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Mariana Sanguinetti: “El archivo de Annemarie Heinrich es también la historia del siglo XX de este país”
La gran fotógrafa es la protagonista de un nuevo documental: considerada una de las grandes artistas del siglo XX, se radicó en la Argentina en 1926 con su familia, huyendo de la guerra en Berlín. Sin embargo, la trama familiar, el oficio heredado por sus hijos, la importancia de la memoria y la preservación de los archivos históricos, sus trabajos experimentales y vanguardistas para la época –en un ambiente misógino y machista— recorren una obra monumental que es, sin dudas, al mismo tiempo, un recorrido por la historia de la fotografía en Argentina.
- octubre 18, 2026
- Lectura: 7 minutos
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“La vida de mi bisabuela estaba hecha de un pedacito de todos los demás”, dice Mariana Sanguinetti en un tramo de este filme. Pero la pregunta que ronda como un loop durante todo el documental es en realidad:
¿De qué está hecha una vida?
La gran fotógrafa alemana Annemarie Heinrich es la gran protagonista de esta película: la sobrevuela, de manera constante, aunque no es lo único. La artista, considerada una de las grandes referentes del siglo XX, llegó a la Argentina en 1926 con su familia, huyendo de la guerra en Berlín. Sin embargo, la trama familiar, el oficio heredado por sus hijos y nietos, la importancia de la memoria y la preservación de los archivos históricos, sus trabajos experimentales y vanguardistas para la época –en un ambiente misógino y machista— recorren una obra monumental que es, sin dudas, al mismo tiempo, un recorrido por la historia de la fotografía en Argentina.
Mariana Sanguinetti, realizadora de cine, por eso, bucea a través de la obra y el archivo personal de su bisabuela: revuelve fotogramas de su archivo, desempolva fotografías del siglo pasado, recorre los testimonios de los grandes maestros del arte como Sara Facio, Juan Travnik o Aldo Sessa y también figuras como Mirtha Legrand o Graciela Borges. La película avanza entonces, en ese tono biográfico, pero que también se convertirá poco a poco en el retrato de una familia de artistas, en un tratado sobre la vejez, la Ciudad de Buenos Aires, el paso del tiempo. Es que Annemarie Heinrich tomaba fotos de bebés, de figuras del espectáculo (antes de ser famosos) como Eva Perón, Marcel Marceau, Mercedes Sosa, Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla, pero también de poetas ignotos, de naturaleza muerta, de amigos y familias completas, en publicidades, con bailarines, en retratos, de viajes, bautismos, fiestas, desnudos o rodajes. “De todo lo que hay encontramos mucho”, dice su bisnieta.
Me imagino que tu bisabuela sobrevuela las conversaciones de tu familia, más con abuelos que se dedicaron al mismo oficio y se ocuparon de su propio estudio, pero ¿cómo se te ocurrió hacer un trabajo documental sobre su vida y su obra?
Se dieron, al mismo tiempo, varios factores: por un lado yo me dedicaba al cine y había una idea que sobrevolaba siempre de hacer un documental sobre Anne. Hasta ese momento no había ninguna película que retratara su vida y su obra, que era algo raro porque había otros artistas de esa misma época que tenían trabajos propios pero ella no. Por otro lado, mi papá siempre había tenido la idea de hacer un libro sobre su abuela, pero que nunca lo llevó adelante y, un poco, me heredó ese proyecto –frustrado– de indagar en su vida. Además cuando arrancamos a hacer una lista de la gente que estaría bueno entrevistar nos dimos cuenta que muchos ya no estaban, que habían fallecido o estaban internados en geriátricos, por lo cual gran parte de esos testimonios se iba perdiendo… Justo cuando comenzó la pandemia en 2020 yo tenía otros proyectos que se frenaron y por eso se convirtió en el momento para llevarlo adelante porque era bastante amigable para pensarlo.
Sin embargo, por el transcurrir del documental, aparecen diversas etapas. ¿Fue un proceso largo de reconstrucción?
Fue muy largo. En 2020 comencé a recolectar materiales. En cuanto pudimos empezar a salir fui a visitar el estudio, revolver los cajones y, sobre fines de ese mismo año, surgieron algunas de las escenas del rodaje. Hasta 2025, cuando comencé con la edición de la película, continué buscando testimonios.
Teniendo en cuenta, como dice una de las galeristas, que “de todo había mucho”: ¿Cómo fue la selección del material?
Fui anotando como los grandes temas que se me aparecieron en la vida de Anne, con la conciencia que quería tocar un poco de cada uno, más que profundizar demasiado en uno solo: esa me parece que es una particularidad de la película. Uno de los grandes puntos que me interesaban eran los retratos y, en particular, el de Eva Perón porque era muy paradigmático. Sobre todo porque mostraba algo muy característico de su obra: que fotografiaba a alguien cuando no era consagrado y, poco después, se volvía muy importante en la historia de Argentina. También me interesaba mostrar cómo trabajaba en el laboratorio, cómo era su vida personal, su familia o sus amigos.
El documental Annemarie se puede ver los viernes 23 y 30 de octubre a las 20hs en el MALBA (Av. Figueroa Alcorta 3415, Ciudad de Buenos Aires).
Annemarie Heinrich aprendió el oficio de las mujeres que llegaron, como ella misma, huyendo de la guerra: fue aprendiz en el atelier de Melitta Lang, se interiorizó en las técnicas de laboratorio con Rita Branger y los secretos del retoque los descubrió con Sivul Wilenski. Su primer estudio fotográfico lo montó a los 17 años: compraba una cámara durante el día, hacía retratos, la vendía por la noche, y al otro día vuelta a comenzar de nuevo. “La obra de Annemarie es una caja de Pandora. Creo que levantás una baldosa y debe haber algo guardado también. Es realmente impresionante”, dice Marina Pellegrini, la galerista de Vasari.
Heinrich también vivía donde trabajaba: su estudio fotográfico quedaba a pocos metros del Teatro Colón y de Radio El Mundo, por eso las estrellas de teatro, la radio, la ópera, el cine posaban frente a su cámara. Hoy, desde la avenida Callao y Las Heras, aún se puede ver la vidriera de su negocio. Lo ocupan sus hijos, Alicia y Ricardo, que heredaron el oficio de su madre y quedaron al frente de la galería. Un legado, sin dudas, único, para preservar todo el archivo.
Mariana Sanguinetti los busca con la cámara, se detiene, camina, conmueve: revela como la configuración de su estudio –en un sótano—y la casa del fondo se mantienen vividas con su recuerdo y su archivo ahora refaccionado como fototeca. La grandeza de Annemarie perdura como una de las leyendas de la fotografía en Argentina: de ese modo también la recuerdan. “Fue mi maestra, aunque teníamos una diferencia de edad: por el amor que transmitía por las imágenes, por cómo estaban hechas, si había nuevos lentes, nuevos formatos”, dice Sara Facio.
Es fuerte que tu abuelo y tu tía abuela hayan heredado el oficio de su madre, algo muy singular también en la película donde ellos narran esta historia.
Sí, fue una suerte para la obra de Anne que sus hijos se hayan dedicado a eso para su conservación.
En ese sentido la preservación de la memoria y el cuidado de los archivos históricos también es una constante en el filme. Hay una preocupación, además, por quiénes se harán cargo de todo ese acervo que también es la historia de la fotografía en la Argentina, ¿no?
Sí, totalmente. Es un archivo grandísimo, repleto de negativos, copias y placas. Son más de 130.000 en un cuarto. Además están sus archivos personales con recortes de diarios, sus diarios íntimos o cartas, las cámaras con las que trabajó o los instrumentos que usaba para retoques, que también tienen un gran valor. Se está digitalizando poco a poco pero es un trabajo muy arduo, enorme, que lleva mucho tiempo. No es solo la importancia de cuidar el archivo de Anne sino que es también la historia del siglo XX de este país, de muchas disciplinas y artistas de toda la cultura de Argentina.
Una de las cosas que más me sorprendió fue su optimismo, pese a todas las tragedias que le tocó atravesar en su vida: desde el exilio, la dictadura, la censura, su propio oficio en un ambiente tan machista. ¿Qué rescatás vos de esa búsqueda y que te sorprendió en la investigación y el rodaje del filme?
Una de las cosas que más me sorprendió es que a Anne le gustaba mucho mezclar el ocio con el trabajo, los amigos y los colegas, con actrices, actores, fotógrafos, escritores. Eso fue un descubrimiento, una cualidad de mi familia, no algo que me resonaba por separado. Quizás tenía la idea de que era una persona solitaria, estructurada, y cuando comencé a hacer la película me di cuenta que nadar que ver: que era muy sociable, muy amable, muy carismática, una mujer con mucha alegría, mucho optimismo, mucha calidez, pese a todas las tragedias que le tocó atravesar en su vida: pensar que ella vino exiliada, por la guerra, su papá era un violinista frustrado (porque se había lastimado un brazo en la guerra y no podía tocar bien), se volvió un poco loco y murió en Paraguay, el yerno que desapareció en la dictadura, todo en el orden de la tragedia, y cuando la escuchás en las entrevistas parece que su responsabilidad en parte era tener una gran alegría de vivir.
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