Argentina / 16 octubre 2026

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1 batalla campal, 2 de Di María, 3 de Valencia

Boca remontó un 0-2 histórico ante Racing con tres goles de Enner Valencia y se metió en las semifinales de la Copa Argentina. Por su parte, Rosario Central dio el golpe tras vencer 3-1 a Estudiantes de la mano de un intratable Ángel Di María para consagrarse campeón de la Supercopa Internacional en una final empañada por los líos.

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El Ángel Di María aparece celebrando con la camiseta de Rosario Central tras consagrarse campeón de la Supercopa Internacional 2026.

-¿Cómo estás, Yevgeny querido? –comienza la llamada internacional clandestina el norcoreano Che-Cho desde la aldea fronteriza de Kijŏng-dong, conocida popularmente como el “Pueblo de la Paz” o “Pueblo de la Propaganda”.

-¿Cómo está mi estimado amigo Cho? –responde del otro lado de la frontera. Más exactamente desde el centro histórico de la ciudad de Vladivostok. 

-Esperando los datos que nos tira el profesor sobre el fútbol argentino mientras arreglo el alternador del Volvo 144 –señala el coreano con las manos engrasadas.

-Después me tenés que mandar fotos. ¿Cómo llegó ese auto ahí? –se interesa el ruso Yevgeny.

-Fue parte de una tanda de mil vehículos suecos que el gobierno de Kim Il-sung importó en los años 70 y dicen que Corea del Norte nunca los pagó y que la deuda sigue corriendo. Acá siguen funcionando como taxis o autos para funcionarios públicos –historiza Cho.

-Qué linda historia, Cho, no la conocía –admite Yevgeny mientras moja el pan dulce en un tazón de café.

-Ahí parece que entra a la llamada el profesor –anuncia el norcoreano mientras se limpia las manos de grasa con un trapo rojo.

-¿Qué tal, compañeros? ¿Cómo andan?

-Acá, comiéndome un vatrushka mojado en café –apunta el ruso.

-Yo también muy bien, profesor, arreglando el auto –agrega el coreano.

–¿Qué tal ese fútbol argentino, profesor? ¿Cómo fue la fecha? Tire los resultados y las tablas, por favor –inquiere el ruso.

-No hubo fecha, chicos.

-¿Por? –consulta Cho.

–Fecha FIFA.

-¿Cómo salió Argentina? –apura Yevgeny.

-No jugó todavía.

-¿Entonces? –pregunta Cho.

-Juega esta semana y la que viene.

-Ah, la despedida de Messi –cae en la cuenta el ruso, que se pide otro pan dulce.

-Exactamente. El miércoles va con Bolivia, el sábado con Burkina Faso y el martes que viene contra Benín en la despedida de Lionel Andrés Messi de la selección nacional.

-Bien pensado lo del sábado –ironiza el norcoreano.

-¿Entonces nada de fútbol? –se preocupa el ruso.

-Sí, chicos, obvio que sí. Por los cuartos de final de la Copa Argentina jugaron Boca y Racing en el Gigante de Arroyito.

-¿Cómo salieron? –se ceba el ruso.

-En una tarde-noche que quedará grabada en las páginas más doradas de la Copa Argentina, el Club Atlético Boca Juniors firmó una remontada épica al vencer por 3 a 2 a Racing Club en el Gigante de Arroyito.

-Partidazo entonces –se entusiasma el norcoreano.

-Cuente, profe, cuente nomás –invita Yevgeny.

-Cuando el Xeneize parecía noqueado y perdía por dos goles, la noche rosarina se transformó por completo gracias a un héroe inesperado: Enner Valencia, que ingresó desde el banco de suplentes para sellar un hat-trick antológico, con tres goles de cabeza, dándole a su equipo el pase a las semifinales.

-¡No te la puedo creer profesor! –se sorprende el norcoreano, que vuelve a enfrascarse con la cabeza debajo del capó abierto del auto.

-Sí, camaradas. El partido comenzó con alta intensidad. El conjunto conducido por Rodolfo Arruabarrena intentó tomar la iniciativa, pero se topó con un Racing ordenado e incisivo. A los 18 minutos de la primera mitad, llegó el primer impacto: Gastón Lodico frotó la lámpara y ejecutó un tiro de esquina magistral que se clavó de manera olímpica en el segundo palo de Leandro Brey.

-No te la puedo creer, profesor –repite ahora el ruso.

-Sí, Yevgeny. Boca acusó el golpe, y aunque Leonel Flores exigió a Facundo Cambeses con un zurdazo esquinado, los caminos se le hacían cuesta arriba. Apenas despuntaba el complemento, la Academia estiró la diferencia. A los 47 minutos, Adrián “Maravilla” Martínez pescó un rebote en el área con una volea potente, decretando un 2-0 que parecía lapidario y desatando la locura en la parcialidad de Avellaneda.

–Ffffffffffffffffffffffffffff –exclama el norcoreano.

-Arruabarrena movió el banco a los 56 minutos. Mandó a la cancha a Sebastián Villa y a Enner Valencia en lugar de Alan Velasco y Santiago Ascacíbar. El cambio mutó por completo la fisonomía del encuentro: Boca dejó de lado la elaboración y empezó a apostar de forma sistemática por el juego aéreo, llenando de centros el área custodiada por Cambeses.

-¿Y? –se desespera el ruso.

-El descuento llegó a los 71 minutos. Tras un preciso córner lanzado por Lautaro Blanco, Valencia se elevó sin marcas en el corazón del área para meter un frentazo letal que encendió la ilusión xeneize. Solo nueve minutos después, a los 80′, el libreto se repitió: esta vez fue un envío en carrera de Villa el que encontró al atacante ecuatoriano, quien volvió a ganarle a los centrales académicos para estampar el 2-2 ante la incredulidad de los hinchas de Racing.

-Por favor –se descontrola el coreano.

El cotejo entre Rosario Central y Estudiantes terminó con una batalla campal. El pitazo final de Herrera desató el quilombo. Los futbolistas de Estudiantes increparon al cuerpo técnico rival. Se desató una trifulca masiva con piñas, empujones y corridas hasta la zona de los túneles. En medio de la locura generalizada, el presidente albirrojo Juan Sebastián Verón saltó al campo de juego y cruzó con dureza al árbitro principal al grito de “¡Es toda tuya, ladrón!”. A pesar de los incidentes que opacaron el cierre, Rosario Central bordó una nueva estrella a su escudo de la mano de un Di María eterno.

-El partido entró en un terreno dramático, con roces, reclamos y la sensación de que los penales eran inevitables. Sin embargo, había un capítulo más. En el quinto minuto de adición (95′), Carlos Palacios pinchó una pelota frontal hacia el área. Con el último suspiro físico, Enner Valencia volvió a ganar por las alturas, metió un cabezazo bombeado inalcanzable para Cambeses y desató el delirio colectivo para el 3-2 definitivo.

-¡Dios mío! –exclama el ruso, que es agnóstico.

-¿Y hubo más partidos? –apura el norcoreano Cho.

-Sí. El Club Atlético Rosario Central se consagró campeón de la Supercopa Internacional al derrotar 3-1 a Estudiantes de La Plata en el Estadio Único Madre de Ciudades.

-No te la puedo creer –explota el ruso, que no lo quiere mucho a Di María.

–Ángel Di María, autor de un doblete estelar, le permitió al canalla dar vuelta un partido que había comenzado torcido y que terminó en un escándalo mayúsculo, con peleas entre futbolistas y dirigentes y durísimas protestas contra el arbitraje.

-Epa –ironiza el coreano.

-Tras una gran trepada por la banda izquierda de Joaquín Tobio Burgos, Guido Carrillo aguantó la pelota en el área y ensayó una asistencia exacta para que Alexis “Puchito” Castro definiera a la red e instalara el 1-0 parcial antes del minuto de juego. Estudiantes dominaba el partido con Ezequiel Piovi y las proyecciones de Eros Mancuso, pero, a los 11 minutos, Gabriel Neves tuvo que abandonar la cancha por lesión, obligando al ingreso de Jalil Elías, quien apenas duraría unos minutos en el campo al ser reemplazado también por lesión.

-¿Y entonces? –apura el ruso.

–Vino la hora de “Fideo”. A los 22 minutos, tiro libre ideal en la puerta del área y Ángel Di María, con un disparo magistral directo, la clavó al ángulo para firmar el empate canalla. A partir de ahí, el arbitraje de Darío Herrera quedó bajo la lupa de todo el banco platense. Justo antes del descanso, el VAR llamó al juez principal por una supuesta infracción de Tomás Palacios sobre Enzo Copetti dentro del área. Tras una larga revisión, Herrera ratificó la pena máxima en medio de los reclamos del Pincha. Sin inmutarse, Di María se hizo cargo del penal a los 57 minutos de la etapa inicial para decretar el 2-1 con el que ambos equipos se marcharon a los vestuarios.

-¿Cómo siguió la cosa, profesor? –grita el coreano.

-Eduardo Domínguez quemó las naves dándole ingreso a Adolfo Gaich y Lucas Alario. El Pincha empujó a Central contra su propio arco y sumó tensión reclamando una presunta mano en el área tras un cabezazo de Gaich que el referí no consideró sancionable. Con el tiempo cumplido y Estudiantes volcado por completo al ataque, ocurrió la jugada más insólita del partido. En un tiro de esquina agónico, el histórico arquero uruguayo Fernando Muslera fue a buscar el cabezazo al área rival. Central despejó el centro, capturó el rebote y Julián Fernández encabezó una réplica veloz ante el arco desguarnecido hasta que remató tres dedos desde larga distancia a los 95 minutos para sentenciar el 3-1 definitivo y desatar el festejo rosarino.

-¿Así quedó la cosa? –pide respuesta el ruso.

-Siguió una batalla campal. El pitazo final de Herrera desató el quilombo. Dolidos por las decisiones arbitrales, los futbolistas de Estudiantes increparon al cuerpo técnico rival y se desató una trifulca masiva con piñas, empujones y corridas que se extendió hasta la zona de los túneles. En medio de la locura generalizada, el presidente albirrojo Juan Sebastián Verón saltó al campo de juego y cruzó con dureza al árbitro principal al grito de “¡Es toda tuya, ladrón!” A pesar de los incidentes que opacaron el cierre, Rosario Central bordó una nueva estrella a su escudo de la mano de un Di María eterno.

-Qué final, profesor. Me sorprendió –admite el norcoreano.

-Así las cosas, entonces, profesor. Gracias por las crónicas. Se lo quiere mucho –sorprende Yevgeny.

-Sí, profe –agrega el coreano.

-Nosotros a ustedes, chicos.

Fin.

 

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