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Sheinbaum apoya a Bachelet para dirigir la ONU pese al rechazo de Kast

La carrera por la secretaría general de Naciones Unidas desata un choque en América Latina. Ante el embate de la ultraderecha, México y Brasil apuestan por la expresidenta chilena como la figura para liderar una reforma histórica del multilateralismo.

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Imagen ilustrativa de Michelle Bachelet

La carrera por la secretaría general de las Naciones Unidas ha entrado en una fase de alta tensión diplomática y definiciones ideológicas. Lo que comenzó como una postulación de consenso regional derivó en un campo de batalla simbólico entre fuerzas que hoy se disputan el liderazgo en América Latina: el bloque progresista liderado por México y Brasil, y la nueva ola de gobiernos de ultraderecha representados por José Antonio Kast en Chile y Javier Milei en Argentina.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, despejó cualquier duda sobre la posición de su administración: México no solo mantiene, sino que redobla su apoyo a la expresidenta chilena Michelle Bachelet, a pesar de que su propio país de origen le ha dado la espalda.

La noticia que sacudió los pasillos de la diplomacia internacional se había dado a conocer el martes 24. El gobierno chileno, ahora bajo el mando de Kast, emitió un comunicado oficial retirando el patrocinio a la candidatura de Bachelet. La Cancillería chilena argumentó una supuesta “dispersión de candidaturas” y diferencias con “actores relevantes” que harían inviable el éxito de la postulación.

“Hemos llegado a la convicción de que el contexto de esta elección hace inviable esta candidatura”, señaló el Palacio de La Moneda, instruyendo a sus embajadas a cesar cualquier esfuerzo de promoción.

Sin embargo, detrás del lenguaje técnico-diplomático, subyace una fractura ideológica evidente. La postulación de Bachelet fue impulsada originalmente por el expresidente Gabriel Boric, quien en septiembre pasado, ante la Asamblea General de la ONU, formalizó el deseo de que una mujer latinoamericana con la trayectoria de Bachelet liderara el organismo por primera vez en su historia.

 

La respuesta de Sheinbaum: «Los argumentos siguen siendo válidos»

Desde Palacio Nacional de México, Claudia Sheinbaum fue tajante. Para la mandataria, el apoyo a una figura internacional no depende estrictamente del endoso de su gobierno local si su estatura política trasciende fronteras. “Nosotros vamos a seguir apoyándola. Tengo una llamada con ella pronto”, anunció Sheinbaum. 

Detrás del lenguaje técnico-diplomático, subyace una fractura ideológica evidente. La postulación de Bachelet fue impulsada originalmente por el expresidente Gabriel Boric, quien en septiembre pasado, ante la Asamblea General de la ONU, formalizó el deseo de que una mujer latinoamericana con la trayectoria de Bachelet liderara el organismo por primera vez en su historia.

La presidenta mexicana defendió el perfil de Bachelet destacando su experiencia como doble mandataria y su visión de una ONU reformada, centrada en la salida pacífica de los conflictos y la construcción de una carta de derechos universales.

Para México, Bachelet representa la “persona ideal” para dirigir las Naciones Unidas en un momento de crisis del multilateralismo. Sheinbaum reveló que esta decisión fue consultada con figuras de peso en su gabinete, como el canciller Juan Ramón de la Fuente y la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, quien posee un conocimiento profundo del sistema ONU tras años de servicio exterior.

A pesar del retiro del apoyo chileno, Michelle Bachelet, de 74 años, confirmó que su disposición a que su candidatura «permanezca intacta». No está sola: cuenta con el respaldo de México y Brasil, las dos economías más grandes de la región. No obstante, el vacío que deja Chile es difícil de ignorar en un proceso donde el consenso regional suele ser la moneda de cambio.

La competidora más seria para Bachelet es la ex vicepresidenta de Costa Rica Rebeca Grynspan, que actualmente es secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD). Ambas comparten el perfil de mujer latinoamericana con alta preparación técnica.

Con el apoyo de Milei se encuentra el argentino Rafael Grossi. Diplomático de carrera al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), sus roces recientes con Washington por el tema Irán y el hecho de ser hombre en un año donde se exige una mujer, complican sus chances. También se postula otra argentina, Virginia Gamba, apoyada por Maldivas. Si bien tiene trayectoria en temas de infancia y desarme, carece del respaldo de los bloques latinoamericanos. El otro candidato es Macky Sall (Senegal), con respaldo de Burundi. Su candidatura choca con el principio de rotación tácita que favorece a América Latina en este ciclo.

El mundo observa si el peso de México y Brasil es suficiente para llevar a la primera mujer a la cima de la ONU, o si las divisiones internas de América Latina terminarán por dinamitar una oportunidad histórica para el continente.

El sistema de la ONU establece que la secretaría general debe rotar geográficamente. Luego del mandato del europeo António Guterres, el turno corresponde a Latinoamérica y el Caribe. Además, existe una presión social y política global sin precedentes para que, tras nueve secretarios generales hombres, el cargo sea ocupado por una mujer.

La insistencia de Bachelet y el blindaje de Sheinbaum sitúan la elección en una dimensión que va más allá de los nombres: es una disputa por el sentido mismo de las instituciones internacionales. Mientras Kast apuesta por el aislamiento de la figura de Bachelet, México y Brasil intentan demostrar que el liderazgo de la expresidenta pertenece a la región entera, y no solo a un país.

La ventana de postulaciones cierra a mediados de abril. Hasta entonces, el lobby diplomático será intenso. El mundo observa si el peso de México y Brasil es suficiente para llevar a la primera mujer a la cima de la ONU, o si las divisiones internas de América Latina terminarán por dinamitar una oportunidad histórica para el continente.

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