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El drama tras el cierre de Granja Tres Arroyos: “Hay familias al borde del colapso”

Diego Palavecino, uno de los 700 operarios despedidos de la planta Granja Tres Arroyos, relata la desesperante situación de las familias que quedaron sin ingresos, sin indemnización y sin respuestas.

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La imagen muestra a un grupo de trabajadores reunidos frente a la planta industrial de Granja Tres Arroyos en Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires, en medio de la protesta y el conflicto por suspensiones y despidos.

Diego Palavecino es uno de los 700 operarios despedidos de la planta Cahuane de la empresa Granja Tres Arroyos, ubicada en la ciudad bonaerense de Capitán Sarmiento. Oriundo de Arrecifes -localidad situada a 30 kilómetros de la fábrica y desde la cual viajaban a diario unos 140 empleados-, contó en diálogo con este medio que la crisis golpea con especial dureza a quienes ni siquiera han recibido el telegrama de despido, quedando atrapados en un limbo legal que les impide incluso gestionar la prestación por desempleo.

“Quedamos varados; no hay novedades ni respuestas de la empresa”, lamenta Palavecino. Además, señala que la intervención oficial no trajo alivio: “La conciliación obligatoria del Ministerio de Trabajo bonaerense nos jugó en contra. Se esperaba una solución, la reincorporación del personal o la reactivación de la planta, pero nada de eso ocurrió y solo sirvió para demorar 30 días el trámite del fondo de desempleo”. Aunque la gestión ya está habilitada, recién cobrarían en noviembre un monto de 180 mil pesos. “Hay familias al borde del colapso, que no cuentan con ningún ingreso”, advierte.

Otro aspecto crítico del conflicto radica en la situación de los trabajadores sin notificación formal. “Esa gente está completamente a la deriva: no sabe si la van a echar, si la volverán a convocar o si debe buscar otra alternativa laboral. Están imposibilitados de hacer nada”, concluye.

 

¿Cómo evalúan el comportamiento del sindicato (Trabajadores de Industrias de la Alimentación)?

El sindicato está atado de pies y manos, muy presionado. Hay un acompañamiento, se hacen ollas populares, incluso en Capitán Sarmiento, de donde son la mayoría de los despedidos. Y también tenemos apoyo legal. Nosotros cobrábamos un sueldo que no es fácil de conseguir en la zona, y eso es porque tenemos un buen sindicato, si no lo tenés, los salarios no son buenos. Hay mucha gente está muy confundida, pero hay que ponerse en el lugar, en los momentos.

 

¿Y hoy tienen algún canal de comunicación con la empresa, pueden hablar con alguien?

No, ninguno. Estamos a la deriva, no tenemos ninguna respuesta de absolutamente nadie.

 

¿De Arrecifes, qué cantidad de trabajadores quedaron afuera?

Alrededor de ciento cuarenta, de los cuales hay varios que no recibieron el telegrama y están en una incertidumbre total.

 

Tenemos entendido que el municipio les está dando algún tipo de asistencia…

Sí, igualmente es un parche, porque hay compañeros que no tienen para pagar la luz y -si bien no se la cortan- esa deuda se sigue generando. Se declara la emergencia para que no se queden sin luz, pero la deuda, ¿quién te la paga? Nadie. Hemos tenido por ahí una ayuda en alimentos. Y lo vamos piloteando; ahora cada cual se está buscando una changuita o algo para hacer, para poder continuar porque conseguir un trabajo genuino es muy complicado, no hay acá en Arrecifes. En su momento, cuando todas las ciudades de los alrededores fueron creciendo con industrias, acá no pasó eso y estamos estancados en la mediocridad. Esta debe ser la ciudad con más precarización laboral de la zona. Podríamos ir a buscar trabajoa otras ciudades como Salto, que por tiene una movida más industrial, pero también está bastante ocupado todo. Hoy es muy complicado conseguir un trabajo.

 

¿Qué edad tiene, Diego, y cuánto hacía que trabajaba en la empresa? 

Tengo 45 años y hacía 17 que trabajaba en la fábrica, pero había mucha gente con 25 años de antigüedad, gente a la que ya le quedaba poco para jubilarse, y lamentablemente los dejaron varados. Dentro de todo, yo me doy maña en la herrería, estoy haciendo algunas artesanías en hierro, voy a ferias de la zona, pero hay trabajadores más grandes que no tienen otra salida, o un oficio.

 

¿Y qué tipo de proceso hacían en Capitán Sarmiento?

Todo, completo. El pollo llega vivo a la fábrica y se aprovechan hasta las plumas, no tiene desperdicios, se utiliza todo. Era una planta enorme, hasta habilitada para exportar, una planta modelo. Yo estaba en la parte de trozado y últimamente, en las últimas semanas, no trabajamos, no había prácticamente insumos. Se veía venir pero no lo queríamos aceptar. Estábamos aguantando sin cobrar; al día de hoy no nos terminaron de liquidar la segunda quincena de junio, pero seguimos aguantando para ver si se podía solucionar. Nadie creía que se iba a cerrar, pero parece que estaba todo tan desbalanceado que no había solución.

 

¿Y los trabajadores qué creen que pasó?

Lo que veo, personalmente, es que no es un caso aislado el de Granja Tres Arroyos, está pasando en todo el país. Hay que abrir la visión y ver que lo que está pasando es claramente una mala política que está llevando a la ruina a las empresas grandes, que hoy están cerrando. No lo digo yo, sino que lo dijo el mismo presidente: que si no es viable lo que están haciendo que se dediquen a otra cosa. Más claro que eso…

 

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