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La novela que se plantea cómo hablar de la dictadura con las nuevas generaciones

A 50 años del golpe, Mónica Zwaig presenta "Avisale a mi mamá", un libro donde la inteligencia artificial se convierte en el puente para que los adolescentes indaguen en el terrorismo de Estado y el proceso de memoria, verdad y justicia. En charla con 4Palabras, la autora reflexiona sobre cómo habitar hoy las preguntas incómodas.

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Imagen ilustrativa de Mónica Zwaig

Este 24 de marzo se cumplen 50 años de la última dictadura militar en Argentina. En este contexto, la escritora Mónica Zwaig escribió Avisale a mi mamá, una novela publicada de manera conjunta por Siglo XXI Editores y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) que busca acercar a las nuevas generaciones el legado de la memoria. 

En menos de 90 páginas, la novela logra mezclar dos universos que, a primera vista, no tienen mucho en común: la dictadura cívico militar y la inteligencia artificial. La historia sigue a Teo, un estudiante de 2° año del secundario, quien ante la tarea de hacer una monografía escolar sobre la dictadura de 1976, le pide ayuda a la IA. La aplicación comienza a asistirlo hasta que las respuestas cambian de tono, y una voz del pasado intercepta el chat para contestar en primera persona sobre esa experiencia.

Teo comenzará a descubrir que aquel período que parecía ya contado, saturado, sigue siendo una puerta de la que no dejan de salir preguntas. Las interpelaciones del texto, que en principio está orientado a adolescentes, alcanzan también a adultos: ¿Cómo hablar de la dictadura con nuestros hijos? ¿Qué forma tomará la marcha del 24 de marzo en el futuro? 

En un presente donde el negacionismo es política de Estado y los espacios de memoria son desmantelados, estas intervenciones se vuelven cada vez más necesarias. En conversación con 4Palabras, Zwaig explica cómo este libro cobró vida.

¿Cómo surgió la idea de unir dos temas, en apariencia distantes, como la dictadura y la inteligencia artificial? 

Me di cuenta de que los adolescentes usaban la IA para preguntarle cosas de la vida cotidiana y también para trabajos en el colegio. Me pareció que podía usarlo como herramienta para conectar con los adolescentes de hoy, haciéndome cargo que la IA es parte de su presente. Desde el punto de vista narrativo me permitía incorporar preguntas a la trama de la historia y es algo que tenía en la cabeza desde el principio: trabajar con preguntas

Después me gustaba esa idea de buscar respuestas sobre el pasado en una aplicación del futuro como puede ser la IA. Esa contradicción, esa pasarela en el tiempo que pasa por el celular me interesaba. 

¿Con qué desafíos te encontraste al orientar este libro a lectores más jóvenes?

El primero fue tratar de entender qué entendían o podían llegar a cuestionar y preguntarse ellos sobre ese período histórico. Después intenté armar personajes que no puedan ser encasillados tan fácilmente. A la hora de escribir, también traté de usar un vocabulario que usan los adolescentes y referencias culturales de ellos. Me conecté con mi propia adolescencia, recordé un poco esa cotidianidad que sucede entre el colegio, el grupo de amigos, los profesores y los padres. 

“Le tengo mucho respeto a los adolescentes, intenté escribir hacia ellos con mucha humildad y con ganas de que ellos después agarren la novela y la intervengan, la completen, la corrijan”. Mónica Zwaig.

En el contexto actual el libro es una herramienta muy útil para el ámbito escolar. ¿Fue pensado de este modo desde un principio?

No sé si lo pensé en el ámbito escolar específicamente pero sí me interesaba que sea una herramienta de diálogo. En eso es muy útil la ficción porque permite no cerrar el sentido y creo que eso es fundamental para dar lugar a las preguntas, a los intercambios. 

El libro no sólo interpela a los lectores jóvenes, sino también a los adultos, y toca preguntas que, como dice el propio texto, siguen siendo «una piedra en el zapato». ¿Esa intención fue una decisión desde el principio o fue algo que apareció durante la escritura?

El primer desafío sigue siendo que el libro llegue a los adolescentes y es también la inseguridad más grande que tengo. Porque le tengo mucho respeto a los adolescentes, intenté escribir hacia ellos con mucha humildad y con ganas de que ellos después agarren la novela y la intervengan, la completen, la corrijan. Algunas escenas puntuales sí, pensé que podían llegar a interpelar a los adultos. Como la escena en la que la madre habla con el hijo sobre el Nunca Más o la escena de los padres discutiendo entre ellos sobre cómo abordar el tema. 

¿Cuál creés que es el principal desafío con el que nos encontramos como sociedad para transmitir el legado de memoria, verdad y justicia a generaciones más jóvenes?

Siempre es bueno tratar de liberar la palabra y seguir contando la historia y las historias. También hay que tratar de habilitar preguntas que pueden ser percibidas como incómodas. Confío mucho en las nuevas generaciones y cómo van a seguir procesando esta historia con sus inquietudes, su lenguaje y su creatividad.

 

4Palabras

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