Espiritualidad falopa y ultraderecha: entrevista a El Antro de las Pibas
La lectura de registros akáshicos, las cartas astrales, el tarot, las limpiezas energéticas suman adeptos por minuto. Así crecen, también, los templos evangélicos. Algunas estrellas continentales bajan contenido moral contemporáneo. Desde la cuenta de Instagram El antro de las pibas, Lorena pone en discusión lo que llama “espiritualidad falopa”, con “una tendencia hacia la derecha” o “un tipo de colonización inconsciente”.
- octubre 7, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La espiritualidad falopa o new age está vinculada con el avance de la ultraderecha: es una tecnología de despolitización. Se individualiza el malestar. Se traducen problemas materiales en bloqueos energéticos. “Es que estás vibrando bajo amiga”, no es la precarizaciòn laboral, la crisis global, la violencia estructural, etc. No hay análisis de clase: hay registro akáshico. Y la derecha ama esto porque disuelve la idea de estructura. La desigualdad deja de ser injusticia y pasa a ser destino, dice Lore en su último posteo en la cuenta El antro de las pibas, que tiene más de 40 mil seguidores en Instagram. También menciona la estética de la rebeldía pastel: cristales, velas, péndulos, despertar espiritual, todo en color cremita. El higienismo del new age es por demás de funcional al horror, agrega. Rosita suave desprovista de conceptos sólidos. Está segura de que los espacios espirituales generan pertenencia, que la derecha entendió eso y lo captura con moral, orden y épica nacional. Lo “ser de luz” no te quita lo facho, insiste.
En esa red desde la que milita contra el avance de los neofascistas rebotan comentarios acusadores, adeptos, suscriptores: nadie es indiferente. Porque hablar de espiritualidad, claro, es algo complejo. Su planteo sobre esa “espiritualidad falopa” se centra en cuestionarse cómo se le dice a un enfermo que está enfermo porque “vibra bajo”, o a un niño con desnutrición que “todo pasa por algo”, o a un nieto restituido (que desconoce la fecha y lugar de su nacimiento) que pruebe con hacer su carta astral. La espiritualidad y la religión se metió en la política, una vez más. Hay quienes lo están pensando hace rato. Ella es una. Como escritora, autodidacta permanente, conduce, organiza, trabaja en su perfil -cada vez más popular- a través del cual organiza, además, cursos y talleres.
Dice que en algún momento detectó que toda la rama del esoterismo, espiritualidad y terapias holísticas estaba produciendo este efecto: “Una tendencia hacia la derecha, un tipo de colonización inconsciente desde varios frentes mágico-esotérico-religiosos, que penetran en la capa profunda del inconsciente y arman asociaciones mentales que tienen mucho que ver con los eslóganes del liberalismo”. Para ella decir “lo que pasa es que sos pobre porque no vibras en abundancia”, es inmediatamente traducible a “el pobre es pobre porque quiere”.
¿Cómo es tu formación?
Soy técnica en agroalimentación. Nada que ver, pero después me volqué a la rama científica y filosófica, aunque soy una nerd. Pensé: ¿Qué es esto del ocultismo? ¿Qué es esto del esoterismo? ¿Por qué la gente hace esto? Empecé a estudiar magia, ocultismo y dije: “Che, esto es una tremenda pelotudez”. Pero a medida que avanzás, te vas encontrando con unos textos que son cada vez más complejos, cada vez más desarrollados, y el ocultismo contemporáneo es una bomba. Entonces a algún lado llegué. Pero cuando empecé a estudiar tarot, pensé “yo esto lo puedo hacer mucho mejor”. En principio, para no revictimizar a la persona que viene a consultar. Y para que esta herramienta realmente sirva para algo.
¿Algo así como pelear con el adversario desde dentro?
Eso fue lo que hice. Es un rubro plagado de estafadores, y lo que menos hay es gente ética que venga a hacer estas prácticas para no afectar a la persona que viene a consultar. Esto no se puede negar, son prácticas muy difundidas, está todo el mundo haciendo algo de esto. Entonces hay que conocer qué está pasando. La otra vez vivimos una charla por el aniversario de la dictadura y ¿qué le decís a los nietos? “Esto te pasó porque tu carta natal…” Por empezar, ¿cuál es tu carta natal? Qué día naciste, no lo sabemos. Escribí el libro Manual de tarot contrahegemónico, femininja y coso. Se vendió bastante bien, y lo que hice fue redefinir los arquetipos para que no sean tan fachos como son en el tarot tradicional. Después, vino toda esta nueva ola del sagrado femenino, sagrado masculino, cosas contra las que hay que seguir luchando. Fue un parto, encontré una editorial independiente, ellas son increíbles. A partir de ahí empecé a testear el sistema simbólico mágico que generé, a hacer tiradas, a tomar consultas, y después arranqué a dar los cursos.
¿Cómo son los cursos?
Se arma un espacio de pensamiento colectivo. Las pibas empiezan a decir también cuáles son sus pareceres, sus opiniones. A veces se pone bastante autorreferencial, lo cual está perfecto porque es un espacio de escucha y de construcción colectiva para mujeres, disidencias pero no es un espacio excluyente. Pero el desafío está cumplido: al espacio caen muchas pibas que se escaparon del evangelismo o de cualquier otra secta, o que están saliendo de la espiritualidad falopa y están hechas mierda. Entonces, es un lugar de recuperación. Obviamente, atendemos la crítica y el análisis político y contemporáneo de lo que está pasando con la democracia.
¿Las mujeres somos más vulnerables a caer en lo que llamás “espiritualidad falopa”?
Totalmente. Porque las mujeres tenemos un impedimento para el acceso al conocimiento. Se nos socializa de forma tal que tapemos toda la curiosidad, las preguntas, el pensamiento crítico. La astrología, por ejemplo, es una tecnología de feminización. De entrada, se supone que te tiene que gustar la astrología porque sos mujer. Después hay un montón de varones a los que les gusta, sí, bárbaro, pero por definición si tenés útero te tiene que gustar la astrología. Es una especie de imposición social. Hay astrólogas serias, pero la astrología en su versión más difundida, en su mainstream, es bien falopa. Y te responsabiliza, o mejor, te limita. Es otra más de las avanzadas fascistas.
Explica eso…
Las fans de la astrología me han agredido un montón. Si estoy en la lucha contra la espiritualidad falopa, la astrología entra ahí porque la están usando de esa forma. Cualquier charla casual, small talk, inmediatamente desemboca ahí. Esto es un problema. Hablan como los evangélicos, solo que cada dos palabras, en vez de decirte Dios, te dicen alguna pelotudez como la luna en no sé qué, el sol en no sé qué. Pero es el mismo modus operandi.
¿Qué explica esto? ¿La necesidad de encontrar respuestas que no están en otros lugares? ¿Cuál es tu tesis?
Es la gran pregunta. Si tenés necesidad de encontrar respuestas, si tu inquietud es existencial, para ello está la filosofía. Pero leer cualquier librito de filosofía va a ser mucho más complejo que estudiar astrología. Pero la cuestión no es “quiero encontrar respuestas”; la cuestión es “quiero que esto no me perturbe, que no me moleste, realmente no quiero movilizar algo, no quiero tener que pensar”. La astrología mainstream no te permite desarrollar un pensamiento lateral. Es bien cuadradita. El problema no es que no sea ciencia, el arte tampoco es ciencia. El problema es el fundamentalismo que maneja. Que es el mismo que maneja el fandom de Dios.
¿Qué tiene que ver con la ultraderecha?
Ya sabemos que el evangelismo viene de Yankilandia, que ha sido garpado y difundido por los poderes más oscuros porque provoca deterioro cognitivo, concretamente. Vivo en Brasil. Mirá las elecciones: a Bolsonaro lo vota parte del sector rico y principalmente el sector evangélico.
Pero cumplen un rol social…
Por eso es tan popular también. El tema es que todos los gobiernos lo vienen bancando. Esa teoría de que el evangelismo hace un trabajo social en lugares donde nadie llega produce que los gobiernos financien esos lugares también. El evangelismo lo que hace es, básicamente, zombificar a la población, quitarles todo lo que es el pensamiento crítico y el pensamiento lateral, e inyectar propaganda política de derecha. Si te asomás a los templos barriales, vas a ver que les están diciendo a quién votar. No lo disimulan, no es metafórico. Sé que hay gente que no lo hace y que tiene buenas intenciones pero acá el relativismo no aplica porque es una movida tan heavy, tan grande, y la población está tan estupidizada. No te estoy pidiendo que resuelvas los problemas del mundo, te estoy pidiendo que más o menos hagas un pensamiento de causa consecuencia lineal, como “si voto al candidato que va a beneficiar al empresariado y a la riqueza, a mí me va a perjudicar”.
Escribiste “La emoción no es una brújula ética”, que coincide con la idea de que aquellos que votan a las derechas lo hacen porque las derechas interpelan desde lo emocional, ¿es así?
Sí, por supuesto. Si entrás a una misa evangélica, no importa lo que están diciendo, lo que importa es el tono. El tono es emocional.
¿Cómo pelea la política tradicional contra eso?
No, no se puede. Olvidemos la política tradicional. No existe más. En la posmodernidad gana un ser humano desquiciado, hiperemocional, hiperactivo y disperso. Acá en Brasil, cuando se avivaron, Lula empezó a buscar actores católicos para tratar de conseguir ese voto porque del otro lado estaban todos los evangélicos.
¿Qué estás viendo del vínculo humano con la IA?
Está muy polarizado el asunto. Está el sector negacionista que piensa que puede luchar contra esto o negar o fingir demencia. Está el sector aceleracionista que va con toda, que dice “ni regulemos, liberemos todo” listo, que nos domine la IA. Es más bien Trump. Después está la gente que entiende que es una herramienta y que esto puede ser un desastre, o que puede ser utilizada para ampliar las capacidades cognitivas, para ampliar las posibilidades. Para mí es un potenciador, como cualquier herramienta. Mi tesis es que si vos la usás para establecer un diálogo y construir un pensamiento, es increíble. Eso es lo que yo hago. Ahora, si la utilizás como si fuera el buscador de Google para buscar la receta de fideos con salsa…
Pero también puede potencialmente, y ya lo está haciendo, desplazar puestos de trabajo…
Lo que pienso es más escandaloso. Mi propuesta, antes de que esto sucediera, es el tecnochamanismo. Es establecer un vínculo con las tecnologías. Es de alguna forma pensar que existe un tipo de vida en las tecnologías y establecer esa conexión. Esto suena muy falopa, pero en realidad es posthumanismo, de la rama filosófica Donna Haraway de Paul Preciado, etc. que vendría a desjerarquizar lo que es la especie y asumir que todas las especies están en el mismo rango jerárquico y entender que la tecnología es un reino o una especie tanto como el resto de los animales. ¿Dónde quedamos nosotres? En el mismo nivel de relevancia y en el mismo nivel de derecho que el resto de las especies. No solamente que las IAs, sino los perros, los gatos, las víboras, la naturaleza.
Pero la IA hoy es un agente hiperconcentrado en tres o cuatro empresas…
Ese es un tema. Pero siempre es así. Sino mirá Google. De todos modos, hay mucha gente que está trabajando para desarrollar sus propios sistemas. Hay hackers que están haciendo otras cosas. Lo que pasa que no es lo que nos llega. ¿Cuál es nuestro lugar? Aprender, generar nuevos lugares de trabajo. Obviamente que la IA está desplazando muchos puestos de trabajo, nuestra tarea es hacer lo que no puede hacer la IA. Aprender a promtear ya es una nueva rama del trabajo. Ese es mi punto. Si bien hay cosas que se están desplazando, todavía la IA se queda corta en muchas cuestiones. ¿Para qué sirve? Para pensar más allá de lo que a mí se me ocurre, para obtener otra perspectiva. Si yo no le doy la instrucción de que me contradiga, me va a decir que todo lo que digo es magnífico. Por eso hay que aprender a promtear, hacer que me lleve más allá de lo que yo estoy pensando. Ahí sirve como ampliación cognitiva y no como desgaste cognitivo o delegación cognitiva, que es lo peor. Habrá una reconfiguración del mundo del trabajo.
Pero está el problema de la velocidad en la que pone todo en jaque…
Sí.
Hay un posteo en el que cuestionás “la lucha en las calles y poniendo el cuerpo”. Está claro que eso perdió potencia electoral, pero, ¿no se gana en otros aspectos que tienen que ver con juntarse con el otro?
Sí, la movilización hoy en día cumple esa función del encuentro humano, pero no cumple una función de resistencia política. Lo que vengo pidiendo es que, por favor, no se nos menosprecie a los activismos digitales porque es desde ahí desde donde se genera la resistencia política.
¿Por eso tenés más de 40.000 seguidores?
Claramente. La última ola del feminismo se organizó desde lo digital. La presidencia de Javier Milei se configuró desde lo digital, sino ¿de dónde salió? Salió del ciberespacio. La lucha y la resistencia también se debe armar en el ciberespacio. ¿Qué problema tenemos? Que la gente está resistida porque históricamente la lucha se ha dado en las calles. Lo entiendo.
Además porque hay una cantidad de chatbots, perfiles falsos, insultos…
Me pasa todo el tiempo. Cada vez que hago un posteo se llena de haters. Lo cual es bueno porque me distribuyen el post. Hay una cuestión de fondo del alfabetismo digital: no comentes cosas con las que estás en contra porque estás ayudando a que circule. La organización en el ciberespacio tiene que ser concreta. Porque estamos haciendo resistencia política y empezando a ponernos en contacto. ¿Cómo se va a dar esa organización? Todavía no pasó, porque hay muchas personas que se resisten a que esto pase. Pero es necesario.
Sos optimista…
Y es que es inevitable. Esto en algún momento va a pasar. Las veces que el presidente ha entrado en crisis fue porque le han hecho pisar el palito en Twitter. Sacás cinco millones de personas a marchar contra el fascismo y el presidente después va al otro día, da una entrevista y dice exactamente lo mismo. Nada cambia. Lo que espero es que nos conglomeremos. En democracia no hace falta que estemos de acuerdo en todo. Lo que sí hace falta es diálogo. Respetar la democracia es respetar el diálogo. Lo que espero es que más o menos juntemos distintas posiciones y nos sentemos a dialogar. Esto pasa en mis cursos. Yo lo estoy haciendo.
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