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Caracoles y Hormigas cumplió ocho años: comercialización directa, trabajo en red y resistencia cooperativa
Vanessa de la Casa, cofundadora de Caracoles y Hormigas, repasa los desafíos de la logística autogestionada, la alianza con los productores y la necesidad de un modelo de país que impulse la soberanía alimentaria.
- octubre 15, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo y el impacto de la apertura de importaciones en la producción nacional, los espacios de la economía popular y solidaria celebran cada año sostenido como una verdadera conquista. Es el caso del almacén de la cooperativa de trabajo Nuestra América / Caracoles y Hormigas, ubicado en Villa Adelina, provincia de Buenos Aires, que cumplió ocho años de atención al público.
Aunque la organización dio sus primeros pasos en la comercialización directa en 2009, fue en 2018 cuando lograron inaugurar su local barrial. Para festejar el aniversario y acompañar la economía familiar, la cooperativa lanzó un 15% de descuento hasta fin de mes en toda su verdulería agroecológica, proveniente en su mayoría de quintas de Escobar.
“Sostener estos espacios en estos momentos y que cumpla ocho años es un logro, un desafío y hay que celebrarlo. Sabemos que hoy lo que cuesta es el poder de compra y buscamos ofrecer precios justos mientras la gente apoya estas experiencias”, destacó Vanessa de la Casa, fundadora de la cooperativa, en diálogo con ANSOL.
Caracoles y Hormigas no solo gestiona el local de Villa Adelina y una despensa inaugurada hace tres años en Ingeniero Maschwitz, sino que también realiza envíos a domicilio en Zona Norte y CABA. Su pilar estratégico es la integración de la cadena entre quienes producen y quienes consumen.
A través de la Red de Productores a Consumidores y la articulación con la Red Nacional de Alimentos Cooperativos, forman parte de un entramado que abastece semanalmente a miles de familias.
“Producir no solo sin químicos, sino en un circuito corto que va directo del campo a las familias, permite generar un mercado mucho más justo para la agricultura familiar y urbana que está acá nomás, a 40 kilómetros de la Capital Federal”, explicó De la Casa.
Actualmente, desde la zona de Escobar abastecen verduras de hoja de temporada, hortalizas como el brócoli y frutillas agroecológicas envasadas en origen. A esto se suma un catálogo de más de 300 productos que incluye lácteos de pequeños tambos bonaerenses y yerba mate de cooperativas de Misiones y Corrientes.
Vanessa de la Casa, de Caracoles y Hormigas:“Es importante seguir pensando a los productores argentinos como un actor principal en la producción de alimentos. Hay que construir un proyecto de país con las cooperativas, porque en cada punto del territorio hay una familia poniendo su fuerza para llegar a la mesa de los argentinos”.
La logística para mover alimentos a escala nacional requiere alianzas. Por eso, Caracoles y Hormigas integra la federación Alta Red, un espacio donde diversas cooperativas suman esfuerzos para distribuir frutas regionales (manzanas y peras del Sur, cítricos del Litoral, producciones de Cuyo y el NOA) reduciendo costos y riesgos tanto para el productor como para los distribuidores.
Sin embargo, el escenario actual presenta graves dificultades para el sector. La dirigente advirtió sobre el impacto del contexto económico en las organizaciones autogestionadas: “En el camino han venido cerrando varias cooperativas de comercialización de alimentos. Eso implica no solo menos trabajo, sino también menos mercado para las familias productoras que la están súper remando”.
Consultada sobre el futuro del sector, Vanessa de la Casa remarcó la importancia de poner a los pequeños productores y a las cooperativas en el centro de las políticas públicas de alimentación, especialmente frente a las recientes medidas de apertura de importaciones.
“Es importante seguir pensando a los productores argentinos como un actor principal en la producción de alimentos. Hay que construir un proyecto de país con las cooperativas, porque en cada punto del territorio hay una familia poniendo su fuerza para llegar a la mesa de los argentinos”, sostuvo.
Finalmente, remarcó la importancia de cambiar la lógica comercial dominante: “Si es cooperativo, mejor, porque no busca la maximización de ganancias o la rentabilidad en términos ajenos, sino la producción local y la redistribución de ingresos entre las familias productoras y los trabajadores. En un país tan rico y diverso, es una contradicción que haya pibes que no acceden a la comida. El futuro es articularnos en cada comunidad para que comer bien sea una realidad”.
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