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“Antes del 17 de octubre la explotación era un destino que nadie podía torcer”
El periodista Gustavo Campana repasa la gesta de 1945, interpela el “analfabetismo político” del presente y reflexiona sobre la vigencia de la movilización popular.
- octubre 17, 2026
- Lectura: 10 minutos
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Casi de forma contracultural –porque en el imaginario colectivo la representación típica se inscribe con las patas en la fuente– Gustavo Campana elige una escena puntual del 17 de octubre de 1945: la de los trabajadores cruzando a nado el Riachuelo. Esa decisión, esa actitud, ese “todo o nada” que implica un riesgo explícito. El peligro de que los esperara la misma policía o el mismo ejército vinculado con los ochocientos muertos de la Semana Trágica, los mil cuatrocientos fusilados de la Patagonia o los casi cuatrocientos asesinados en La Forestal, por mencionar algunos momentos de un largo listado de masacres obreras. “Los tipos se jugaron todo sabiendo que era un momento bisagra, que comenzaba otro capítulo de una batalla inconclusa que es el modelo del país enfrentando al proyecto de colonia”, dice en diálogo con 4Palabras y agrega que los grandes actores de ese día “son sin duda los trabajadores”, más allá de la figura de Perón. “El traslado de los trabajadores a la plaza comenzó cerca del mediodía, y los hechos se suceden hasta la medianoche, por lo que en doce horas se transforma a la realidad política argentina en algo que no tiene vuelta atrás”, describe.
Al reflexionar sobre el núcleo indispensable del 17 de octubre, que suele quedar invisibilizado por la liturgia tradicional, Campana apunta a “la irrupción del movimiento obrero como actor político en un escenario que le estaba vedado”. La sorpresiva aparición de mamelucos manchados de grasa en un entorno transitado habitualmente por hombres de saco y corbata generó una enorme preocupación en casi todo el arco político de la época. Ese quiebre no solo liberó al hombre que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión impulsaba derechos inéditos, sino que torció un rumbo estructural.
¿Qué hizo que el 17 de octubre fuera un hecho político inédito para el movimiento obrero argentino en comparación con otras movilizaciones?
Esa plaza tiene una composición social que la mayoría -incluso el Partido Socialista, el sector más yrigoyenista del radicalismo- lo advierte con preocupación. Podría decir que salvo los sectores más ligados a Forja, el resto lo ve como una manifestación fascista, auspiciada por la policía. Nadie entiende lo que está sucediendo y, por supuesto, aquellos que decían defender a los trabajadores se encuentran en un lugar bastante incómodo si nadie los aplaude. En lugar de salir a sumarse, salen a empiojar ese día memorable. Pero son pocos los días en que el movimiento obrero argentino fue político. El Cordobazo seguramente es el segundo y el último ítem de un movimiento obrero que sale a la calle a pedir mejoras de salario o mejoras de las condiciones laborales. En el caso del Cordobazo, la caída del dictador, y en el caso del 17 de octubre, la libertad de aquel tipo que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión había generado una cantidad de derechos laborales de estreno y que seguía prometiendo una patria distinta de la mano de la industrialización y, fundamentalmente, de la industria pesada.
Esas son las condiciones previas que vos considerabas que hicieron posible la movilización espontánea, ¿cuáles otras?
Son esas. Todas las generaciones que hayan nacido con esos derechos laborales adquiridos nunca podremos imaginar qué fue lo que sintió cualquier laburante en el momento en que, por primera vez, pudo pensar en trabajar ocho horas, en cobrar un aguinaldo, o contar con las vacaciones pagas. No podemos imaginar. Podemos llegar hasta el umbral de ese momento y no podemos entrar porque la explotación hasta ese momento era un destino que nadie iba a poder torcer.
Hay que tratar de ir hasta ese momento, hacía treinta años que se había logrado la ley de Sáenz Peña y después de ser ejecutada un ratito entre el 16 y el 30 había llegado el primer golpe de Estado para que eso nunca más tenga que ver con un hombre, un voto y se vote sin trampas y pueda el campo nacional y popular ocupar la casa de gobierno. En ese momento, en plena década infame, entregando el país a Gran Bretaña, es muy raro lo que pasa a partir de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Por supuesto que la comunicación con los trabajadores es directa, es un momento que después se convertirá en apotegma, porque es un momento de “mejor que decir es hacer”, pero sin ninguna duda, porque es un derecho nuevo al lado del otro y es volteando al mismo tiempo una injusticia más todos los días.
Ese juego tan loco al que se prestó todo el arco político argentino de ir del brazo de Braden con la embajada de los Estados Unidos a terminar con ese momento de derechos generó un blanco o negro que finalmente quedó a favor de las mayorías, como debe ser en cualquier juego democrático. No hubo ninguna duda de por quién había que optar.
Si pensamos en lo que está pasando en estos días, ¿tiene el mismo valor o la misma potencia poner el cuerpo en la calle?
Eso es inalterable, siempre tiene el mismo valor. Somos parte de una sociedad muy distinta a esa. Aquella sociedad en blanco y negro fue, hasta el golpe del 76, extremadamente politizada, y lo estoy diciendo en el mejor de los sentidos, como un elogio. El campo nacional y popular, sumado al peronismo y por supuesto otro radicalismo que no es este, eran el 80% del padrón. Lo justifica la industrialización, el pleno empleo, la distribución de la riqueza, el salario digno para motorizar el círculo virtuoso de la economía. Cada cosa que analicemos sobre lo que hace la sociedad hoy, por lo menos en lo político, en lo económico y hasta en lo social, tiene un parte de aguas que es el terrorismo de Estado. Este jueves cuando comenzó la represión en la plaza, eran las 4 de la tarde y no pasaba nada, la marcha era en paz. Y entre los infiltrados la orden era empiojarles la manifestación, generar la escena de violencia que necesitan para mostrar en los medios. Lo que hay es una siembra de miedo para que el que venía no venga, que el que vino no venga nunca más, y eso es terrorismo ejercido desde el Estado, con uniformes del Estado, con armas del Estado, con fuerzas del Estado, para generar miedo. Sé que tiene otra connotación en el imaginario, pero es terrorismo de Estado, que todavía sigue generando en muchas generaciones, no solamente el miedo, sino el hecho de haber criado hijos sobre la base del “no te metas”, o el “no a la política”, el individualismo. Muchos dicen “yo no hablo de política”, pero “viste el aumento de los precios”. Eso es hablar de política. Hemos llegado a una confusión muy grande, con millones de víctimas y generaciones que lo padecen. Me hacen volver a Bertolt Brecht cuando decía que el peor analfabeto es el analfabeto político. Se han generado un par de generaciones de analfabetos políticos y lidiamos con ese drama.
Me cuesta analizar el peronismo sólo a través de su dirigencia. Ese es un ninguneo muy fuerte en relación a su gente, y en ese sector donde está ese treinta y pico, que no se movió un centímetro, hay datos más fuertes que en su dirigencia.
¿Qué valor simbólico tiene el Día de la Lealtad con la principal líder opositora presa, con una capacidad de movilización reducida, con las centrales obreras sin poder de fuego?
La CGT había decretado el paro para el 18, por lo tanto la movilización nació desde abajo, y habrá muchas cosas que van a seguir naciendo desde abajo, que van a empujar a que el de arriba sepa que está en un callejón sin salida y se vea obligado a abrir las puertas del palacio y aparecer. La simbología, en un año muy particular, previo a elecciones que serán claves -porque habrá que, como sea, terminar con esto e impedir la continuidad de la destrucción- traza un paralelismo. Diez años después de ese 17 de octubre vienen las bombas, viene el golpe, y nace en 1956 el decreto de la proscripción, que sueña con ser eterna y que dura dos décadas casi. No es que la Argentina sea un capricho circular y que volvemos siempre al mismo lugar, es que la batalla está inconclusa, y tenemos avances, retrocesos, victorias, derrotas, y no enfrentamos a cualquiera, enfrentamos al poder real, que lo hemos derrotado circunstancialmente más de una vez. En función de los derechos que mencioné, la Argentina convirtió a la utopía en realidad. Si bien estos momentos son de mucha oscuridad y uno cree que la noche es eterna, y en el mientras tanto hay desocupación, hambre y todo lo que tengas ganas de sumar, estoy convencido que estos procesos mueren de forma natural. Ese será el destino que tenga Javier Milei y compañía. Si es por la gente en el territorio, mucho mejor, porque los tiempos se pueden acelerar. Este gobierno que ya no tiene nada más para ofrecer, vive de salvataje en salvataje.
Sin embargo después de estas escenas, se vanaglorian con sus políticas de ajuste…
Las escenas que vimos este jueves el gobierno las lee como si fueran una vitamina, que los robustece. Pero el riesgo país sigue subiendo de manera galopante en Wall Street, estos tipos creen que nadie enciende la tele en Estados Unidos, que el poder no tiene una computadora, como para que con un clic de mouse den la vuelta al mundo, y vean este proceso muy endeble, y que no tiene forma de poder continuar, no tiene forma de perpetuarse. Todo eso está arriba de la mesa. Me aferro a ese núcleo duro del orden del 30% que no se movió un centímetro después de tres experiencias bastante complejas, cada una con sus características, que siguieron al 2015.
Decís “la explotación era un destino que nadie iba a poder torcer”, en otra nota que escribiste decías que Perón “hablaba del futuro en tiempo presente”, ¿quién le habla hoy a las bases peronistas?
Con relación a lo que son las dos estructuras más grandes del pensamiento en la Argentina, el pensamiento nacional y el pensamiento colonial, hay preceptos que son eternos, que no importa quién hable, los preceptos eternos le pasan por arriba, y le pasa a las dos estructuras. Son un clásico eterno. Todo lo que tiene que ver con independencia económica, con soberanía política, con justicia social, está inalterable, y aquel que pretenda alguna modificación hablará desde otro lugar, aunque se quiera peronista. En eso las cartas están jugadas, no hay mucha historia, y la dirigencia es variopinta. Me cuesta analizar el peronismo sólo a través de su dirigencia. Ese es un ninguneo muy fuerte en relación a su gente, y en ese sector donde está ese treinta y pico, que no se movió un centímetro, hay datos más fuertes que en su dirigencia. La dirigencia puede ser leal, puede ser traidora, puede ser honesta o deshonesta, puede tener una mirada de estadista, puede ser oportunista, sucede en todos los partidos mayoritarios que tienen vocación de poder. Nadie va a entrar por la ventana para no afanar nada, cuando entran por la ventana es porque saben que hay algo, y el peronismo lo ofrece, entonces aparecen esos disfraces, que después en algún momento son máscaras que se caen. Perón solía decir que él tenía un perro que se llamaba León, y él le decía “León, León” y León venía, pero él sabía que no era un león, él sabía que era un perro. Y terminaba diciendo que con algunos peronistas pasa lo mismo. Esto pasa, va a seguir pasando porque tiene que ver con la condición humana, que es inalterable.
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