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«Houston, tenemos un problema»

"Quien haya visto Apollo 13 conoce la famosa frase: 'Houston, tenemos un problema'. Europa tiene un grave problema con el petróleo", afirmó recientemente el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, en medio de un tenso panorama geopolítico internacional. “Serán un otoño e invierno muy, muy difíciles”, auguró Fico. Ribetes de una crisis que el propio Occidente generó.

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La imagen muestra un barril metálico oxidado y desgastado, tumbado sobre una superficie roja, con manchas oscuras y restos de un líquido espeso como petróleo o aceite en su interior.

El jefe del Gobierno eslovaco atribuyó la presión sobre el mercado petrolero a varios factores, entre ellos el conflicto entre Irán y Estados Unidos, y la reducción gradual de la capacidad de las refinerías para abastecer la demanda. “Países que tradicionalmente exportaban derivados del petróleo ahora están comprando en grandes cantidades, lo que genera una fuerte presión, especialmente sobre el diésel”, señaló el mandatario, quien además advirtió que esta presión provocará un fuerte aumento del precio. “La situación es tan crítica en lo que respecta al petróleo y el combustible que es necesario evaluar, en la medida de lo posible, a diario en qué situación nos encontramos en cuanto a los precios de los bienes básicos y, sobre todo, qué podemos hacer para ayudar un poco a la gente de Eslovaquia”, expresó Fico, graficando la preocupación creciente que se vive en la Unión Europea.

En tanto, Russell Hardy, director ejecutivo de Vitol Group, el mayor comerciante privado de petróleo a nivel mundial, citado por Bloomberg, afirmó que las reservas de petróleo disponibles en los países occidentales se han agotado como consecuencia de la guerra de Estados Unidos contra Irán. «Ya no quedan inventarios que drenar en Occidente. Hemos agotado las reservas disponibles«, aseguró durante el 47º Foro de Inteligencia Energética en Londres, realizado el 5 y 6 de este mes.

Otra voz que se escuchó en el mismo sentido fue la de Amin Nasser, el director ejecutivo de Saudi Aramco, quien advirtió que el mundo se enfrenta a la peor crisis de suministro energético en décadas. “Las reservas comerciales de petróleo se encuentran en niveles peligrosamente bajos”, dijo Nasser, y señaló que en el comienzo de esta crisis el mundo contaba con aproximadamente 10 mil millones de barriles de suministro bruto de petróleo, sin embargo, remarcó que «se han perdido casi 3 mil millones de barriles«, debido al cierre prolongado del estrecho de Ormuz. También adelantó que, incluso cuando ese paso reabra completamente, restablecer los niveles de flujo de crudo hasta satisfacer la demanda «podría tomar hasta dos años». En coincidencia, Hardy prevé que la situación seguirá siendo difícil durante los próximos meses y podría volverse tensa durante el invierno europeo.

Russell Hardy, director ejecutivo de Vitol Group, el mayor comerciante privado de petróleo a nivel mundial, afirmó que las reservas de petróleo disponibles en los países occidentales se han agotado como consecuencia de la guerra de Estados Unidos contra Irán. "Ya no quedan inventarios que drenar en Occidente. Hemos agotado las reservas disponibles", aseguró durante el 47º Foro de Inteligencia Energética en Londres, realizado el 5 y 6 de este mes.

Esta situación crítica se refleja en los precios del petróleo. A comienzos de esta semana, el barril Brent alcanzó los 103 dólares, mientras que el WTI llegó a los 91,5 dólares. Ante este panorama, y para agregar complejidad al asunto, la administración de Donald Trump le exige a Alemania y Francia que liberen sus reservas de emergencia de diésel y así hacer retroceder a los precios globales del combustible. La exigencia vino acompañada de una amenaza: si no lo hacen, Trump podría imponer una prohibición a las exportaciones de diésel. Sabido es que Europa, luego de prohibir las importaciones rusas y de sufrir la interrupción de los suministros provenientes de Oriente Medio, se ha vuelto cada día más dependiente del diésel estadounidense.

Según Axios, si Trump decide una prohibición de las exportaciones, los precios del combustible caerían para los estadounidenses en el corto plazo, pero generaría un incremento de los valores a nivel mundial y, con el tiempo, a modo de boomerang, también en Estados Unidos Mike Sommers, director ejecutivo del American Petroleum Institute, avaló esa idea, advirtiendo que cerrar las exportaciones energéticas estadounidenses «solo agravaría el problema» perjudicando a los consumidores.

Si revisamos las causas de esta crisis energética encontramos dos fundamentales: 1) La guerra que Estados Unidos e Israel emprendieron contra Irán. La Agencia Internacional de la Energía asegura que las exportaciones de productos refinados y gas licuado de petróleo (GLP) provenientes de los países del Golfo Pérsico han caído un 60% respecto a los niveles previos a los ataques contra la República Islámica, en febrero de este año. 2) Los ataques terroristas ordenados por el régimen nazi de Kiev contra las refinerías rusas, que son grandes proveedoras mundiales de derivados del crudo. Ambos factores hicieron que en agosto las exportaciones combinadas de diésel de Rusia y las de los países árabes llegaran a estar 1,6 millones de barriles diarios por debajo de los niveles de febrero.

Occidente ha provocado su propia crisis petrolera incendiando medio planeta. Por un lado, sigue apoyando al gobierno ilegítimo de Kiev, una banda de forajidos que ha decidido inmolar a su pueblo y a su Estado. No solo se trata de los multimillonarios envíos de recursos, sino que, al sancionar a Rusia, los propios europeos se han disparado en el pie privándose de acceder a petróleo barato y cercano. Asimismo, al prender fuego a Medio Oriente han precipitado aún más el problema. Es llamativo ver cómo las élites occidentales siguen hablando sin el más mínimo sentido sobre cómo solucionar esto, por ejemplo, en el citado Foro de Inteligencia Energética, cuando la salida es muy fácil y rápida: dejar de fogonear la guerra y el caos y las aguas volverán a su cauce; dejar de ponerse en el rol de jueces del universo y que la vida fluya sobre el planeta. Pero eso no ocurrirá, pues en el fondo, parece que el verdadero plan del Occidente imperial es que el mundo siga cada vez más patas arriba: la única tabla de salvación que le queda.

 

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