. No para quien abraza el martirio, sino para sus sucesores.
En el mapa del cine argentino contemporáneo, existe un hito insoslayable que redefinió la estética y la narrativa nacional: Pizza, birra, faso (1997). La ópera prima de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro no solo asombró a la crítica internacional, sino que consolidó el “nuevo cine argentino” al retratar con una libertad inédita a los sujetos descartados por las políticas neoliberales de los años noventa. La película sigue a jóvenes que deambulan por el centro porteño, excluidos del sistema laboral y volcados al raterismo para sobrevivir. En esa crónica social se esconde una historia de sacrificio. En la búsqueda de una salida, estos personajes dan un golpe —y finalmente entregan la vida— en una apuesta desesperada por un futuro distinto para la novia de uno de ellos que está a punto de dar a luz.
Esta línea temática persiste en la filmografía de Caetano con Un oso rojo (2002). Aquí, el Oso (Julio Chávez), un hombre que recupera la libertad luego de siete años en prisión, se encuentra con un mundo que ya no le pertenece. Su familia ha seguido adelante sin él; su exmujer (la gran Soledad Villamil) y su hija conviven con un obrero desempleado y adicto al juego por desesperación. El jefe de su ex banda –interpretado por el inolvidable René Lavand– posterga una y otra vez el pago de lo que le debe al Osco por el último trabajo. Y lo extorsiona: le pide que participe de un nuevo asalto para cancelar la deuda. Pero el protagonista vislumbra allí la posibilidad de redimirse. Su sacrificio no es para sí mismo, sino para asegurar el bienestar futuro de una familia de la que él, por decisión propia, ya no formará parte. Pizza, birra, faso puede encontrarse en inforealdecine.com; Un oso rojo está disponible en HBO. Consolidan una mirada cruda pero profundamente humana sobre la entrega personal.
Si bien Hollywood es un terreno fértil para los relatos de redención, en las últimas décadas han encontrado su máxima expresión en las obras de Clint Eastwood. En su doble rol de director y protagonista, en Gran Torino (2008) entrega una de las obras maestras más lúcidas de su carrera, situándose como un heredero directo y agudísimo de la sensibilidad de John Ford. La historia nos presenta a Walt Kowalski, un veterano de la guerra de Corea, jubilado de la fábrica Ford y recientemente enviudado. Amargado y poseedor de un racismo ancestral, Walt observa con desprecio cómo su antiguo barrio en Detroit se ha transformado por la llegada de inmigrantes hmong.
El conflicto estalla cuando Thao, un joven vecino presionado por una pandilla local, intenta robar el tesoro más preciado de Walt: su Gran Torino ’72. Lo que comienza como una relación de hostilidad y deuda de honor, deriva en una conexión inesperada. Walt descubre que tiene más en común con sus vecinos inmigrantes, poseedores de valores que él considera perdidos, que con su propia familia biológica, a la que percibe como materialista y distante. Ante el diagnóstico de una enfermedad terminal y el acoso violento de las pandillas sobre Thao y su hermana Sue, decide orquestar un acto final de redención. Su muerte, frente a los ojos de la comunidad, es un sacrificio calculado para que la ley finalmente actúe y libere a sus nuevos amigos del yugo criminal. El Gran Torino, legado a Thao, simboliza el traspaso de una herencia que trasciende las nacionalidades. Puede verse en Prime y HBO.
En una nota mucho más metafísica y crepuscular, es imposible no citar Sacrificio (1986), la obra póstuma del maestro ruso Andréi Tarkovski. Rodada en una isla escandinava con colaboradores de Ingmar Bergman, la película introduce a Alexander, un periodista, ensayista y docente universitario que celebra su cumpleaños en un clima de debate intelectual y existencial. La calma se quiebra con el anuncio de una inminente guerra nuclear. Ante la catástrofe total, Alexander realiza un pacto con Dios: si el mundo vuelve al orden de la mañana anterior, él renunciará a todo lo que ama.
Tarkovski, quien terminó de montar el filme desde su lecho de muerte enfermo de cáncer, construye una pieza donde el sacrificio personal se vuelve místico. El periodista, que antes usaba la palabra para la estética y el ensayo, ahora la usa para la plegaria y el silencio. Es un cine que cruza el surrealismo con el existencialismo, recordando que, a veces, la única forma de salvar lo colectivo es entregando lo individual.
***
Existen, por supuesto, miles de narrativas que exploran estos tránsitos, desde los clásicos como Ladrones de bicicleta (Vittorio de Sica, 1948), Un tiro en la noche (John Ford, 1962) o Tiempo de revancha (Adolfo Aristarain, 1982) hasta propuestas contemporáneas como la argentina El suplente (Diego Lerman, 2022).
Todas estas historias, desde los márgenes de Buenos Aires hasta las costas de Suecia o los suburbios de Detroit, hablan de lo mismo: de un paso valiente hacia lo desconocido. Si quieren conocer vidas de sacrificio pueden leer esta entrevista que le hicimos a Raúl Gatica Bautista esta semana.
Hasta acá llegamos por hoy. Saludos cordiales, la Redacción.
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