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El peronismo entre un candidato y un liderazgo

Mientras el gobierno, según indican las encuestas, pierde respaldo ciudadano el peronismo intenta avanzar hacia acuerdos que todavía no se concretan. Nombres en danza y posibles candidaturas. Cristina es la única que tiene capacidad para ordenar el debate y, a su vez, Kicillof es el que está en mejores condiciones para ser el candidato.

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Imagen ilustrativa de Axel Kicillof y Cristina Kirchner

La velocidad con que el gobierno pierde respaldo no tiene su equivalente en los tiempos de la oposición para generar una alternativa. La diferencia crea un peligroso vacío. El peronismo avanza con prudencia sobre el terreno minado de una puja en la provincia de Buenos Aires entre La Cámpora y gran parte de los intendentes que, en términos de catástrofe para el peronismo, podría escalar hasta Axel Kicillof y Cristina Kirchner.

El minué de contactos y declaraciones no pasó hasta ahora de los tanteos. Un Miguel Ángel Pichetto renacido en el peronismo entrevistó a Cristina Kirchner, a Guillermo Moreno y a Mariel Fernández, la intendenta de Moreno, referenciada por el Movimiento Evita.

En la conmemoración del 2 de abril en Tierra del Fuego estuvieron los gobernadores Kicillof, el riojano Ricardo Quintela, el formoseño Gildo Insfran y el anfitrión Gustavo Melella. Y coincidieron en los actos con las diputadas Lucía Cámpora, de la agrupación ídem, Cecilia Moreau, del massismo, Hugo Moyano, hijo de Hugo, Victoria Tolosa Paz y Hugo Yasky. Quintela expresó que Kicillof era el que estaba mejor posicionado para una candidatura. Y agregó que todos los que quisieran podrían competir en una interna.

Kicillof busca ampliar el armado del Movimiento Derecho al Futuro y ya realizó actos en CABA y en Córdoba. Desde el Instituto Patria se mostró al ex gobernador sanjuanino Sergio Uñac, con la intención de atraer el voto del peronismo más conservador de las provincias. En el aire está la intención –y la necesidad– de atraer a gobernadores como Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, que han jugado con Milei en el Congreso.

La Cámpora y los intendentes tensan hasta un punto donde parece que no habrá acuerdo. Y finalmente acuerdan, como sucedió en la elección de las autoridades del PJ bonaerense. La dinámica de tensar y aflojar generó ultras de ambos lados, (camporismo y kicillofismo) como si se tratara de enemigos irreconciliables, cuando en realidad, son los que menos diferencias tienen a la hora de discutir el proyecto de país.

La figura de Cristina Kirchner no perdió centralidad. Aunque la expresidenta dio señales claras de respaldar a La Cámpora, evitó una actitud de ruptura.

La Cámpora creció en el territorio y ese crecimiento provocó rispideces con varios intendentes, la mayoría de ellos alineados con el kirchnerismo. Axel Kicillof, que no tiene territorio propio, no iba a intervenir en esa disputa que lo enfrentaba con intendentes con los que tiene que gobernar. Esa forma de tomar distancia fue tomada por La Cámpora que dirige Máximo Kirchner, como una deserción, lo cual provocó a su vez, la ruptura de un sector liderado por Andrés, el Cuervo Larroque, que formaba parte del gabinete de Kicillof.

La Cámpora y los intendentes tensan hasta un punto donde parece que no habrá acuerdo. Y finalmente acuerdan, como sucedió en la elección de las autoridades del PJ bonaerense. La dinámica de tensar y aflojar generó ultras de ambos lados, (camporismo y kicillofismo) como si se tratara de enemigos irreconciliables, cuando en realidad, son los que menos diferencias tienen a la hora de discutir el proyecto de país.

Las diferencias se plantearon también por la sucesión de Kicillof en la provincia, ya que no puede reelegir otra vez. Y hay varios precandidatos como la intendenta Mariel Fernández, por el Evita; Mayra Mendoza, la intendenta de Quilmes en licencia, muy impulsada por La Cámpora, y también juegan desde el kicillofismo el intendente de La Plata, Julio Alak y el secretario provincial de Obras Públicas, Gabriel Katopodis.

En otro plano, en las encuestadoras aparecen también los nombres de Juan Grabois y de Sergio Massa que no han dado señales de aspirar a esas candidaturas. Y en las discusiones los peronistas se polarizan entre la necesidad de sumar y ampliar y la desconfianza en que esa necesidad lleve a repetir experiencias con candidatos como Daniel Scioli o Alberto Fernández.

Kicillof y Cristina son los que más miden en las encuestas, por lejos, aunque un tapado podría dar la sorpresa. Es un escenario abierto en ese sentido. Se planteó la candidatura de Cristina, que le correspondería si no estuviera injustamente presa. En las condiciones actuales, su candidatura ubicaría al peronismo por fuera del sistema y de la disputa por el gobierno.

El gobernador y la ex presidenta comparten la mayoría de sus simpatizantes, que no están tan informados de las internas. De hecho, son espacios comunes, aunque, por supuesto, las características de ese apoyo son distintas. Cristina tiene dos gestiones presidenciales para mostrar. Las críticas que se le hicieron por algunas de sus decisiones están hechas con un diario del lunes que simplifica la política como si fuera una ciencia exacta. Ella mantiene ese lugar de conducción. Kicillof es visualizado también desde una buena gestión y como un dirigente cercano y transparente. Es un gobernador que puede caminar por la calle y la gente se le acerca para saludarlo.

Los ultrakicillofistas dicen que ha llamado varias veces por teléfono y que la ex presidenta no lo atiende. Los ultracamporistas dicen que no la llamó ni la fue a ver. A simple vista parece una confrontación exagerada. Cualquier gobierno peronista tendrá que amnistiarla. Y Kicillof ha dicho públicamente que su detención es injusta.

En el transcurso de esa disputa, el gobierno libertario empobreció a la mayoría de los argentinos y desmanteló gran parte del tejido productivo del país. Milei perdió a muchos de sus votantes y ante el vacío que se produjo, ya aparecieron encuestas que, sospechosamente, mostraron a Patricia Bullrich por encima de Milei, Axel y Cristina.

En todos esos tanteos para evitar una interna que haga explotar al peronismo, hay un esfuerzo por llegar a un acuerdo. Sin un candidato potable y con respaldo unánime, no tendrá muchas posibilidades. El candidato tendrá que ser creíble, porque enfrentará a un electorado escéptico. El acuerdo se está gestando sobre la base de una elección interna donde compitan las distintas corrientes.

En la CGT y entre los aliados no peronistas en Unión por la Patria, como Hugo Yasky, y el intendente Mario Seco ven con simpatía la posible candidatura de Kicillof. Atravesado por su vieja disputa de cuando ambos revistaban en el gabinete de Cristina Kirchner, Guillermo Moreno critica a Kicillof por “progre” y poco peronista. La cacería de “progres” hace recordar a la de “infiltrados” de otras épocas.

Además de la definición en elecciones democráticas, en esa puja, Cristina es la única que tiene capacidad para ordenar el debate y, a su vez, Kicillof es el que está en mejores condiciones para ser el candidato. Entre esas dos posiciones habría que recorrer un trecho de concesiones mutuas para que el peronismo sea competitivo.

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